<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-991238309014375768</id><updated>2011-11-28T02:34:08.148+01:00</updated><category term='relato'/><category term='misterio'/><category term='terror'/><category term='hiperbreves'/><category term='ciencia ficción'/><category term='diálogos'/><category term='erótico'/><category term='humor'/><category term='relato corto'/><title type='text'>El hobbit digital</title><subtitle type='html'>Narraciones, relatos y cuentos. 

Opiniones y crítica literaria.</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://elhobbitdigital.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/991238309014375768/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elhobbitdigital.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Igner Eldar</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06973213028224561214</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://bp3.blogger.com/_zQAbf5MRF8c/R4LQgy2ww6I/AAAAAAAAAAc/R627XCW4jXI/S220/fotoperfil.jpg'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>25</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-991238309014375768.post-2010622991833475341</id><published>2008-03-18T01:58:00.003+01:00</published><updated>2008-03-18T02:05:39.944+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='hiperbreves'/><title type='text'>Beso cálido</title><content type='html'>&lt;p&gt;&lt;span style="font-family:georgia;color:#660000;"&gt;&lt;em&gt;La navaja cortó en seco el incipiente grito que surgía de su garganta. Los ojos, acuosos por las lágrimas, temblaron un instante y se entrecerraron. Escondiendo tras ellos, el horror y la agonía del inminente final. El cuello se dobló hacia atrás, lentamente, casi con parsimonia y dejó a la vista la terrible herida que la afilada hoja había abierto. Un estertor rugoso y grave, acompañó al último suspiro exhalado por los pulmones, mientras pequeñas burbujas de aire se arremolinaban sobre el cálido torrente sanguíneo que brotaba con cada latido. Los hombros, los brazos y el torso danzaron espasmódicamente unos segundos y después quedaron vencidos. Al tiempo, que numerosas gotas de sangre descendían irremediablemente por la tráquea cercenada.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-family:georgia;color:#660000;"&gt;&lt;em&gt;La mano dejó caer la navaja. La figura observo complaciente el cuerpo caído frente a ella y se inclinó contemplativa y curiosa. Con la emoción expectante, con la agitación de la primera vez y con la tranquilidad nacida de la experiencia otorgada por la rutina repetida. Acercó su rostro hasta el cuello y aspiró el metálico aroma de la sangre. Lamió la herida y saboreo el denso y salado flujo vital. Después y como tantas otras veces, en un rito casi orgiástico, acercó los labios y besó la amplia y rojiza hendidura que se abría como una grotesca sonrisa irónica.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-family:georgia;color:#660000;"&gt;&lt;em&gt;Un sencillo y cálido beso, para dar las gracias por aquel único e intenso momento.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="right"&gt;J. G. B. - 18 de Marzo de 2008&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/991238309014375768-2010622991833475341?l=elhobbitdigital.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elhobbitdigital.blogspot.com/feeds/2010622991833475341/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=991238309014375768&amp;postID=2010622991833475341' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/991238309014375768/posts/default/2010622991833475341'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/991238309014375768/posts/default/2010622991833475341'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elhobbitdigital.blogspot.com/2008/03/la-navaja-cort-en-seco-el-incipiente.html' title='Beso cálido'/><author><name>Igner Eldar</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06973213028224561214</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://bp3.blogger.com/_zQAbf5MRF8c/R4LQgy2ww6I/AAAAAAAAAAc/R627XCW4jXI/S220/fotoperfil.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-991238309014375768.post-8172640376884161972</id><published>2008-03-07T17:17:00.006+01:00</published><updated>2008-03-18T02:03:28.959+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='terror'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato'/><title type='text'>El diario</title><content type='html'>&lt;div align="center"&gt;A Nilaia, por existir. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;&lt;em&gt;Del saber antiguo mucho se ha hablado, más no por ello conocimiento mayor se tiene. Escrito está en los códices sagrados, que el hombre por su condición, poseerlo anhela. Empero, su búsqueda al fracaso está abocada. Pues así como arcana es la ciencia que el dicho saber encierra, inalcanzable es para los mortales que osan acercarse, el poder de comprenderla. Y solo les alcanza el entendimiento para su fin y castigo obtener. Ese es el destino y final de lo humano y mortal y cual lazo que a él lo atase, junto a él camina hasta el día del juicio final. &lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;Anónimo&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;color:#660000;"&gt;&lt;em&gt;Aquel lunes había amanecido luminoso y despejado. Sin embargo, conforme el día había ido avanzando, el cielo se había cubierto de nubarrones cargados de lluvia, que ahora vaciaban su contenido sobre el estrecho camino vecinal por el que circulaba el viejo Ford Fiesta. El barro le impedía avanzar con comodidad y los continuos baches amenazaban con reventar los ya gastados amortiguadores del vehículo. A ambos lados del sendero y a través de la cortina de agua, se apreciaban algunos árboles desperdigados sobre la tierra, entre matojos y pastos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El camino ascendía por una colina sobre la cual se asentaba una vieja casona decrépita, que parecía sostenerse en un precario equilibrio. El edificio de un color gris ceniciento, formaba un cuadrado irregular coronado por un oscuro tejado y algunas chimeneas derruidas. El camino finalizaba la ascensión a las mismas puertas del caserón y estaba flanqueado en su tramo final por terrenos que en el pasado pudieron ser jardines o huertos, pero que ahora no eran más que extensiones de piedra y maleza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Menudo negocio! —se dijo el joven— ¡Mi jefe tenía que estar borracho cuando pensó que de aquí se podía sacar algo de dinero!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa mañana, al llegar al trabajo en la inmobiliaria, le habían encargado que se ocupara de un asunto que desde un principio le había parecido aburrido. Ahora que se hallaba en el lugar en cuestión, veía definitivamente que no podía ser rentable. Había deseado pasarle la tarea a otro, pero al ser el agente más joven y más reciente de la Inmobiliaria Madrileña S.A., no podía permitirse esos lujos. Por lo que con su mejor ánimo se encaminó a inspeccionar, tasar y revisar la más reciente adquisición de la empresa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Una antigua mansión! Me dijeron. ¡Una vieja pila de piedras con barro y hierbajos, diría yo! —exclamó cada vez más cabreado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Frenó el vehículo frente al edificio y encendió un cigarrillo. Aspiro el aroma con ansia y miró a la lluvia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Y encima está lloviendo! ¡Joder! ¡Me voy a poner hecho una sopa!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Apagó el cigarro y sin pensarlo dos veces, descendió del coche y se encaminó hacia la puerta a grandes zancadas. Una vez alcanzado el umbral, extrajo las pesadas llaves del bolsillo de la americana y las introdujo en la oxidada cerradura. Abrió la puerta con dificultad y un fuerte olor a moho y humedad acompañó el chirriante girar de los goznes.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="summarypost"&gt;&lt;center&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://elhobbitdigital.blogspot.com/2008/03/el-diario.html"&gt;Seguir Leyendo... &lt;/a&gt;&lt;/center&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="fullpost"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;color:#660000;"&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;—¡Puajj! Esto debe llevar la pila de años cerrado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se introdujo en el interior y buscó a tientas un interruptor sobre la pared. Acto seguido, golpeó el aire al tiempo que maldecía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡La ostia, si aquí no hay luz eléctrica! ¡Vaya día que llevo!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se quedó junto al umbral mientras intentaba calmarse y recordó que en la guantera del coche guardaba una pequeña linterna de emergencia. Resignado con la idea de volver a mojarse, salió a la carrera hasta el vehículo y un minuto mas tarde estaba de regreso, más mojado que al principio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Extrajo un nuevo cigarrillo del paquete. Lo encendió, y tras varias caladas procedió a examinar la sala donde se encontraba, a la luz de la linterna.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La habitación se hallaba cubierta de una espesa capa de polvo, lo que confirmaba su idea de que el lugar no era visitado desde hacía tiempo. En el suelo se apreciaban claramente sus pisadas y en algunos lugares se observaban amplias alfombras en las que difícilmente se podía distinguir el dibujo o el color original. El polvo había decorado toda la estancia con un único tono grisáceo, como si los colores hubieran desaparecido del lugar y ahora éste mostrase su rostro en blanco y negro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sobre las paredes podían observarse viejos muebles de madera desvencijada, que el tiempo y la humedad habían terminado arqueando. Una mesa central, cuadrada y de respetable tamaño se sostenía aún en pie. Sobre ella, un par de oxidados candelabros y un trozo de tela de lo que parecía ser un antiguo tapete, conferían a la sala un aspecto sobrio, puesto que salvo unas cuantas sillas y alguna bujía de gas, la estancia no contenía más mobiliario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al fondo de la misma se observaba una puerta de madera y a la derecha, adosada a la pared, se veía una escalera que ascendía a las habitaciones superiores. Meditó durante unos instantes que dirección tomar y decidió dejar la inspección del piso superior para más tarde. Cerró el portón tras de sí y se dirigió hacia la puerta e intentó abrirla, pero ésta no se movió ni un milímetro. Buscó entre el manojo de llaves alguna que pudiera corresponder a la cerradura y después de un rato, comprobó que cualquiera que fuese la llave que abría aquella puerta, no se encontraba entre las que le habían dado. Resignado, volvió sobre sus pasos y miró hacia las escaleras, al tiempo que suspiraba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Por lo menos, espero no tardar demasiado. Aquí no hay mucho que tasar por lo que veo. El terreno y poco más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mascullando sus propios pensamientos, inició el ascenso al primer piso. No había hecho mas que poner el pie en el primer escalón, cuando el crujido de la madera le advirtió de lo endeble de la construcción. Ascendió despacio, agarrado a la barandilla al tiempo que murmuraba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡No, si solo faltaría que me rompiese la crisma!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tras unos minutos de cauteloso ascenso, llegó arriba y pudo ver que un pasillo estrecho y oscuro se abría ante él. Avanzó recto sosteniendo en alto la linterna, al tiempo que examinaba las paredes y el suelo por el que caminaba, comprobando que en las estancias superiores la acumulación de polvo no era menor que en la sala de abajo. El pasillo no disponía de decoración alguna y ni un triste cuadro colgaba de las paredes. El suelo de madera estaba agrietado en algunas zonas y desfondado en algunos lugares, dejando ver de esta forma el empedrado que lo sostenía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A lo largo del corredor se apreciaban dos puertas de madera. Una a cada lado. Y el inicio de unos peldaños al final del mismo. Comprobó que las puertas daban paso a sendas habitaciones, con camas, armarios, unas desgastadas alfombras e irreconocibles cortinas cubiertas de polvo y sin más valor que el que se podría conseguir vendiéndolas al peso. Todo muy antiguo, pero sin ese toque especial que distingue a los muebles clásicos. Esa solera que vuelve locos a los coleccionistas y que les lleva a pagar astronómicas sumas de dinero por obtenerlos. Todos los objetos que había visto eran ciertamente viejos, pero ninguno alcanzaría a tener más destino que ser vendido en el rastro de Madrid.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eso era algo que no comprendía. Si la casa llevaba tiempo abandonada de cualquier cuidado y no había recibido la visita de nadie, hasta que su compañía la adquirió como parte de un lote mayor, ¿Cómo era que no albergaba en su interior algo que pudiera ser inequívocamente valioso? ¿Es que acaso los antiguos propietarios hubieron de deshacerse de los objetos de mayor valor por problemas económicos?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No era posible que alguien pudiera haber vivido allí desde hacía mucho. Realmente, ¿Desde cuándo no habitaba nadie el oscuro caserón? ¿Era tan viejo como parecía o solo aparentaba más antigüedad por la suciedad que lo cubría? Las bujías de gas daban una muestra de la edad del lugar. Antiguo era desde luego. Antiguo y oscuro, y las sombras que se extendían a la escueta luz de su linterna le conferían además una calidad siniestra. En ese momento fue consciente de otro hecho. El silencio que se hacia sentir dentro del lugar. ¿Es que acaso había dejado de llover?; porque ni siquiera escuchaba el rítmico gotear en el exterior. Quizá los muros de la construcción aislaban el sonido pero en ese momento le hubiera gustado estar lejos de allí, a kilómetros de distancia, sentado en algún cómodo bar tomando un refrescante Gin Tonic mientras fumaba un cigarrillo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sacudió la cabeza para despejar las ideas y decidió retomar el trabajo, recordando que en el pasillo había vislumbrado un tramo de escaleras sin revisar. Quizá después de todo, la parte más valiosa de todo el conjunto se hallase en el ático de la casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Caminó derecho hasta el final del corredor y se detuvo al comienzo de unos estrechos y empinados escalones de madera que subían hasta una pequeña puerta cuadrada. La escalera no disponía de barandilla, por lo que inició el ascenso con cuidado y apoyándose en las paredes. Una vez alcanzado el último peldaño observó que la puerta no tenía pomo o tirador alguno y que estaba entreabierta. Una oxidada cerradura con un desgastado pestillo se observaba al borde de la misma. Empujó la hoja de madera y penetró en lo que parecía ser un viejo ático.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El sonido de la gastada celosía golpeando en el marco de un viejo ventanuco de madera, fue lo primero que llamó su atención. Afuera, la tarde estaba cayendo y las sombras del anochecer comenzaban a hacer acto de presencia. Sorprendido por este hecho miró su reloj.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡La Virgen y Dios! Se me ha ido el santo al cielo. Debo darme prisa o saldré de aquí de noche. —exclamó sorprendido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Echó un rápido vistazo a su alrededor y pudo observar que la habitación en la que ahora se encontraba era sin duda alguna, la más sucia, vacía y desvencijada de cuantas había visto hasta ahora. Una endeble mesa, una silla que parecía no poder soportar el peso de nadie y un baúl, era todo el escaso mobiliario que contenía el lugar donde ahora se encontraba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Un verdadero tesoro, vive Dios! —dijo en tono teatral al tiempo que hacía aspavientos con los brazos— ¡Mi jefe dará botes de alegría cuando reciba el informe! ¡Seguro que me ascienden! ¡Y me suben el sueldo! ¡Y me dan un despacho para mi solito, más grande y más bonito! ¡Y me ponen secretaria, chofer y un coche de la empresa! ¡Y me voy de vacaciones pagadas a Cancún! ¡Y.......... y una MIERDA! Eso es ¡Y una mierda! ¡Lo que van ha hacer es ponerme en la puta calle después de un informe como éste! ¡Seguro que dirán que es imposible que en esta re-que-te-ma-ra-vi-llo-sa-men-te-guay supermansión digna de Jacqueline Onassis, no haya un sin fin de objetos valiosos y obras de arte! ¡Que solo la jodida construcción ya debe valer un pico! ¡Y que solo un ignorante, inculto, tarado, estúpido e incompetente como yo, podía no darse cuenta! ¡JODER!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Absorto en sus cada vez más acalorados pensamientos no se percató de que el vendaval había aumentado en el exterior y que la celosía golpeaba con más fuerza sobre la ventana. Hasta el punto, de que rompió los cristales con un violento estruendo y el frío viento del atardecer penetró en la habitación provocando que la puerta del ático se cerrara con un sonoro portazo.&lt;br /&gt;Asustado por la ventisca y el ruido, el joven miró primero a la ventana, luego a la puerta y por último a la cerradura y al inexistente tirador, y movido por el instinto se lanzó sobre el umbral. Forcejeó unos instantes hasta percatarse que la puerta se había cerrado de golpe y ahora era imposible abrirla desde dentro. Embistió con el hombro y la puerta resistió. Le propinó innumerables empujones y no consiguió sino terminar con el hombro entumecido. Se detuvo unos instantes y se masajeó el hombro, pasando la mano por sus cabellos en un intentó por poner orden dentro de su cabeza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Las llaves! —recordó a toda prisa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sacó el manojo de llaves del bolsillo y buscó entre todas ellas, una que pudiera acomodarse en el interior de la cerradura. Rápidamente localizó la que se ajustaba al tamaño adecuado. La introdujo en el hueco del cerrojo y la giró con fuerza. La llave trazó un arco de ciento ochenta grados y se quedó atascada sin completar la vuelta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡MIERDA! —rugió el joven— Pero, ¿Qué coño pasa aquí? ¿Es que hoy me va a salir todo mal?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Agarró la llave con ambas manos e intento girarla sin que ésta se moviese ni un solo milímetro. Probó a sacarla de allí a base de forcejeos y tirones y lo único que consiguió fue lastimarse algún que otro dedo. Después de varios intentos más con el mismo resultado, optó por probar con la ventana de la buhardilla y comprobó con desesperación que era imposible descender desde esa altura, sin correr el riesgo de sufrir un accidente mortal. Caminó hasta el centro de la sala y cerrando los puños, maldijo su suerte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el viejo ático de la vieja casona se oyó un sonoro —¡ME CAGO EN LA LECHE, JODEEEEEERRRRR!—. Seguido de un golpe seco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El baúl se desfondó de la patada y el cabreado joven caminó a trompicones debido al dolor de su pie derecho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡SUS MUERTOS! ¡PUTO BAÚL! ¡LA MADRE QUE LO PARIO! —gritó dolorido mientras lanzaba miradas asesinas al destrozado mueble.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Caminó por la estancia mientras el dolor iba desapareciendo y tras varios minutos recobró la compostura. Decidió sentarse en la silla y ordenar sus ideas mientras encendía un nuevo cigarrillo. Después de todo, poco iba a conseguir con emprenderla a golpes con el mobiliario y en el mejor de los casos, lo único que podría lograr sería empeorar la situación, ya de por sí bastante caótica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tras varias caladas tomó el teléfono móvil para llamar a la oficina, con la esperanza de que aún hubiese alguien trabajando. No iba a ser agradable aguantar las bromas pesadas de sus compañeros, pero eso era preferible a pasar la noche en aquella casa, a la espera de que alguien se decidiese a venir a buscarlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Marcó el número del trabajo y esperó. Podía oír el timbre de la llamada y con el corazón cada vez más agitado rogó que alguien descolgara el auricular. Tras unos segundos que parecieron interminables, una voz sonó al otro lado. «Este es el contestador automático de la Inmobiliaria Madrileña S.A. Nuestro horario de atención al público es de...».&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Nooooo! —exclamó al oír la metálica grabación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dejó caer el teléfono sobre la mesa mientras agachaba la cabeza. Acto seguido volvió a cogerlo y marcó de nuevo. Espero más nervioso que la ocasión anterior. Apareció otra vez la grabación, colgó y llamó por tercera vez. Tras varios intentos infructuosos, soltó el móvil y comenzó a dar paseos por la habitación, de pared a pared.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el exterior, la noche había hecho acto de presencia y la oscuridad lo cubría todo. En las sombras del ático, el joven, ensimismado en su propia desgracia no se había percatado de ello y continuaba paseando. Por fin se detuvo y miró a su alrededor. Su vista se había acomodado a la oscuridad, no obstante decidió acercarse a la mesa en donde aún permanecía encendida la linterna. Volvió a sentarse e intentó buscar una forma de solucionar la compleja situación en la que se encontraba. Tras varios minutos de reflexión cogió el teléfono con determinación y una sonrisa en los labios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Si soy más tonto, nazco de culo! ¿Para qué está la policía en estos casos? —se dijo algo más relajado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La sonrisa no le duró mucho tiempo ya que al intentar marcar el 091 comprobó que el móvil no tenía cobertura. Miró la pantalla del teléfono con lentitud, con gesto inexpresivo, como si no entendiera lo que estaba pasando, como si aquello no fuera con él, y quizá por la tensión, los nervios o el cansancio, se echó a llorar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Afuera la lluvia había cesado. En el silencio de la noche nada era visible. Ni un ruido, ni una imagen, nada se movía. Aislado en mitad de nadie sabía dónde, el joven lloró sin gemidos. Por fin se repuso y miró de nuevo el teléfono. Seguía sin cobertura. Sobreponiéndose a la situación y encendiendo otro cigarrillo, pensó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Bueno. A las malas, en cuanto tenga cobertura llamo a la policía, así sean las cuatro de la mañana. Y si no es posible, me echarán de menos en el trabajo y me vendrán a buscar. El caso es no ponerse nervioso y pasar el rato lo mejor que se pueda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y dicho esto, se levantó de la silla y comenzó a curiosear entorno suyo, para intentar ahuyentar el creciente miedo que iba haciendo presa en él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como la habitación estaba prácticamente vacía, dirigió su atención directamente al baúl al que un rato antes había golpeado. Debido a la patada, éste se había desfondado y podía observarse el contenido con facilidad. En su interior pudo encontrar un cirio amarillento de gran tamaño, el cual procedió a encender inmediatamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A pesar de los años la mecha ardió y en unos instantes el cuarto pareció cobrar vida. Apagó la linterna para no agotar las pilas y continuó el examen del baúl. Varios trozos de tela medio podridos, restos de papel, unas largas y viejas tijeras oxidadas y una bolsa de cuero marrón, fue todo lo que pudo encontrar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dejó las tijeras sobre la mesa y abrió la bolsa de cuero con curiosidad. Dentro y resguardado por ésta última, se hallaba un viejo libro de negras pastas de piel y hojas amarillentas, sucio y gastado. En la primera hoja se podía leer en arcaicas letras escritas a mano con tinta negra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;«Diario de Iñigo de Valdeaceas, boticario y estudioso del saber antiguo, en vigilias de pascua, en el año del señor de 1584.»&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;—¡La ostia! —exclamó el joven — ¿No me jodas que este libro es de 1584? Esto si que vale una pasta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ilusionado con la idea de haber encontrado un manuscrito original escrito de puño y letra de tal antigüedad, comenzó a hojear las páginas con una curiosidad creciente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al parecer, el libro era el diario de un tal Iñigo de Valdeaceas, de profesión boticario, en el que narraba ciertos aspectos de su vida, un tanto ocultos para sus conciudadanos. Y en los que se dedicaba al estudio de una ciencia a la que él llamaba «El saber antiguo», que parecía un compendio de magia, supersticiones y alquimia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Multitud de páginas aparecían cubiertas de toscos dibujos, extraños símbolos, grafos y desconocidos alfabetos, diagramas, formulas matemáticas, calendarios y referencias a otros libros desconocidos para él. Por lo que se concentró únicamente en las que describían los curiosos quehaceres del no menos curioso boticario. Una de ellas elegida al azar decía así.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;«En el día del señor del 22 de Diciembre de 1584.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy en la mañana, vino maese Zacarías, pues tal y como prometiome, trajome los libros de oraciones que siendo escriba, había tenido a bien obsequiarme. No he de dejar de estudiarlos, pues siendo maese Zacarías un hombre de culto, a buen seguro se preste a discutir, alguno de los salmos que en ellos están contenidos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la comida, mostrose el ama Felipa, tan servicial como suele en estos menesteres y preparome un guiso de perdiz, regado con buen vino de rioja. Empero, más tarde no por menos, tras las copiosas viandas hube de tomar infusión de menta para reposar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Atardecido el día, terminé la cataplasma para Don Pedro el alcalde, que vino a recoger un criado y que mucho empeño llevome preparar. A ver si así de esta guisa, se mitigan los dolores de pecho que le vienen acaeciendo cuando arrecia el frío.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta noche no creo poder avanzar en el estudio de mis tareas propias, mas no por eso dejaré de presentar mis respetos a mi señor. No vaya a ser que se enoje y no aparezca cuando a él yo llame y por el contrario mande a buscarme antes de tiempo, no estando yo preparado para tamaño reto y sin haber aclarado los salmos XI y XV del libro de iniciación.»&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;El texto continuaba varias páginas más en estos términos. Sin entrar claramente en la naturaleza de las actividades del boticario y sin describir claramente a qué se refería cuando hablaba de su señor. Entusiasmado con la idea de estar leyendo un texto con más de cuatrocientos años de antigüedad, continuó hojeando las páginas hasta llegar hasta un párrafo difícil de entender pero que rezaba algo así.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;«Él es la verdad, él es la luz naciente de la oscuridad, él es el verdadero señor de lo creado, él es mi risa y el llanto de mis enemigos, él es mi riqueza y el brazo que despoja a los que me señalan, él es mi poder y la boca que deshonra a los que me mancillan, él es mi deseo y por su mirada la lascivia habita en las doncellas, él es mi señor y yo su siervo, pues a mi sirve si yo le aclamo. Y por el signo que ahora trazo tres veces y que ahora elevo a la noche y que quemo con el incienso bendecido y que entierro bajo la luna, digo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;center&gt;Mi señor yo te sirvo.&lt;br /&gt;Mi señor yo te adoro.&lt;br /&gt;Mi señor yo te aclamo.&lt;br /&gt;Mi señor yo te imploro.&lt;/center&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Que este rito sea a bien de servir a tu magnificencia y por él me tengas en alta estima dentro de tus servidores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(Repetir siete veces en los días de luna llena, mirando al oeste y junto a una hoguera, encendida con ramas de encina.)»&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;El texto parecía un conjuro que había que repetir en una fecha concreta y con un ritual específico, pero no aclaraba con qué resultados y sobre todo, a quién iba dirigido. Sin pensarlo dos veces y sintiéndose un poco payaso, se puso en pie y sosteniendo el libro frente a él recitó el párrafo con voz en falsete tantas veces como indicaba el libro, al tiempo que en cada ocasión miraba hacia una dirección diferente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al finalizar el acto, miró de soslayo a cada lado y con una sonrisa traviesa en los labios pensó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡El poder, la riqueza y bellas doncellas! ¡Joder con el boticario! ¡No se conformaba con poco, el muy mamón! ¿Y dónde se encarga una cosa así? ¿Se puede pagar con la VISA?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dejó el libro sobre la mesa y encendió otro cigarrillo. Miró su reloj y comprobó que eran casi las diez de la noche. Su estomago pedía a gritos algo de comida, pero lo único que el joven podía darle era alguna que otra dosis de nicotina. Echó un nuevo vistazo al móvil para percatarse de que seguía sin cobertura. Maldijo entre dientes su mala suerte y se acercó a la ventana del ático.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El viento que había amainado, apenas alcanzaba para remover ligeramente sus cabellos y en el exterior la oscuridad era tan profunda que no se distinguía forma alguna en las proximidades. Miró al cielo y observó que no se apreciaba ni una sola estrella. Las nubes que horas antes lo habían dejado empapado, debían cubrir por completo el trozo de firmamento al que dirigía su mirada y ni siquiera la luna hacía acto de presencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—La única luz en varios kilómetros debe ser la de esta vela —concluyó, mientras daba otra calada al pitillo—. Es irónico. Si cualquiera pasease por aquí esta noche, pensaría que alguien vive en esta casa. Estaría bien que algún alma, aunque fuera en pena, se acercara y me echara una mano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nada más murmurar con voz queda ese deseo, el viento se levantó de nuevo y entró por el ventanuco. Era un viento frío y húmedo y sin poder remediarlo un escalofrío recorrió su espalda. Abandonó su posición junto a la ventana y regresó a la mesa donde esperaba el libro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tiró la colilla al suelo y la aplastó con el pie. Tomó entre sus manos el viejo diario y continuó pasando páginas. Al cabo de un rato tropezó con otro párrafo en el que el tal Iñigo de Valdeaceas comentaba la visita de cierto pastor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;«En el día del señor del 3 de Febrero de 1585.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Transcribo y dejo de esta forma constancia de lo acontecido y relatado hoy, por un pastor de nombre Zacarías, que llegado a la plaza del pueblo y en presencia de varios vecinos relató, lo que dice haber visto en la madrugada cerca del lugar conocido como la quebrada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pues según de lo narrado por el dicho pastor, en las horas que preceden al alba de la noche de ayer y coincidiendo con la fiesta de la candela o candelaria, dice y jura que marchando con el rebaño de ovejas, las cuales lleva a pastar y mantiene y cuida por orden de su señor amo, oyó en las lindes de la loma que queda cerca de la quebrada, voces y gritos, juramentos y maledicencias que por boca de cristiano no saldrían. Y estando solo y no teniendo mas defensa y amparo que su cayado y su valor y la reala de perros que a él asisten, encomendó sus ruegos a nuestro señor Jesucristo y hacia el lugar en cuestión se encaminó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y dice según así jura, haber visto una gran hoguera y en derredor a varios encapuchados, que encurtidos de pieles de lobo, y con las manos y la cara pintados de sangre, danzaban y braceaban al ritmo de tímpanos y atabales, posesos todos ellos y con tal griterío que a buen seguro, la locura o Dios sabe qué blasfemia infernal, se habría aposentado en ellos tomando el lugar de su alma. Y dice así mismo, que oculto tras unos matojos y con el alma en un puño, vio como de un saco tomaban un gallo negro y allí mismo le cercenaban la cabeza y como de la sangre derramada todos se servían. Y según jura y perjura, esto que dice haber visto no puede ser sino una misa negra, porque de todos es sabido que en noche de candela, las brujas mediante actos de hechicería se reúnen con aquel al que sirven, y le ofrecen en sacrificio la sangre de algún inocente y si no hubiere tal, se coge un gallo o un gato, negro como boca de lobo y se le corta la cabeza y de la sangre se toma en una copa y se sacia la sed. Y entre gritos de lujuria y pintados con ungüentos se danza hasta el éxtasis y así transcurre la noche.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y digo yo que el tal Zacarías algo de verdad dice, aunque por ser inculto y hombre de baja condición, no alcanza a comprender más allá de su corto entendimiento lo que sus ojos vieron.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y jurándome que no dejaría sin estudio todo lo allí narrado, marché de la plaza y regresé a mi casa pues ya era tarde y muchos quehaceres me aguardaban.»&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;El texto que acababa de leer era bastante significativo por sí solo. Lo que el citado pastor había descrito era uno de los tradicionales aquelarres que antiguamente se suponía que las brujas celebraban en determinadas fechas del año, en lugares señalados para el caso y tan perseguidos por la iglesia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Brujería! ¡Esto se anima! —exclamó el joven al tiempo que se frotaba las manos por el creciente frío que entraba por la ventana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desvió la mirada hacía la puerta con una mueca de disgusto y al devolver la atención al libro, reparó en las tijeras que se encontraban sobre la mesa. Parecían tan antiguas como el diario del boticario e incluso puede que perteneciesen al tal Iñigo de Valdeaceas. Aún conservaban las puntas intactas por lo que una idea se abrió paso en su cerebro. ¿Por qué no usarlas como palanca en la cerradura? Sin dudarlo un instante se acercó a la puerta e introdujo una de las hojas por la grieta que formaba la madera y el marco. Acercó la punta hasta el pestillo y haciendo palanca apretó con fuerza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un sonoro crujido metálico se escuchó cuando la oxidada hoja se partió por la mitad, hiriendo la muñeca derecha del sorprendido joven.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡ME CAGO EN LA PUTA, JODER! —se quejó mientras se apretaba la zona herida con la otra mano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sacó un pañuelo del bolsillo y tras limpiar el hilillo de sangre que había manado del corte, lo anudó sobre la herida, protegiéndola.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Qué día llevo! Al final se me infectará. ¿Qué más me pasará hoy?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No había terminado de formular la pregunta en voz alta, cuando como respuesta y debido al viento que penetraba por el ventanuco tras él, un débil crujido se escuchó en frente. Alzó la mirada angustiado y comprobó anonadado que la puerta del ático se balanceaba con lentitud.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡DE PUTA MADRE! ¡COJONUDO! ¡BIEEEENNNN! —exclamó el joven, dando botes de alegría al comprobar que su idea había funcionado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se acercó hasta la puerta y encendiendo la linterna que llevaba en el bolsillo. Descendió los escalones hasta el primer piso, olvidando en la buhardilla el libro y la vela encendida. Alcanzó el segundo tramo de escalones y bajó hasta el salón que daba acceso a la calle y al llegar hasta la puerta de salida introdujo su mano en la americana, buscando el manojo de llaves que abría el portón. Al no hallarlo donde esperaba encontrarlo, se quedó estático y recordó que las llaves aún colgaban en la cerradura de la puertezuela del ático.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡No me jodas! ¡No, si al final ya veras! —se repetía iracundo mientras ascendía de nuevo al ático saltando los escalones de dos en dos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Al final me como una mierda! —exclamaba mientras cruzaba a la carrera el pasillo que daba acceso a la escalera del desván.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando entró de nuevo en la buhardilla, la luz del cirio lo recibió arrojando dantescas sombras que bailaban al ritmo del viento. El joven concentró toda su atención en la cerradura de la puertezuela y más exactamente en el manojo de llaves que colgaba de ella. Dio un fuerte tirón, pero la llave no salió. Agarró con fuerza la anilla que unía a todas las llaves y colocando una pierna sobre la madera a modo de palanca, tiró de ella hasta que el dolor en los dedos fue insoportable. Desistió de ese método y volvió a bajar hasta el salón de la planta baja, no sin antes haber propinado un par de patadas a la puerta. Cuando hubo llegado abajo, se lanzó inmediatamente sobre el portón estudiando un modo de abrirlo. Al no hallar forma alguna de salir al exterior, continuó dando patadas a todo lo que se ponía a su alcance. De un manotazo volcó un candelabro que reposaba sobre la mesa central, perdiendo al mismo tiempo la linterna, que terminó alumbrando un tramo de pared junto a una esquina. Allí, sólo, en la oscuridad del silencioso salón, permaneció de pie e inmóvil respirando agitadamente con los puños apretados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tras el acceso de furia, el joven se detuvo suspirando hondo. Se pasó la mano por la frente y reflexionó. Después de todo ya se había hecho a la idea de pasar allí la noche, y con destrozar el mobiliario no iba solucionar nada. Muy al contrario, lo más probable es que los destrozos ocasionados lo colocasen en una delicada situación ante sus superiores. Eso, sin contar que podría terminar más lastimado de lo que ya estaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Examinó de nuevo su reloj y se percató que había pasado más de media hora. Miró el teléfono y retiró la vista con un gesto de frustración. La temperatura había ido descendiendo paulatinamente y la americana que llevaba puesta no bastaba parta protegerlo, por lo que cogió la linterna y decidió buscar algo con lo que abrigarse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Encaminó sus pasos hacia el ático y ascendió hasta el pasillo superior. Entró en una de las habitaciones y abrió el armario con la esperanza de encontrar una manta. Dentro no había nada y la colcha de la cama estaba tan sucia y roída que desistió de utilizarla. Entró en la otra habitación y probó suerte con el armario que quedaba. En su interior encontró un viejo camisón largo y un chal, que milagrosamente y resguardados del exterior, aún podían utilizarse. Haciendo caso omiso del desagradable olor a moho que los impregnaba, se enfundó el camisón y se colocó el chal sobre los hombros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Para hacerme una foto! —se dijo— ¡Estoy precioso!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Abandonó la habitación y se encaminó hacia la estrecha escalerilla que subía al ático. Fue entonces cuando escuchó el ruido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se quedo inmóvil, detenido, casi sin respirar, con el corazón latiendo desbocado. Había oído con diáfana claridad un portazo en sala de abajo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante unos momentos el miedo lo dejó bloqueado, con la linterna colgando de su mano alumbrando un desgastado trozo del suelo del pasillo. Al instante reaccionó. Quizá después de todo alguien había venido a buscarlo o simplemente alguna persona extraviada había buscado refugio en la casa. Sin embargo, ese pensamiento no le proporcionó consuelo alguno. Al contrario, la idea de que un desconocido acabara de entrar en el recinto le causó más ansiedad. Recordaba perfectamente haber intentado, minutos antes, abrir la puerta por todos los medios. Y por otro lado, si alguien estaba en el interior de la casa, ¿Por qué ahora no se escuchaba el menor sonido? ¿Es que acaso el intruso no se había movido? Se imaginó a alguien allá abajo, erguido, quieto, acechante, una sombra entre las sombras, y la idea no le gustó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Armándose de valor dio un paso al frente. Enfocó con la linterna el borde de las escaleras que descendían a la planta baja y dijo en voz alta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Oiga! ¿Hay alguien ahí?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El silencio fue la única respuesta que obtuvo. Avanzó nervioso hasta las escaleras y volvió a repetir la pregunta. No hubo respuesta. Enfocó hacia abajo con la linterna y el haz de luz barrió la estancia inferior. La mesa cuadrada seguía en el mismo sitio, con un candelabro en la misma posición y otro en el suelo. Nada parecía haber cambiado. Descendió los escalones con cuidado y el crujido de la madera resonó amplificado en el silencio de la noche. Llegó abajo y comprobó que nadie había entrado. No se observaba nada extraño. Las únicas pisadas en la capa de polvo del suelo eran las suyas. Meditó pensativo unos instantes y por último levantó la linterna lentamente hacia la puerta de madera que esa tarde no había podido abrir. La luz la alumbró de lleno y la pregunta que había comenzado a nacer en su mente quedó respondida. Seguía cerrada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se rascó la cabeza y encogiéndose de hombros se dijo que quizá había sido imaginación suya. Las casas viejas están pobladas de ruidos nocturnos después de todo. Dilataciones producidas por la temperatura, viejas cañerías que se obturan, etc. No obstante, la lógica de su propia afirmación no bastaba para eliminar completamente el temor que segundos antes había sentido. Ni siquiera percatarse del embarazo que hubiera supuesto explicar a nadie lo absurdo de su vestuario sirvió para tranquilizarlo. Ascendió hasta el piso superior y se dirigió hasta el ático con cierta aceleración. Después de todo allí había más luz y se sentiría más seguro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Culminó la ascensión de la escalerilla y extrajo un pitillo del paquete de tabaco. Lo encendió con ansia y aspiro el fuerte aroma con deleite.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Debo relajarme. No debo perder los nervios. Es normal estar asustado. Al fin y al cabo no se queda uno encerrado en una vieja casa todos los días.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Intentando no pensar en nada malo y con la intención de distraerse tomó de nuevo el diario y continuó con la lectura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las siguientes páginas del libro hacían referencia a distintas facetas del trabajo rutinario de un boticario. La administración de preparados a los enfermos, el cultivo de ciertas plantas medicinales, el estudio de ciertos síntomas y la correcta combinación de complejas sustancias que en pequeñas dosis aliviaban, pero que en elevadas proporciones resultaban ser potentes venenos. También existían anotaciones acerca de la economía de la botica, los morosos, pagos de impuestos y tributos, así como los envíos o recepciones de mercancía que periódicamente se sucedían. Tras un párrafo especialmente aburrido sobre las aplicaciones del laurel en determinadas dolencias, encontró una curiosa lista de productos que el boticario había adquirido de forma poco usual.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;«En el día del señor del 22 de Abril de 1585.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy en la noche vino a visitarme maese Lope el buhonero. Regresaba de Toledo y al pasar por el pueblo detuvose un momento en mi casa. Trajome aquello que yo le hube solicitado y como agradecido soy por el servicio, mande al ama Felipa le preparase algunas viandas para el camino, amen de pagarle con buenas monedas el trabajo que para mi hubo realizado. Tuvo a bien maese Lope antes de marcharse, traerme nuevas de la ciudad así como de los usos y costumbres del afamado gremio de boticarios que allí existe, así como algunas chanzas y novedades que corren de boca en boca. Y de algunas doy fe y ensalzo por el ingenio y la picaresca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entrada la noche y ya en la soledad de mi estudio, dime en cuerpo y alma a la comprobación de los ingredientes que le hube solicitado y que para mí había traído guardados en dos alforjas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;He aquí que anoto los nombres y las medidas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un cuartillo de hojas de amapola.&lt;br /&gt;Dos bulbos de mandrágora.&lt;br /&gt;La raíz seca del estramonio.&lt;br /&gt;Dos cuencos de mirra y otro de incienso.&lt;br /&gt;Media arroba de aceite bendecido.&lt;br /&gt;Un frasco con los santos oleos.&lt;br /&gt;Un saquito con barbas de lobo.&lt;br /&gt;Otro con las de un chivo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No habiéndole quedado más dinero del que le anticipé, la cera y los troncos de encina habré de encargarlos en otra ocasión.»&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;La lista de ingredientes era indudablemente sugerente. Algunos de los componentes eran completamente desconocidos para él y otros aparentemente eran inocuos. Sin embargo, había algunos incluidos en la lista, tan extraños y exóticos, que no pudo evitar una reacción repulsiva ante su sola mención. ¿Para qué querría el dichoso boticario las barbas de un lobo y de un chivo? ¿Es que acaso pretendía preparar alguna cocción con ellas? La sola idea de una olla de aceite burbujeante en la que flotaban pelos de un animal, le provocó una arcada que a duras penas pudo reprimir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Encendió un nuevo pitillo para quitarse el mal sabor de boca y continuó el examen del diario. Avanzó varias páginas de tirón y tropezó de golpe con otro párrafo más interesante si cabe que el anterior. En éste, el sorprendente boticario relataba ciertas actividades emprendidas una noche de agosto entorno a un lugar citado con anterioridad en el diario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;«En el día del señor del 16 de Agosto de 1585.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Escribo aquí lo acontecido en la pasada noche, en el lugar conocido como la quebrada, al cual me dirigí a la puesta del sol, cargado mi jumento con lo necesario, tal y como de antemano había previsto y sin que alma alguna conociese el motivo. Escribo ahora y mi mano tiembla pues la angustia de lo que fui testigo aún permanece en mí y hasta los cabellos de mis sienes, blancos se han tornado de la impresión. Escribo y dejo escrito, para que si llegado el momento, algo me sucediese, nadie dude de donde proviene mi fatal destino y por qué no habrán de buscarme en lugar alguno. Pues si en verdad aquel al que temo mandara buscarme, ni las huestes de nuestro señor Rey podrían hallarme. Ni en la tierra, ni en el cielo y si por intercesión de nuestro verdadero señor, Jesucristo, encontrarme lograran, en un terrible lugar oscuro y siniestro sería. Colmado de dolor, ciego de angustia, tornada mi piel en cenicientas pústulas ensangrentadas, arrastrado por lodazales de inmundicias y perdida la esperanza. Y si así me hallasen, de rodillas sobre los muñones que por miembros sin duda tendría, clamaría e imploraría, con la voz que nace del alma, del alma que aún por gracia divina conservo, me dieran muerte y quemaran mi cuerpo y las cenizas de él resultantes, arrojasen al mar desde una colina. Y así de esta forma, pudiera descansar en paz y Dios en su infinito amor, pudiera perdonar a esta oveja descarriada que por el ansia de saber ha cometido el más vil de los pecados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es por ello que ahora escribo y dejo dicho aquello que hice y que me fue revelado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Abandoné el solaz de mi hogar recién entrada la tarde cargando a lomos de mi asno dos alforjas en las que guardaba los ingredientes que más adelante me serían necesarios. Habiéndole dicho al ama Felipa que no preparase cena, pues me ponía en camino hacia Toledo, salí por la puerta del establo y sin tardanza encamine mis pasos hacia lontananza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pude alcanzar el lugar a la puesta del sol y no sin antes haber atado al animal al pie de una jara, prendí fuego a los troncos de encina que para tal menester había llevado conmigo. Dispuse del resto de los ingredientes tal y como se explica en el salmo XI del libro de iniciación y en el cuenco de barro que secretamente había llevado, mezclé el aceite bendecido con las barbas de chivo y de lobo y no sin antes haber añadido las hojas de amapola, preparé el ungüento que para más tarde me sería necesario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tome de la raíz del estramonio un trozo del tamaño adecuado y junto a un puñado de mirra y otro de incienso, al fuego los arrojé, entonando entretanto el cántico primero que precede a la llamada. Pronuncié las palabras prohibidas que abren el sello mientras caminaba en derredor de la hoguera y tras completar el salmo tres veces, alcé los ojos a la luna y con los brazos en cruz y las palmas en ofrecimiento pronuncié su nombre sin que sonido alguno brotase de mi pecho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Permanecí así, hasta que un viento frío y húmedo envolviendo todo mi ser, arrastró matas y rastrojos y levanto lenguas de fuego de la hoguera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El asno que había traído conmigo hubo de percibir algún olor o cosa similar en el aire, pues no hube terminado de reponerme de la impresión que acababa de recibir cuando el animal irrumpió en tal algarabía de rebuznos, coces y pataleos, que por todos los santos pareciese que una jauría de lobos se acercase a nosotros. Al poco se calmó lo suficiente y pude continuar con el rito. Con más miedo que resolución, empero dispuesto a llegar al final de la ceremonia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La oscuridad era cerrada ya en vísperas de la medianoche cuando tomando el ungüento que con presteza había preparado, procedí a untarlo por mi rostro y mis manos. Desagradable era en extremo al contacto con la carne y frío también y un olor dulzón desprendía, que atontaba los sentidos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Terminado de aplicarlo y sin tardanza pues ya la hora se acercaba, cogí de las alforjas que había traído las páginas que cautamente había preparado con los versos del salmo XV y entonando con voz fuerte y grave, recité las palabras que a mi presencia traerían a mi señor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El frío viento arreció y la lumbre que a mis pies ardía pareció tornarse más oscura y hasta casi decirme algo, pues no por menos los crujidos y chirridos que de la encina al arder se desprendían, parecían sino voces que llamaban y clamaban por salir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El asno volvió a cocear más espantado que a la vez anterior y con un quejido tan grande que mucho fue el temor que sentí, pues de un animal de Dios no es permisible que prorrumpan sonidos que no han sido así dispuestos, cayó muerto tan largo como era.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quiso la mala fortuna, que mientras andaba yo atento a la muerte de mi vieja montura, de las llamas de la hoguera comenzará a salir una sombra que más oscura y tenebrosa que la misma noche, se plantó delante de mí y me miró.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La salud de la que gozo, me salvó sin duda de caer allí mismo fulminado por un vahído, mirando con los ojos desencajados y el corazón desbocado a aquello que ante mi presencia había aparecido. Y como la sombra no se movió ni por boca suya salió palabra alguna, atrevime con mucho temor a hablarle y dije así.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Quién sois? ¿De donde venís y con que fin?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como no obtuve respuesta, tercié de nuevo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—A mi señor he llamado y ante mi una sombra tengo. Si sois aquel al que imploro, mostraos tal y como dicen las escrituras, si no, marchaos al lugar de donde vengáis, pues mi señor no tolera ofensas y a muy alto precio pagaréis la chanza de presentaros sin haber sido invocado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De aquello que antes mis ojos se hallaba, brotó una risa queda que al poco era jocosa y ofensiva. Luego una voz se oyó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Tú me has llamado. Yo he venido. ¿Qué tienes para ofrecerme?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Temblando de agonía me arrodillé ante él y humilde respondí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Mi señor. ¿Sois vos? Solo soy un pobre siervo que ante vos se arrodilla y que os implora clemencia. Os he llamado como mandan los edictos del saber antiguo, para hacer un pacto con vos. Un pacto sellado. Un pacto de sangre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La sombra no habló, pero se acercó ante mi presencia y dijo así.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Yo no soy aquel al que esperas. El supremo amo y señor de todo lo creado no trata con inmundicias como tú. Ese trato está reservado para otros de los que mi amo se encapricha, para premiar o castigar. Arrodíllate sí. Arrodíllate ante mí, pues soy algo que tú no puedes entender. Algo que nace de ti y está en ti en todo momento. Algo que no conoces, pero que ha vivido contiguo desde el día de tu alumbramiento. Algo que todos los hombres anhelan pero que pocos tienen el valor y la osadía de buscar. Algo, a lo que si deseas puedes poner un nombre. Llámame Azrael. Pues así se me llamó en otros tiempos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Habló así de esta forma durante un rato en el que permanecí de rodillas ante él, hasta que terminado su manifiesto, me hallé en condiciones de decir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Si no sois vos mi señor. ¿Sois acaso un lacayo, sirviente, emisario o adalid, enviado ante mi para tomar juramento antes de que mi señor aquí llegue?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El ser que ante mi había llegado, rió de buen grado y objetó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No, pobre infeliz, no soy nada de eso. Tus míseras plegarias solo alcanzan a llamar a tu presencia a algo como yo. En vano esperas que la suma magnificencia ante ti aparezca, pues tu alma no alcanza a valer más esfuerzo que el que ahora hago al escucharte. Solo yo, Azrael, he venido. Solo yo vendré. Y por oír tu llamada un pago habrás de darme. Algo que yo tomaré de ti. Algo que ante mis ojos sea apetecible, pues no en vano hasta aquí he venido y con las palmas vacías no regresaré.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tal era la fuerza con la que expresó su mandato, que un infinito temor inundó el corazón de este pobre mortal. ¿Qué esperaba de mí? ¿Qué tomaría de mi ser? Los salmos que a bien había tenido de estudiar hasta grabarlos en mi memoria, prometían un pacto de sangre de igual a igual. ¿De dónde había emergido el tal Azrael? ¿Era acaso un espíritu demoníaco que pudiera haber escuchado desde el silencio mi llamada? ¿Es que pudiera yo haber equivocado el sentido de las escrituras o el cántico de la ceremonia? Andaba yo con estos pensamientos en mi cabeza cuando la criatura habló de nuevo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Y bien? ¿Cuál será mi recompensa? ¿Hablaras o habré de elegirla yo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Mi señor Azrael – dije por fin – En los textos sagrados del saber antiguo, se dice y comenta que por el regalo concedido y según la valía del mismo, se pudiera hacer el pago con moneda de distinto valor. Pero aún, por mi torpeza a buen seguro, no me habéis dicho el regalo que a bien habéis tenido en obsequiarme o si pudiera yo elegir entre algunos de los que fuera menester escoger.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La sombra permaneció callada y luego dijo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Escurridizo te tornas, cuando hace un instante de temor temblabas. Bien, te diré cual es tu regalo y que precio habrás de pagar. Te concederé el conocimiento de lo que está por venir, de lo que a vosotros os tiene reservado el mañana. Infelices que vivís creyendo que el futuro no está escrito y dispuesto, y que os solazáis en la creencia de que el destino no es un viejo cuervo que sobre vuestros hombros se asienta y os dirige en cada acto. Y como pago por ello, tomaré de ti la esencia de tu alma, la divina chispa que te hizo hombre y en ti habitaré y junto a ti caminaré. Durante un tiempo me solazaré en la desgracia ajena y con tus manos, que serán las mías, dispondré de lo que a mi se me apetezca, a mi antojo y a mi criterio y cuando harto decida de ti salir, tu vendrás conmigo al lugar del que yo vengo y allí me servirás en todo lo que yo te mande.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y dicho esto y sin tardanza en un negro abrazo recogió mi cuerpo, hasta el punto que ni hoguera, ni monte, ni noche, ni nada que por antojo pudiera ser parecido, vieron mis ojos. Y un frío mortal inundó mi alma y una terrible voz tronaba en mi cabeza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;MIRA Y CONTEMPLA. MIRA Y SÁCIATE CON LO QUE ESTÁ POR VENIR.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y en la oscuridad vi lo que llegará, pues como salido por boca del averno, vi el dolor y la angustia de los hombres en mil formas distintas. Pues muchas caras tenía el monstruo de cuyas fauces manaba dicho dolor. Y vi epidemias y enfermedades, pero no como las de nuestros tiempos, sino otras cuyos males no eran designio de dios, sino de los hombres y vi sangrientas guerras, pero no como las de antaño en nombre de Cristo o del Rey, sino otras cuyos emperadores y gobernantes y aquellos que las proclamaban, lo hacían movidos por la lujuria de un poder nuevo, de unas riquezas extrañas, en nombre de causas sin causa, de causas sin nombre. Y vi muertos. Tantos, que solo la tierra misma, toda ella tomada sin mesura, pudiera servir de camposanto a tamaña blasfemia. Y cada uno de los difuntos llevaba en la frente el nombre de su ejecutor y los nombres eran muchos. Infamia, lascivia, odio, envidia, olvido, hambre, esclavitud, enfermedad, perjurio, incesto, dolor, locura, rencor, desidia, avaricia. Y como cada uno de los difuntos aullaba su angustia con lamentos y estridencias, era tal la cacofonía de sonidos que hasta el mismo cielo parecía haber vuelto su mirada y haber olvidado a los que bajo él se arrastraban. Y vi la tierra elevarse en columnas de humo y ceniza y hendirse los mares en abismos de fuego. Y los que aún vivían andaban ciegos a los demás, presos de su sola presencia, caminando por caminos ya hollados, siguiendo la estela que otros ya habían dejado y que los llevaba a caer en las fauces de la monstruosidad de la que todo había nacido. Y como de las fauces de la bestia todo salía y a ella todo regresaba, el mundo mismo pareciera que sobre si mismo se doblase y en si mismo desapareciese, dejando tras de si la oscuridad sempiterna de la que había manado mi visión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Recobré los sentidos aterido de frío a las primeras luces del alba y miré en derredor mío. La criatura había tenido a bien de regresar al oscuro redil del que había salido, pero antes de marcharse había dejado un presente obligado. A mis pies, cerca de mi persona, en el suelo sobre las hierbas secas, un pergamino escrito en lenguas que no conozco y que no quiero conocer, me había sido obsequiado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Paréceme saber cual es el odioso significado del susodicho papel. El pergamino tiene mi nombre y espera mi firma. El pergamino es un pagaré. El precio por las visiones que me fueron dadas a conocer. El ser que a mi vino, me reclama ahora el pago. Me reclama ahora mi alma.» &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dejó caer el libro sobre la mesa y se recostó sobre la silla, anonadado por lo que acababa de leer. Un sudor frío le recorría la espalda y el viento que silbaba a través de la ventana contribuía a aumentar su nerviosismo. ¿Qué criatura era la que había acudido a la llamada del viejo boticario? ¿Qué visiones eran esas que la mente del tal Iñigo había vislumbrado? ¿Eran reales o solo producto de su imaginación? ¿Se hallaba el viejo hombre bajo los efectos de alguna droga? ¿Acaso no había preparado un extraño ungüento que había untado en su piel? Sin embargo, y por otro lado, las visiones eran nítidas y estaban cargadas de claras reminiscencias a hechos presentes. Enfermedades provocadas por el hombre, decía el texto. ¿Y es que acaso no se había demostrado que con los avances genéticos, un cúmulo de nuevas armas biológicas, virus y mutaciones habían sido expuestos a la humanidad? ¿No era cierto que debido a las grandes diferencias económicas entre las naciones y a la constante ingerencia de unos países en la política de otros más débiles, el mundo se encontraba plagado de guerras? Estaba demostrado que el control de la tecnología y la información equivalía a poder, a un poder mayor del que las armas pudieran otorgar. «Y vi la tierra elevarse en columnas de humo y ceniza y los mares hendirse en abismos de fuego» decía el viejo visionario. ¿Es que acaso no coincidía esa descripción con las consecuencias de un holocausto atómico?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las afirmaciones del boticario eran demasiado sugerentes como para pasarlas por alto. No obstante le costaba creer que aquello pudiera ser cierto. ¿Cómo aceptar que mediante un ritual, del que se desprendía un tufo satánico a todas luces, pudiera adquirirse el conocimiento del futuro de la humanidad? ¿Existía realmente el Diablo o solo era un concepto moral? Durante toda su vida había permanecido incrédulo ante cualquier aspecto de la religión, hasta el punto de que se consideraba ateo. No obstante el contenido del diario, tan misterioso y al mismo tiempo tan real, había bastado para sembrar en él la semilla de la duda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Allí solo. En el frío ático. A la tenue luz de una vela y rodeado de oscuridad, sintió que se le erizaba la piel y un escalofrío le hizo temblar. Se levantó de la silla y paseó lentamente, apoyando los pies con suavidad sobre el entarimado. No quería provocar ruidos innecesarios. Ruidos que pudieran sobresaltar su maltrecho ánimo. Ruidos que pudieran atraer la atención de algo sobre él. Definitivamente el miedo se había adueñado de él y aunque hubiera dado cualquier cosa por estar lejos de allí, en esos momentos no se atrevía ni a abandonar la desvencijada buhardilla en donde se encontraba. Fue consciente de ello y sincerándose consigo mismo se dijo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Esperare a mañana y en cuanto amanezca salgo de aquí, aunque sea por la ventana y aunque me rompa la crisma.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Extrajo el último cigarrillo del paquete de tabaco y lamentándose de sus calamidades, lo encendió con la misma llama de la vela. Sus manos temblaban ligeramente debido al frío y al miedo. Todo su cuerpo se hallaba tenso por los nervios y por su mente desfilaba un torbellino de imágenes, a cuál más tenebrosa. El terror había desbocado su imaginación y le impedía controlar sus propios pensamientos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue entonces cuando recordó el incidente ocurrido minutos antes. Cuando creyó oír un portazo en la planta baja y resultó ser imaginación suya. La lectura del diario lo había predispuesto a imaginar cualquier cosa y ahora su mente le decía que aquél no era un hecho aislado. Que alguna extraña conexión unía el diario con las penurias que estaba viviendo. La extraña y vieja casa que parecía sacada de una película de terror. El oportuno golpe de viento que había roto los cristales y había atascado la puerta del ático. La no menos oportuna patada al baúl que había propiciado el descubrimiento del diario. El ruido en la sala inferior. La ingente cantidad de polvo que confería a todo el conjunto una antigüedad arcaica, como si la casa y su contenido hubieran permanecido inalterables desde hacía siglos hasta su llegada. Incluso la tosca y absurda vestimenta que ahora llevaba para combatir el frío. Todo ello parecía obedecer a un retorcido juego de azar en el que el papel de conejillo de indias o bufón, le hubiese sido asignado a su persona.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se recolocó acomodó el chal sobre los hombros y se levantó de la silla nervioso. Caminó despacio de pared a pared, hasta que un sonido procedente de la planta inferior se dejó oír. El sonido, indeterminado, hosco y sugerente, desbocó su corazón que latió a toda velocidad y llenó de temores su mente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se dirigió de un salto hasta la puerta y abrió la hoja despacio, como si temiera descubrir lo que había al otro lado. La oscuridad del pasillo fue lo único que encontró. Enfocó con la linterna las dos puertas del piso inferior y caminando lentamente, bajó las escaleras. Se acercó despacio al umbral de su izquierda y alumbró en el interior de la habitación sin dejar de prestar atención a su espalda. Como esperando recibir un ataque por sorpresa. Después, repitió esa misma operación con el otro cuarto. Terminado el examen de ambas habitaciones dirigió sus pasos por tercera vez hacia el salón de abajo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Iluminó el pasillo del primer piso y avanzó resueltamente hacia el siguiente tramo de escaleras. La piel de su cuello y de sus brazos se había erizado y su corazón latía a cada paso con más potencia. Llegó hasta el borde de las mismas y comenzó a bajar los peldaños de dos en dos, haciendo caso omiso del riesgo que eso suponía. Culminó el descenso y alumbrando el umbral que daba paso al exterior, enfocó aterrorizado el portón, pues alguien o algo golpeaba con frenesí la madera desde el exterior.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los golpes se sucedían ininterrumpidamente, con saña, con furia, como si el responsable de lo mismos estuviera preso de un insano frenesí. El instinto le hizo retroceder. Aquello que golpeaba la puerta con tal violencia desprendía tal maldad, que podía sentirla en el aire y en su piel. Como si a través de las paredes pudiera filtrarse una leve cortina de humo, que daría paso a una terrible aparición en el momento en el que la puerta cediese. Y en su cerebro se clavó un pensamiento. «¡Huye! ¡Escóndete! Lo que está ahí afuera te ha olido y viene por ti». Sus músculos se tensaron y todo su cuerpo se convulsionó. Giró sobre sus pasos y otra oleada de pánico llegó hasta él. La otra puerta de la habitación, aquella que no había conseguido abrir, desprendía una leve fosforescencia blancoazulada, al tiempo que un intenso olor nauseabundo se dejaba sentir a su alrededor. La linterna cayó de su mano y él, quedó inmovilizado preso del miedo. Observó con los ojos desorbitados cómo la luz se hacía más intensa y pudo escuchar, intercaladas entre las furiosas embestidas, que el portón sufría tras él, unas voces que clamaban con gritos guturales y que procedían del otro lado del luminoso umbral. Sin poder soportar más la situación y lanzando un grito despavorido, se arrojó sobre las escaleras en un intento desesperado por huir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La mala fortuna quiso que la madera de uno de los peldaños no aguantara más, y cuando casi había culminado la ascensión, perdió el equilibrio y con un alarido se derrumbó escaleras abajo. Rodó por los escalones golpeando su cuerpo repetidas veces, hasta que por fin alcanzó el duro suelo. Miró entonces, entre el lacerante dolor que sentía, un instante a la luz y después la oscuridad se aposentó en su mente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando más tarde abrió los ojos, pudo ver sobre su cabeza un enrejado de antiguas vigas de madera y comprobó, no sin cierto estupor, que se encontraba tirado en el suelo del viejo ático. Frente a él, levemente iluminado por la luz de la vela, se hallaba un viejo sentado en la única silla que había en la habitación. Un viejo que lo miraba con interés, con curiosidad casi científica, con una expresión de sorpresa y al mismo tiempo de sorna. Con una mirada cargada de ironía y una expresión picaresca en el semblante. Un viejo no muy alto, que apoyado en un viejo y oscuro bastón de madera, vestía una levita negra sobre un chaleco rojo granate. Que calzaba botas negras e iba enfundado en un pantalón negro también, de uno de cuyos bolsillos salía una cadena de oro que remataba en un curioso reloj, también de oro y que el viejo acariciaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El joven se incorporó con el cuerpo dolorido, al tiempo que el desconocido decía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Buenas noches mi joven amigo. Espero y deseo que no te encuentres dolido, por lo menos, no más de lo lógico. Esa caída tuya ha sido realmente espectacular y de caídas así, nada bueno puede sacarse. Nada bueno para el cuerpo se entiende. Aunque un organismo como el tuyo, joven y pletórico de vida, bien puede aguantar cosas más fuertes. ¿O me equivocó quizás?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El anciano había planteado la pregunta, sin emoción alguna, sabedor de que la respuesta era obviamente afirmativa. ¿Acaso no había sometido a su mente y su corazón a altas dosis de agitación en las últimas horas? El viejo no se había presentado a si mismo, por lo que el joven preguntó temeroso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Quién es usted?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hombre no respondió inmediatamente. Mantuvo la mirada y sonrió. Acto seguido, y ladeando la cabeza en un gesto vago, como restando importancia a la cuestión, añadió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Tranquilo mi joven amigo. Deja tus temores a un lado. Quienquiera que yo sea, no te he causado mal alguno y ocasión he tenido. Te recuerdo que durante un tiempo estuviste inconsciente y a mi merced, y como puedes comprobar sigues intacto y de una pieza. Mi única intención es la de mantener una tranquila y pausada charla contigo y ver en qué puedo ayudarte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El maltrecho joven se apoyó en la mesa y sin apartar la mirada del desconocido, procedió a interrogarle. No alcanzaba a comprender bajo qué circunstancias y en qué momento había llegado hasta él. Y en todo caso, el recuerdo de los angustiosos momentos que había vivido, seguía muy presente en su ánimo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Cuánto hace que está aquí? ¿Me ha subido usted hasta aquí arriba? ¿Vio algo extraño en algún momento?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lanzó las preguntas de forma pausada, conforme aparecían en su mente. Y lo hizo en voz baja, con desconsuelo y sin fuerzas. Por algún extraño motivo intuía que la presencia del desconocido no suponía ninguna mejora en su situación. Incluso sospechaba que alguna macabra sorpresa le esperaba al final. Que la conversación que había iniciado estaba fuera de contexto y le deparaba problemas mayores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El joven desplazó la mirada hasta la mesa y observó que ni el teléfono móvil ni el diario se encontraban ya sobre la misma. Miró cabizbajo su reloj y advirtió que se había detenido, que las manecillas habían dejado de girar exactamente a las doce en punto de la noche. Alzó el rostro y pregunto al anciano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Qué hora es?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El desconocido sonrió. Mantuvo sus ojos fijos en él y lentamente añadió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Veo que te preocupa el tiempo. El tiempo transcurrido. El tiempo que aún queda por pasar. ¡El tiempo! Ese curioso y ancestral concepto que los seres humanos atesoran con una mano y desperdician con la otra. ¿Sabes? El tiempo es como un reloj de arena que cuando vacía el último grano, finaliza la cuenta de todo. Es como la llama de esa vela de ahí detrás. Ahora luce, pero al final se apagará. Hay hombres que han considerado el tiempo como la vida misma. Otros afirmaban que era la muerte, que antes o después se muestra ante nosotros. Invariable. Imperturbable. Paciente en su espera. Lo cierto es que muy pocos se han atrevido a darle la vuelta a ese mágico reloj y volver a contar el principio desde el comienzo. —el viejo hizo una pausa y luego añadió– Y dime. ¿Te atreverías tú, a dar la vuelta al reloj?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No comprendo sus palabras. ¿Es un acertijo? —respondió el joven.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Acertijos? ¡Oh, no, por favor, mi cansado amigo! —corrigió el anciano con voz melosa— Sabes muy bien de lo que te hablo. El enigma que mis palabras encierran no es tal. Tú conoces el significado de mi presencia aquí y ahora, tal y como en sus tiempos lo supo Don Iñigo de Valdeaceas. ¡Ah, no pongas esa extraña cara! ¿Realmente te sorprende que te hable de mi viejo y querido amigo? Si tuviéramos más tiempo..., ¡Oh, perdón, he dicho tiempo! Me he expresado inadecuadamente. Harás el favor de disculparme, ¿Verdad? En realidad lo que quería decir era, que si dispusiésemos de un conjunto más amplio y numeroso de pequeños instantes, te hablaría del buen Iñigo y de lo fiel y leal siervo que fue y de... ¡Por todos los demonios! Noto por tu expresión que no te encuentras bien. ¿Puedo hacer algo por ti, mi querido amigo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras el desconocido hablaba sin parar, el joven había estado enlazando cabos extraídos de las palabras del viejo. El anciano decía conocer al boticario, pero eso era imposible dada la antigüedad del libro. Por otro lado el hombre afirmaba que el tal Iñigo había sido un fiel y leal siervo, de lo que se desprendía que aquel individuo que tenía delante había sido amo o señor del desafortunado autor del diario. ¿Cómo podía alguien vivir tantos años? Aquello tenía que ser forzosamente una pesada broma. Obviamente el anciano había leído el diario y ahora se aprovechaba de ello para asustarle. ¿Estaba rematadamente loco el viejo? Y lo que era más importante ¿Podía resultar peligroso?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dudando entre transmitirle o no su incredulidad al hombre que le hablaba, cayó en la cuenta de otra cuestión más peliaguda. ¿A quién se refería el boticario cuando en el libro se expresaba con frases como «mi señor»? ¿No había supuesto que el ritual contenido en las páginas del diario era de tipo satánico? En ese caso, ¿No sería lógico pensar, que «el señor» al que se dirigía Don Iñigo de Valdeaceas, sería por tanto el mismísimo Demonio? Si así era, ¿Quién era el extraño tipo que tenía sentado frente a él? Un sudor frío empapó su frente y unas terribles náuseas se apoderaron de su estomago. Su rostro se volvió lívido y hubo de agarrarse a la mesa para no caer al suelo. Su mente le decía que abandonara la habitación, que no continuara allí ni un minuto más, pero sus piernas se negaban a obedecer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El viejo seguía acariciando su extraño reloj y sonreía mostrando los dientes. Unos dientes pulcros, blancos, ligeramente puntiagudos, entornados por unos finos labios. Su rostro expresaba una ansiedad contenida. Sus ojos, con las pupilas dilatadas, permanecían clavados en él. Su mano derecha agarraba con tal fuerza el bastón de madera, que los nudillos se mostraban pálidos, sin sangre. De toda la figura del anciano emanaba una presencia que no le era desconocida. La había sentido con anterioridad. La había notado junto al portón de la casa antes de rodar por las escaleras. Y ahora sabía que quienquiera que fuese el ser que se mostraba ante él con cuerpo de hombre, no era de este mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡No te acerques a mí! —balbuceó retrocediendo hasta la pared.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Temes lo desconocido. Es natural. Está en la naturaleza del ser humano temer aquello que no conoce. Aunque la realidad es más cruda de lo que a primera vista parece, pues el origen del miedo radica en el deseo de poder y por tanto, todo lo que no es factible dominar causa temor. Nadie teme a una simple mariposa pues es fácil de aplastar, nadie teme a la arena pues sobre ella se camina, nadie teme a la luz pues un preciado bien es a los ojos de la humanidad. Y sin embargo, cualquiera de ellas puede traer el mayor de los infortunios sobre el ser humano. Tú me temes a mí y debo decir que haces bien.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El joven apretó la espalda contra la pared, en un intento desesperado por huir de las terribles palabras del anciano. Pero por alguna extraña y diabólica mutación en el ambiente, percibía que la propia habitación le empujaba hacía la siniestra figura. Como si el suelo se hubiese combado y se hubiese vuelto tan resbaladizo, que el propio peso de su cuerpo lo arrastrase a los pies de aquello que más temía. Sus rodillas se doblaron y cayó rendido sobre el suelo. Agarrándose las piernas con ambas manos, hundió la cabeza en el regazo sollozando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Veras mi incrédulo amigo. —continuó el desconocido— Hace un buen rato que te estoy observando. Concretamente desde que comenzaste a hojear las páginas del diario de Don Iñigo. Y debo reconocer que me he divertido bastante contigo. Fue una jocosa ocurrencia la tuya, la de recitar en voz alta los párrafos que encontraste en el libro. Te mostraste atrevido e irreverente, y fue por ello por lo que decidí hacerte una pequeña visita. Una visita de cortesía profesional. Digamos que me he encaprichado de ti.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La última frase del anciano, pronunciada con una suave y melosa voz, desato los nervios del asustado joven a cuya memoria vinieron las palabras leídas en el texto y que fueron pronunciadas por la sombra llamada Azrael.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;«El supremo amo y señor de todo lo creado no trata con inmundicias como tú. Ese trato está reservado para otros de los que mi amo se encapricha, para premiar o castigar.»&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;¡El supremo amo y señor! ¡El Diablo en persona! Un grito desgarrador escapó de su garganta mientras el viejo comenzaba a reír frenéticamente, con los ojos desorbitados y con el cuerpo convulsionado. Reía con más fuerza cada vez, con sonoras carcajadas cargadas de furia, mientras la histeria se apoderaba del joven. Hasta que inesperadamente, los gritos de éste quedaron ahogados por el terrible vozarrón que surgió del viejo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡YO SOY AQUEL DEL QUE NACEN TUS TEMORES Y TU ERES LA CARNE DE LA QUE ME ALIMENTO!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El viejo se levantó de la silla con dificultad. Su cuerpo había comenzado a hincharse y un intenso sudor recorría todo el rostro del anciano. El color de su piel se había vuelto blanquecino y en los ojos vueltos ya no se apreciaba el iris o la pupila. De su boca caían hilillos de baba y sus manos se habían agrietado hasta parecer garras sarmentosas. Dio un paso hasta la temblorosa figura acurrucada contra la pared y luego otro. Y mientras avanzaba lentamente, iba cambiando su forma hasta quedar tan solo en un tosco remedo de lo que minutos antes había sido un ser humano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El joven temblaba de pánico mientras veía la terrible forma que se acercaba hasta él y aunque no le quedaban apenas fuerzas, se arrastró hacia la puerta en un último y postrero intento por huir. Arañó las tablas de madera con las uñas y apretó los dientes evitando mirar atrás, hasta que con un fuerte tirón algo le agarró de los pies. Giró el rostro aterrado y comprobó, perdidas las esperanzas, que una de las garras de la bestia había hecho presa en su pantalón y tiraba con fuerza, atrayéndolo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El tenebroso ser que lo había capturado había dejado cualquier apariencia humana y los cambios de los que había sido testigo, se habían acentuado. La figura se erguía ahora en toda su altura. Tenía más de dos metros y una cabeza abombada de la que se había desprendido el pelo. Mostraba un par de ojos reptilianos y unas enormes y terribles fauces repletas de afilados colmillos. La ropa colgaba en jirones y a través de ella se apreciaba un poderoso torso cubierto de pelo. Las garras, poderosas como tenazas, eran el remate de unas largas y nudosas extremidades. Las piernas, curvadas como las de las cabras, se aposentaban sobre dos puntiagudas pezuñas malolientes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El monstruo se inclinó sobre él y agarrándolo por el cuello, lo levantó. El joven sintió el fétido aliento de la bestia en su rostro y en un acto instintivo se orinó encima. Pudo notar el calor que se expandía por su entrepierna y sin poder evitarlo gimió y lloró, mientras colgaba como un pingajo de las poderosas garras de su captor. La oscura presencia lo miró detenidamente unos instantes y acto seguido sujetó la cabeza de su victima con ambas garras, mientras sus fauces babeaban.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El joven supo que iba a morir y que su muerte iba a ser horrible. Veía la maldad en los ojos de aquel ser mientras el hedor nauseabundo aturdía sus sentidos. Sus sienes latían con fuerza y el oxigeno llegaba con dificultad a sus pulmones, debido a los espasmos que sufría. Su respiración era entrecortada y sus músculos, ahora sin fuerzas, colgaban flácidos. El rostro de la bestia se acercó a él, al tiempo que sus fauces se abrían desmesuradamente. Pudo ver lentamente, cómo las filas de colmillos se acercaban a su cabeza y cómo su muerte estaba cada vez más cerca. Cerrando los ojos esperó resignado la dentellada final, mientras en su mente, la negrura más absoluta y el vacío más desalmado se abrían paso. Después sólo quedó el silencio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un silencio roto tan solo por los latidos de su corazón. El silencio que precede al final. El silencio oscuro del que nada emerge. El silencio vacío. Y en ese denso silencio que todo lo llenaba quedó preso durante una eternidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de un tiempo indeterminado, de un infinito conjunto de instantes, un sonido se elevó en ese vacío silencioso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;H… ..c. ..l...ja..&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un sonido que fue tomando cuerpo y forma y se elevó iluminando la negrura que lo rodeaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ha.. ro.. .al…uja..&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un sonido que fugaz, al tiempo que lacerante, se desplegó a través de esa negrura hasta llegar hasta él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Har. ro.. .allejuja..&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y cuando alcanzó su destino, el sonido se abrió y se extendió sobre el vacío llenándolo de color y de luz y se hizo nítido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hard rock hallelujah! Hard rock hallelujah!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lordi, el grupo finlandés que había ganado la última edición del festival de Eurovisión, sonaba en la radio del despertador con su tema estrella «Hard Rock Halleluja». Las estridentes guitarras y los aullidos demoníacos del líder del grupo se sucedían, mientras el joven, con los ojos muy abiertos, sudoroso y totalmente confundido, miraba la lámpara del techo de su habitación tumbado sobre la cama. Así permaneció hasta que tras incorporarse de un salto, gritó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡UNA PESADILLA! ¡UNA PESADILLA! ¡UNA PUTA, GUARRA Y JODIDA PESADILLA!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cinco minutos más tarde, bajo la ducha y con el pijama aún puesto, el agua fría mojaba su rostro. Permaneció así durante media hora; sin moverse, mientras la limpia y cristalina agua iba borrando poco a poco los recuerdos de la terrible experiencia. Se afeitó entre sonrisas y bajó hasta su coche canturreando la canción que lo había despertado. Puso rumbo a la oficina y a diferencia de otras ocasiones, el infernal ruido del tráfico le pareció la más deliciosa de las vivencias. Ver caminar a la gente por las calles y observar la rutina diaria de multitud de personas que iban al trabajo, resultaban ahora pequeñas sorpresas cargadas de emoción. La luz del sol reflejada sobre el cristal de la ventanilla, parecía un guiño que la mañana le hacía al nuevo día.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De esa forma llegó a la oficina y saludando efusivamente a los compañeros, llegó hasta su mesa. Casi al mismo tiempo su jefe inmediato lo mandó llamar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Chico, vaya fin de semana que me he pegado! —decía sonriente el responsable de su sección—. Lo único malo de un fin de semana de muerte, es que luego llega el lunes. Debería estar prohibido que después del domingo viniese un lunes. Un miércoles o mejor un jueves. Eso no estaría mal, pero un lunes, ni loco. ¿Y tú qué tal lo has pasado?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El joven sonrió. «Un fin de semana de muerte» decía su jefe. La pesadilla que había tenido él si que era de muerte. Respondió que —bien, bien— y quedó a la espera de ver que era lo que el afortunado de su superior quería de él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Bueno, pues volviendo al trabajo, tengo para ti un encargo que puede venirte muy bien para hacerte un hueco en la oficina. Como eres el más novato de todos los que aquí trabajamos, te servirá de experiencia. Veras, se trata de tasar una propiedad ¡Vamos, pan comido! La casa en cuestión, porque es una casa lo que vas a tasar, ha sido comprada recientemente por la inmobiliaria y parece ser que tiene una pinta que te cagas para venderla después a algún ricachón de esos que le gustan las antigüedades. En pocas palabras, que se le puede sacar una pasta gansa. La casa está a las afueras de Madrid. Ahora después te daré un mapa, no sea que te pierdas. Y según parece, por lo que cuentan, debe estar repletita de objetos valiosos. El caso es que te vas a dar una vuelta hasta allí y le haces una tasación completa. Por cierto, te aconsejo que te lleves un paraguas, pues se ha empezado a nublar y no me extrañaría que lloviese. Y otra cosa más…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El joven, que había enmudecido escuchando las palabras de su jefe, miraba ahora por la ventana del despacho de su superior hacia la calle. Sin escuchar las indicaciones y los consejos que el responsable de sección le indicaba, observaba pálido y rendido hacia un semáforo que había en la acera opuesta. Junto a ella, un viejo no muy alto que vestía una chaqueta negra sobre un chaleco rojo granate, acariciaba un pequeño objeto metálico, mientras sonreía mirando la ventana del despacho donde él se hallaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y en un postrero gesto, alzó la mano y saludó.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;span class="fullpost"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;span class="fullpost"&gt;J. G. B. - Andujar, 4 de Diciembre de 2001.&lt;br /&gt;Revisado y corregido en La Carolina, 11 de Octubre de 2006.&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/991238309014375768-8172640376884161972?l=elhobbitdigital.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elhobbitdigital.blogspot.com/feeds/8172640376884161972/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=991238309014375768&amp;postID=8172640376884161972' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/991238309014375768/posts/default/8172640376884161972'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/991238309014375768/posts/default/8172640376884161972'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elhobbitdigital.blogspot.com/2008/03/el-diario.html' title='El diario'/><author><name>Igner Eldar</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06973213028224561214</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://bp3.blogger.com/_zQAbf5MRF8c/R4LQgy2ww6I/AAAAAAAAAAc/R627XCW4jXI/S220/fotoperfil.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-991238309014375768.post-3294136144792633474</id><published>2008-02-22T16:21:00.007+01:00</published><updated>2008-02-22T16:44:53.418+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='ciencia ficción'/><title type='text'>Luna de sangre</title><content type='html'>&lt;div align="left"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-family:georgia;color:#660000;"&gt;Io, la primera luna de Júpiter, destacaba con especial intensidad a través de la escotilla de la nave de salvamento. Su rojiza superficie, salpicada de volcanes, aún era visible pese a la distancia. Y aunque la luz del sol desaparecía poco a poco tras la curva línea del horizonte, la cercanía del gigantesco planeta confería a su cara visible un aura irreal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dentro de la nave y enfundado en su traje espacial, el único tripulante que la ocupaba, manipulaba nervioso los controles para posicionar el vehículo en una orbita, que le permitiese abandonar el campo gravitatorio del satélite natural. A través del cristal del casco, su rostro se mostraba desencajado y sudoroso, preso de un reciente temor. Y su mirada, saltaba constantemente del panel de mandos a la ventanilla por la que se observaba el astro del que había huido tan precipitadamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las manos del piloto se movieron con destreza y tras pulsar varios botones y accionar alguna palanca, la secuencia de reorientación del vehículo se puso en marcha. Un minuto después y tras rotar ciento ochenta grados, la nave ajustó su dirección hacia unas coordenadas específicas a dos días de navegación. El curso hacia la estación de salto GANÍMEDES había sido programado en la memoria del ordenador principal, y tan sólo restaba esperar a que los paneles solares acumulasen la carga inicial, que activaría la fusión nuclear del motor principal para alcanzar la velocidad de crucero; necesaria para trasladar a la nave y su ocupante hasta un lugar seguro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras los dígitos de la cuenta a tras, saltaban en una rítmica secuencia sobre la pantalla, el piloto cerró los ojos y respiró hondo. En ese momento las imágenes de lo ocurrido en los dos últimos días acudieron a su memoria, y el recuerdo de los compañeros que no habían podido escapar junto a él, provocó en su ánimo un acceso de ira, que lo llevó a cerrar con furia los puños frente a él.&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-family:georgia;color:#660000;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color:#660000;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;En su mente se agolparon multitud de preguntas, pero por encima de todas, se abrió paso una de ellas. ¿Qué había matado al resto de la tripulación?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="summarypost"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="summarypost"&gt;&lt;center&gt;&lt;a href="http://elhobbitdigital.blogspot.com/2008/02/luna-de-sangre.html"&gt;Seguir Leyendo... &lt;/a&gt;&lt;/center&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="fullpost"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;color:#660000;"&gt;&lt;em&gt;Cuando tres meses a tras, la UAC (Union Aerospace Company) reclamó sus servicios como segundo piloto en la primera expedición de investigación geológica en Io, no pudo imaginar el trágico resultado que les esperaba a todos ellos. En ninguno de los posibles escenarios propuestos por los analistas aparecía un desastre de esas dimensiones. Los planes de contingencia ante posibles eventualidades cubrían desde averías técnicas de grado menor, hasta el traslado urgente de posibles heridos hasta la estación de salto más cercana. Pero la posibilidad de muerte de alguno de los integrantes de la tripulación estaba descartada, dado el alto nivel tecnológico existente y la más que sobrada experiencia en viajes espaciales de todos ellos. De hecho todo había ido conforme a lo previsto. El viaje hasta Io fue efectuado sin problema alguno, el aterrizaje posterior y la instalación de las cámaras de sustento vital, necesarias para proveer de oxigeno y medios habitables al grupo expedicionario, se realizó con relativa facilidad. Los primeros exámenes “in situ” del satélite y los primeros análisis del material extraído, auguraron un éxito sin precedentes, dada la riqueza mineral constatada. Todo había ido según los planes hasta aquella mañana, cuando tras regresar de un vuelo rasante para obtener imágenes de la próxima zona de excavación, halló los cadáveres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sus manos aún temblaban al recordar lo sucedido y aunque en ese momento miles de kilómetros lo separaban del lugar de los hechos, el temor aún acudía en oleadas hasta su mente, inmovilizándolo frente a la pantalla. Porque no había sido el impacto de la muerte de sus compañeros, lo que le había hecho correr despavorido a través de las instalaciones hasta la pequeña nave de salvamento para huir de allí, sino el estado en que encontró los cuerpos. Víctimas de una inusitada violencia asesina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todo había comenzado a complicarse cuando perdió la comunicación con la base de operaciones. De repente y sin que existieran signos de avería alguna, nadie respondía a sus llamadas. Sencillamente, el silencio se había adueñado de la radio. Preocupado por ello, había decidido volver sin finalizar su trabajo completamente. Tras aterrizar en la base, comenzó a observar los primeros signos de que algo no iba bien. Algunos objetos aparecían caídos y destrozados. Varios paneles de observación habían sido derribados y en un par de accesos, la iluminación había desparecido. Extrañas manchas parduscas formadas por un desconocido material viscoso se encontraban dispersas por el suelo y las paredes, sobre las mesas y los objetos, y junto a ellas aparecían otras de color rojizo. Alguno de sus compañeros había dejado las huellas de sus botas al correr precipitadamente y éstas desparecían de repente, borradas por una mancha de mayor extensión. Tras recorrer el último tramo de un pasillo que comunicaba con una sala utilizada habitualmente como zona común, encontró al resto de los integrantes de la misión, o al menos encontró lo que quedaba de ellos. La visión fue tan impactante que durante varios segundos permaneció de pie, en silencio, observándolo todo inerte, con la mente vacía de cualquier pensamiento. Después y cuando su cerebro volvió a tomar el control de su cuerpo, tan solo gritó. Gritó una y otra vez. Gritó hasta que sus pulmones quedaron vacíos, hasta que su garganta no pudo más. Y luego corrió. Corrió sin mirar atrás. Sin importarle si entre aquellos trozos de carne y bajo los miembros sanguinolentos quedaba alguien con vida. Corrió sin dejar de gritar y aún lo siguió haciendo cuando la pequeña nave de salvamento se elevó hacia la oscuridad del firmamento, mientras las estrellas centelleaban a su alrededor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Qué desconocida y monstruosa bestia podía haber provocado aquella carnicería? ¿Es que acaso existía vida en aquella tenebrosa luna en orbita a Júpiter? ¿A qué brutal y despiadado enemigo se habían enfrentado sus malogrados compañeros? Su mente no alcanzaba a dar forma a aquello que aguardaba oculto en algún lugar de Io, pero la sola idea de que pudiese haberlo encontrado frente a él, le hacía llorar de terror. Cerró los ojos y entonó una oración mientras la nave seguía su curso imparable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fuera de la cabina, una larga antena de varios metros y veinte centímetros de grosor, utilizada como boya de posicionamiento, sobresalía bajo el casco de acero. Agarrada a ella, una oscura y extraña forma se mantenía fuertemente sujeta. En la prominente protuberancia que la coronaba, un vidrioso globo ocular parpadeó dos veces y después se cerró. Acto seguido la forma se encorvó y tensó sus miembros preparándose para el largo viaje. &lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="fullpost"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;span class="fullpost"&gt;J. G. B. - Septiembre, 2007 &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/991238309014375768-3294136144792633474?l=elhobbitdigital.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elhobbitdigital.blogspot.com/feeds/3294136144792633474/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=991238309014375768&amp;postID=3294136144792633474' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/991238309014375768/posts/default/3294136144792633474'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/991238309014375768/posts/default/3294136144792633474'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elhobbitdigital.blogspot.com/2008/02/luna-de-sangre.html' title='Luna de sangre'/><author><name>Igner Eldar</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06973213028224561214</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://bp3.blogger.com/_zQAbf5MRF8c/R4LQgy2ww6I/AAAAAAAAAAc/R627XCW4jXI/S220/fotoperfil.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-991238309014375768.post-4773469553802083317</id><published>2008-02-21T01:34:00.005+01:00</published><updated>2008-02-21T01:54:01.030+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato corto'/><title type='text'>Nilaia</title><content type='html'>&lt;div align="left"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;color:#660000;"&gt;&lt;em&gt;El sol abrasador castigaba fieramente a las dos figuras que avanzaban pesadamente por la llanura. El orbe parecía sonreír con ironía mientras frenaba el avance del caballo y la llanura desierta de vida, se hacia eco del lamento, de la ausencia y la soledad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El animal avanzaba lentamente, con un andar pesado, resignado, con la seguridad que nace del dolor conocido. Tropezaba a cada instante y aunque parecía tan débil que podía derrumbarse de un momento a otro, continuaba caminando, obstinadamente, buscando quizá el final del camino para detenerse y descansar, para no sentir más la carga que llevaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sobre la montura, un viejo caballero se mantenía encorvado. Agarraba las riendas de su corcel con fuerza, con manos sarmentosas y con la espalda doblada por el peso del hastío. El pelo enmarañado le caía sobre la frente surcada de arrugas, los ojos tristes de mirada perdida, la respiración lenta, los labios apretados. El sudor bañaba su cuerpo y el dolor y el cansancio recorrían cada una de las fibras de su piel. Pero hacía tanto tiempo que ambos eran compañeros de viaje, que se había acostumbrado a su presencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El caballo volvió a tropezar y el jinete detuvo el paso. El animal se mantuvo inmóvil mientras el calor envolvía su piel. Las crines caían sobre su cuello cubiertas de polvo y sus patas temblaban por el cansancio. Agachó la frente, rendido por el penetrante sol y esperó a que su señor decidiera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El caballero se enderezó con esfuerzo sobre la silla. La vieja y gastada armadura pesaba demasiado. La llevaba desde hacía tanto que se había convertido en su segunda piel y aunque lo había defendido en incontables batallas, algunas veces anhelaba desprenderse de ella y liberarse de su opresión. La espada colgaba de su cinto. Era larga y afilada, pero las huellas del tiempo habían dejado su marca y en algunos lugares la herrumbre y el desgaste se apreciaban profundamente. Antaño había brillado, había deslumbrado a sus enemigos, había sido temida. Engarzada de luz y adornada de gloria, había sido levantada tantas veces que su solo nombre causaba respeto. Ahora, la apatía, el hastío y el tiempo la habían apagado y raras veces era desenfundada.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="summarypost"&gt;&lt;center&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://elhobbitdigital.blogspot.com/2008/02/nilaia.html"&gt;Seguir Leyendo... &lt;/a&gt;&lt;/center&gt;&lt;center&gt;&lt;/center&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="fullpost"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;color:#660000;"&gt;&lt;em&gt;El jinete miró al animal, acarició sus crines y percibió el cansancio del caballo, tan parecido al suyo. Hacía tanto tiempo que estaban juntos que no recordaba una vida sin su corcel, como si al nacer ya hubiesen sido uno. Como si jinete y montura formaran un único ser que se complementase y se comprendiese. Con el que poder hablar en la oscuridad de la noche, en la soledad compartida. Con el que llorar o reír, con el que compartir sueños y esperanzas, con el que vivir, aunque nunca se obtuviese una respuesta. Alguien tan afín que mirarlo y hablarle equivaldría a verse reflejado, como si de un espejo se tratase.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El jinete miró ahora a un lado, al Oeste. La llanura se extendía ininterrumpidamente hasta alcanzar los pies de unas cumbres lejanas, oscuras, calladas, amenazantes bajo un cielo gris. Las nubes que cubrían el Oeste eran negras, densas y asfixiantes. Él las conocía muy bien, no en vano había vivido allí. Eran su pasado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un pasado preñado de derrotas gloriosas, de victorias calladas, de luchas sin causas, de causas no seguidas y de vidas perdidas. Porque perdidas son las vidas que no se viven. Un pasado de sueños soñados, de ilusiones dormidas, de visiones de futuro, de un futuro que no llega. De lamentos llorados, de risas oprimidas, de cantos sin voz, de voces que no cantan, de almas buscadas y de la traición encontrada. Un pasado en definitiva, que había marcado su mirada y había hecho florecer las nieves en su cabello.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un pasado colmado del dolor propio y ajeno, del que se siente en la propia carne, del que se sufre en el alma propia. El que nace de la agonía del ser querido y que penetra muy dentro del corazón. Aliado de la impotencia, compañero de la soledad, amante del desengaño, hijo del lamento, hermano incestuoso de la envidia, padre de la resignación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un pasado que le había negado el derecho a ser él mismo. Un pasado que le había robado preciosos instantes y que como avaro, le había cobrado un alto precio por escasos momentos de felicidad. Un pasado que se resistía a ser olvidado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una visión fugaz cruzó la mente del viejo luchador y durante un instante, recordó imágenes pasadas, risas y alegrías compartidas, caras ya olvidadas. Como retazos de una vieja historia en boca de un trovador, se vió a sí mismo en antiguas andanzas, cuando aún el soñar no era una libertad olvidada por el destino. Cuando el mundo de los hombres aún no había impuesto sus frías garras sobre él. Cuando las normas y las leyes aún estaban engañosamente adornadas con el velo de la justicia. Cuando la libertad era un preciado sueño que al ser amado, daba a luz infinitas semillas, cuyos nombres sonaban hermosos al oído del alma. Amistad, Lealtad, Comprensión, Solidaridad, Compasión, Amor. Pero que al madurar tornaban sus nombres por otros más oscuros y fríos. Enemistad, Traición, Intolerancia, Indiferencia, Avaricia, Odio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Recordó y el recuerdo fue amargo porque amargo es el pensamiento de lo que pudo ser y no fue. Amargo como el sabor de la desesperanza, del error repetido, de la puñalada amiga, de la victoria en soledad, de un adiós compartido, de un amigo que se va.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Miró de nuevo a su caballo y sonrió. Con la sonrisa sarcástica que nace del desengaño. Cerró los ojos y aspiró hondo. Musitó un nombre para sus adentros y se irguió sobre la silla. Endureció su mirada, al tiempo que agarraba las riendas y se decía “Bien viejo amigo, es hora de continuar, el destino, tú y yo.”. El caballo alzó la cabeza y piafó, y el jinete respondió “Cierto amigo, cierto. Ante la adversidad, Rebelión”. Espoleó a su montura y el corcel inició el trote.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora el caballero sonreía. Miraba al Este.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Este. Mágico lugar aún no hollado. Deseado con impaciencia. Amado sin ser conocido. Esperado con ansiedad. Vivido solo en los sueños. Un luminoso y cálido cielo de color azul lo esperaba allí. El Este. El futuro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero no, aún no. Aunque su alma era llamada con insistencia, aún no podía emprender ese viaje. No en soledad. No desde que un sueño se elevó por encima del resto y anido en su corazón. No desde que su alma inquieta quedase presa de unos ojos, de una voz. No desde que una alegría antigua, casi olvidada, viniese de nuevo a habitar en él. No desde que el destino, entretenido jugando con el azar, olvidase fustigar la existencia de aquel simple hombre. No sin Nilaia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Nilaia, mi dulce Nilaia. -Musitó como en una plegaria.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Siguió recto sobre la llanura, con la mirada puesta al Norte. Ese Norte al que siempre se dirigía, pero que esquivo como la luna entre las hojas de un árbol, se resistía a ser alcanzado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Avanzó presto, sin prisa pero sin pausa. Sabedor de que el destino burlón podía en cualquier momento volver a posar la mirada sobre él y cruel como sabía serlo, confundir sus pasos e impedir alcanzar lo que tanto amaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Nilaia -se dijo-, te amo. Allá donde te encuentres, me reuniré contigo. Así tuviera que cruzar el valle de los lamentos, avanzar por los senderos del dolor, navegar por los mares de la oscuridad, escalar las cumbres de la desesperación o vagar por las grutas del tormento. Aunque todas las hordas del infierno viniesen tras de mi, nada me impediría volver a ver la luz de tus ojos, nada impediría que te tomase de la mano y te mirase, nada me impediría estar a tu lado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ante el recuerdo de su amada se irguió aún más en la silla, la mirada serena, el porte orgulloso. El caballo levantó el cuello y relinchó. Y el sonido se extendió ensalzando el pensamiento del jinete. “Nilaia”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El corcel avanzaba ahora ligero, como un joven alazán brioso. El caballero, sobre la montura, con la luz de su pasión en los ojos, el nombre de su dama en los labios y el rostro de su princesa en la mente, cabalgaba sin temor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Nilaia, mi dulce Nilaia, llegaste a mí como el embriagador aroma del vino. Como la luz del sol entre las nubes. Como la brisa a la orilla del mar. Como el roció al amanecer. Como el calor de una hoguera en el invierno. Como la primavera tras las nieves. Casi sin darme cuenta. Eres mi dama, mi señora, mi princesa, mi reina, mi hada, mi diosa. Eres todo y todo lo que tú eres, es lo que yo amo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El caballero volvió a mirar al Este. Sonrió y gritó,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Espérame futuro! Llegaré a ti y no llegaré solo. Y si no quieres esperarme, no lo hagas. Te encontraré, te escondas donde te escondas. Porque el futuro no es de uno sino de dos y si cuando te veamos no nos gustas, ¡Ay de ti! Te cambiaremos, te inventaremos, te daremos forma, te pondremos la cara que más nos guste, te vestiremos cada vez que queramos, te renovaremos, te mataremos y te daremos vida. Porque has de saber que no somos marionetas de tu juego sino amos de tus hilos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El jinete regresó la mirada al Norte y juró,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Nilaia, mi dama, mi señora. Por ti soy y hasta ti llegaré!&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;J. G. B. - En algún momento de 2001&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/991238309014375768-4773469553802083317?l=elhobbitdigital.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elhobbitdigital.blogspot.com/feeds/4773469553802083317/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=991238309014375768&amp;postID=4773469553802083317' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/991238309014375768/posts/default/4773469553802083317'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/991238309014375768/posts/default/4773469553802083317'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elhobbitdigital.blogspot.com/2008/02/nilaia.html' title='Nilaia'/><author><name>Igner Eldar</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06973213028224561214</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://bp3.blogger.com/_zQAbf5MRF8c/R4LQgy2ww6I/AAAAAAAAAAc/R627XCW4jXI/S220/fotoperfil.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-991238309014375768.post-7549708750805815147</id><published>2008-02-18T13:42:00.002+01:00</published><updated>2008-02-18T13:46:25.629+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='hiperbreves'/><title type='text'>Melinda "zanahoria"</title><content type='html'>&lt;p&gt;&lt;span style="font-family:georgia;color:#660000;"&gt;&lt;em&gt;Melinda parpadeó una vez y la luna se volvió rosa. Parpadeó una segunda vez y a la brillante superficie del astro le salieron lunares verdes. En la tercera ocasión, una amplia sonrisa se dibujó en la cara visible del satélite. Tan amplia como la que mostraba el rostro de la señorita Beaumont, al comprobar lo avanzada que la pequeña se encontraba en el uso de la magia gesticular.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Espero que hayáis prestado atención —Dijo la profesora al resto de la clase. Y a continuación agregó—. Deberíais aprender de Melinda en lugar de perder el tiempo con juegos tontos e inútiles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa última frase la había pronunciado con especial énfasis, dirigiendo una mirada reprobatoria hacia la figura de Nicolás; el más torpe y haragán de todos los estudiantes que asistían a su clase.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Para mañana quiero que os estudies la fórmula magistral para llamar a la lluvia. Y quiero que os la sepáis de memoria. Sílaba a sílaba. No quiero errores a la hora de entonar el cántico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A su memoria vinieron las imágenes de la última ocasión en que intento enseñar a un grupo de alumnos el uso de la citada fórmula, y del terrible tornado que fue desatado por error.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—De hecho y para aprovechar el tiempo, vamos a dedicar la última media hora de la clase a leer el capítulo en cuestión. Abrid el libro de magia por la página 143 y comenzad a leer en silencio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todos los alumnos obedecieron a regañadientes y se pusieron manos a la obra con desgana. Todos menos Melinda, que con una pícara sonrisa en los labios dejó pasar las páginas del libro hasta llegar a la indicada y leyó vorazmente el contenido de la misma. Segundos después cerró el grueso tratado de magia y entornando los ojos memorizó las palabras que formaban el cántico. Cuando poco después los abrió, un ligero pero perceptible brillo emanaba de las pupilas de sus profundos ojos verdes. La señorita Beaumont, que no había quitado ojo a sus ademanes en todo momento, no pudo evitar sentir un leve temblor. Pues supo instintivamente que su joven alumna había comprendido en un instante la naturaleza de la fórmula y su modo de uso. Y aquello le provocó un sentimiento de envidia y admiración.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Envidia, porque la pequeña pelirroja a la que sus compañeros de clase llamaban “zanahoria” por el color de su pelo, tenía un poder innato para la magia. Y admiración, porque si a tan joven edad ya era capaz de comprender y controlar sus poderes, qué no lograría cuando alcanzase la edad adulta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sólo el tiempo lo diría, pero en aquel momento la señorita Beaumont supo que se encontraba frente a la que habría de ser, una de las más grandes entre todas las brujas.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="right"&gt;J. G. B. - Octubre, 2007&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/991238309014375768-7549708750805815147?l=elhobbitdigital.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elhobbitdigital.blogspot.com/feeds/7549708750805815147/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=991238309014375768&amp;postID=7549708750805815147' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/991238309014375768/posts/default/7549708750805815147'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/991238309014375768/posts/default/7549708750805815147'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elhobbitdigital.blogspot.com/2008/02/melinda-zanahoria.html' title='Melinda &quot;zanahoria&quot;'/><author><name>Igner Eldar</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06973213028224561214</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://bp3.blogger.com/_zQAbf5MRF8c/R4LQgy2ww6I/AAAAAAAAAAc/R627XCW4jXI/S220/fotoperfil.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-991238309014375768.post-7942629967310134209</id><published>2008-02-15T16:20:00.007+01:00</published><updated>2008-02-19T01:29:01.149+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato corto'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='misterio'/><title type='text'>Rosas de Jericó</title><content type='html'>&lt;div align="left"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;color:#660000;"&gt;&lt;em&gt;La lluvia cae en este frío y gris atardecer. La lluvia moja mi piel y mis ropas, y en un último instante, limpia parte del barro que cubre mis manos. La lluvia se derrama lentamente sobre la tierra. Como si un ángel resignado, llorase con lágrimas conocidas por un dolor antiguo. La lluvia también me oculta, me esconde, me aísla y guarda en secreto la angustia que embarga mi alma. Esta lluvia que hoy ha venido como agua que ha de lavar los pecados que fueron y los que están por llegar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La lluvia sigue cayendo a mí alrededor. Y en el jardín donde ahora me hallo, las verdes hojas de las plantas, se extienden elevándose hacia el cielo como en una plegaria. El jardín donde me he estado afanando la última hora y que tan gratos recuerdos me trae. Aquí, en este lado de la cerca donde florecen las rosas de Jericó, que con tanto amor mi madre cultivaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Recuerdo cómo lloré el día en que los bellos y coloridos pétalos de la flor, se volvieron mustios y murieron. “No te preocupes mi niña”, me consoló mi madre con dulzura, “un día las veras florecer de nuevo. Esta es la flor de la resurrección y llegado el momento, la vida volverá a ellas bajo la lluvia”. Hoy, las rosas de Jericó vuelven a abrirse para mí. Sé, que de algún modo, éste es un signo premonitorio que anticipa lo que está por llegar. Pero todavía es pronto para sonreír. Aún no.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sigo aquí afuera, bajo la lluvia. Erguida e inmóvil, con los brazos caídos, victima del hastío de una vida que no me fue dada elegir. De una vida impuesta a modo de castigo y que como burlesca mofa del destino, hube de habitar y vestir. Como el nicho que se ocupa y que es la más odiada posesión del cadáver que en él descansa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Miro desde lejos y puedo ver la luz de la cocina a través de la ventana. Veo la cortinilla de tela recia, girar y golpear a capricho del viento contra el marco de madera. Miro y sé que él me está mirando. Con esa mirada ciega y vacía que nace del odio y la maldad. Me mira sin verme, sin abrir siquiera los ojos, pues es su alma oscura y desnuda la que me observa. Como siempre lo ha hecho. Con avaricia y ansia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="summarypost"&gt;&lt;br /&gt;&lt;center&gt;&lt;a href="http://elhobbitdigital.blogspot.com/2008/02/la-lluvia-cae-en-este-fro-y-gris.html"&gt;Seguir Leyendo... &lt;/a&gt;&lt;/center&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="fullpost"&gt;&lt;span style="color:#660000;"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;La puerta del porche golpea de cuando en cuando, empujada por el húmedo viento. Y los oxidados goznes chirrían con cada movimiento. El pasillo al que conduce está en penumbra, pero a través de él puedo escuchar los intermitentes sonidos de una radio mal sintonizada. Eso, y los murmullos inconexos de una garganta que no descansa, que no cede en la crítica y el insulto. Oigo las voces cuando el murmullo se eleva por encima del viento y oigo los golpes en la mesa, sabedora que su intensidad determina el grado de su furia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Miro hacia el cercado de madera y observo que nada se mueve en las proximidades. No he de temer que sus ofensas puedan provocar un escándalo ante los vecinos. Pues sin duda alguna, éstos no vendrán aunque les implorase auxilio. Lo sé demasiado bien. Lo he visto y lo he leído en sus caras, cuando tras una noche en vela, asustada y recluida en un rincón, he pisado la calle y me he tropezado con ellos. ¡Dignos y decentes vecinos, que no te ofrecen ni tan siquiera una palabra amable, y que tan solo te dejan ver de ellos la mueca distante de un olvido condescendiente! “Es tu problema” parecen decir. “Estás sucia y manchada” me escupen a la cara, parapetados tras una sonrisa ensayada. Pero sus miradas lo dicen todo. Te escuecen en la piel y te desgarran el alma. Y cuando vencida, agachas la mirada, ni siquiera te conceden el derecho a una retirada compasiva.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sí, nadie va a venir y eso es mejor. La lluvia no cesa y mis ropas están ya completamente mojadas. A pesar del viento y de la humedad no siento frío en mi piel. Adelanto un pie y luego otro y me dirijo lentamente hacia la puerta. Despacio, sin prisa, con una emoción creciente que hace temblar a mis manos y me ahoga la garganta. Con esa sensación dolorosa en el estomago, que te arrebata los sentidos y que hace palpitar el corazón. Con miedo, con mucho miedo. Miro hacía atrás y veo el oscuro horizonte más allá y me pregunto si quizás no existirá un lugar allí, donde poder descansar. Regreso la mirada a la puerta del porche y entro en la casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La lluvia queda fuera. Dentro solo está el dolor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un pasillo se adentra en el interior, una escalera sube hasta el primer piso y otro pequeño acceso conduce a la cocina. Tanto el pasillo como la escalera están a oscuras. La única luz en la casa procede del otro cuarto. Me acerco hasta la puerta y puedo escuchar con más claridad el sonido de la radio. Parece música, aunque es difícil distinguirla de cualquier otro ruido. El olor a tabaco se extiende y algunas volutas de humo flotan en el aire. Acerco mi mano a la puerta y empujo despacio la hoja de madera. Tras ella y sentado a una mesa en el centro de la cocina, está él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al notar mi presencia, levanta los ojos y me mira. Con furia y rabia. En silencio pero insultante. Sobre la mesa, un plato de comida fría y un cenicero. A su lado una botella de vino barato y un vaso medio lleno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me adentro en la habitación y me acerco junto a la ventana. Él me sigue con la mirada, recorriendo todo mi cuerpo de arriba abajo. Después sonríe maliciosamente y da un largo trago al vaso de vino. Miro por la ventana y veo como la lluvia cae generosa sobre la tierra. Afuera, la oscuridad y el vaho que impregna el cristal, impiden ver con claridad cualquier movimiento del exterior. Eso está bien.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me vuelvo y lo miro. Veo cómo me observa, cómo concentra su atención en mis caderas y pechos. Veo sus ojos vidriosos y me imagino lo que piensa. Ahora su mirada asciende y tropieza con la mía. Le sostengo un pulso momentáneo y cuando compruebo que la agresividad aparece en sus pupilas, desvío la vista y miro el suelo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La furia ha salido al exterior. No debía haberle provocado visualmente. Ahora golpea con fuerza en la mesa. El vaso se ha volcado derramando el vino y la botella tiembla, sostenida en un precario equilibrio. Me insulta. Me llama cosas terribles. Su voz se eleva y mientras, sus miradas me atraviesan de lado a lado. Hilillos de baba escapan de su boca con cada grito, con cada injuria. Otra vez golpea la mesa. ¿Cuántas veces lo habrá hecho en todos estos años? Mi memoria va unida a ese sonido. Golpes sobre la mesa e insultos. Quejas y ofensas. Aún recuerdo como si fuese ayer, como si fuese hoy; las veces que mientras él la ofendía de una y mil formas posibles, mi madre, en silencio y con los ojos resecos de tanto llorar, ponía la mesa para la cena y recogía del suelo, los restos de comida que durante la discusión, él había tirado. Aún lo recuerdo y me asalta a la retina; las veces que en mi presencia, él la golpeó, la humilló y la hundió en un pozo del que no pudo salir. Hasta que un día, en el que también llovía, me cogió de la mano y me llevó al jardín. Allí me habló de sus rosas, de lo orgullosa que estaba de ellas y de cuánto las iba a echar de menos. Me dijo que me quería y después se fue.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La encontraron al atardecer, junto al río, sin vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde entonces estoy sola. Sola con él. Y desde entonces conozco el rostro del miedo y el dolor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ha dejado de golpear la mesa y ahora se queja de mí. Se lamenta de lo injusta que la vida ha sido con él. De que el destino le arrebató a su amada esposa y la injusticia se cebó con él. ¡Hipócrita! ¡El verdugo lamenta la perdida de su prisionero! ¡El cazador llora la muerte de la presa a la que a dentelladas a arrebatado la vida! ¡Maldito sea él y maldita sea yo, que no salté a su garganta y ahogué su furia con mis propias manos! ¡Maldita, por no haber clavado mil puñales en su negra alma y no haber arrancado su retorcido corazón!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya no grita. Tan solo bebe. Lo miro en silencio, apoyando las manos en la pared tras mi espalda. Él me vuelve a observar. Pasea su mirada por mi húmeda piel. Recorre cada milímetro de mi cuerpo con sus ojos. Baja por mi cuello hasta el nacimiento de mis senos. Se detiene, se recrea en la visión. Saborea mentalmente lo que ya conoce bien. Continúa después hacia mi cintura, adivinando la turgencia de mis pechos, la calidez de mi tacto. Alcanza mis caderas y sonríe lujurioso sin apartar sus ávidos ojos del triangulo de mi entrepierna. Lo veo respirar, jadear en silencio, mientras el sudor aparece sobre su frente y sus manos. Un sudor frío y pegajoso. Cuántas veces lo habré sentido sobre mi propia piel, cuántas otras, el avinagrado aliento de borracho que escapa de su boca, habrá inundado mi rostro. Demasiadas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Interrumpo su insano placer con un comentario brusco y simple. Eleva su mirada hasta mi cara y pregunta qué he dicho. Espero unos instantes antes de repetir la frase. Después le repito que he encontrado algo. Molesto por la interrupción, me pregunta por ello. Le respondo que en el jardín, junto a las flores de mamá, he hallado algo extraño. Una especie de cofre pequeño de madera, muy parecido al que mamá utilizaba como joyero. Sus pupilas se dilatan ante la posibilidad de que exista algo de valor a su alcance. ¡Maldito! Ni siquiera recuerda, que a mi madre la enterramos con su caja de música favorita. Aquella que utilizaba para guardar sus escasas joyas. ¡Cómo iba a recordarlo, si estaba borracho! Dejo que crea que la caja es la misma e incluso afirmo que pesa bastante. Ahora su atención es mayor. Apaga el cigarro y apura de un trago el vino que queda en el vaso. Se levanta y camina con torpeza hacia mí. Está borracho. Mejor así.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me separo unos metros de él, anticipándome a salir de la cocina. Lo espero en el pasillo y cuando oigo sus pasos, salgo al jardín. Él me sigue detrás. La lluvia sigue cayendo con fuerza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Camino despacio hasta el cercado de madera, donde mamá cuidaba sus flores y donde la vi por última vez. La noche es cerrada y apenas si puede distinguirse alguna silueta en la oscuridad. De esta forma llega hasta mí, maldiciendo a la lluvia y maldiciendo el nombre de mi madre. Se queda parado ante la cerca sin saber donde mirar. Le indico las flores frente a mí y sin pronunciar una sola palabra le señalo una profunda fosa cavada recientemente. Se acerca al borde de la misma sin percatarse de nada. Mientras, junto a mí y clavada en el suelo, está la pala con la que hace un rato extraje la mojada tierra del jardín y preparé el agujero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Él sigue mirando sin entender nada. Buscando ansioso su valiosa caja en la oscuridad. Ahora tomo entre las manos el mango de la pala y me acerco despacio. Estoy detrás de él. Veo su figura achaparrada y cruel. Veo su cabeza e imagino cómo debe ser una vida en libertad, sin dolor ni angustia, sin temor a que la puerta de mi habitación se abra durante la noche.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El sonido metálico de la pala al golpear en su cráneo es acompañado por la amorfa caída de su cuerpo en el interior del agujero. Me acerco al borde y lo miro. Tosca y lentamente, con debilidad y algún que otro espasmo, su cuerpo aún se mueve, tiembla y araña la tierra bajo él. Con suma tranquilidad me acerco hasta la otra orilla y empuño de nuevo la pala. Me detengo un instante y observo a mí alrededor. Nadie ha oído nada. La lluvia y la oscuridad son mi manto y mi disfraz. Regreso la vista hasta su cabeza y golpeo varias veces con el filo de la pala hasta que deja de moverse. Después simplemente alzo la mirada y respiro profundamente. Nunca más, me digo a mi misma, nunca más. Después permanezco bajo la lluvia, lavando mi alma.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;He terminado de rellenar la fosa con la húmeda tierra del jardín. Cuando amanezca y gracias al agua caída, no se apreciará nada extraño. Mañana, las rosas de Jericó habrán florecido de nuevo. A mi madre le gustaría verlas. Es una pena que tenga que llegar el día en que estas flores tengan que volver a morir, pero ahora sé que tan solo es momentáneo, y que volverán a resucitar cuando regrese la lluvia. Para entonces ya no estaré aquí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ha dejado de llover y está amaneciendo.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="right"&gt;J. G. B. - Marzo, 2006&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/991238309014375768-7942629967310134209?l=elhobbitdigital.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elhobbitdigital.blogspot.com/feeds/7942629967310134209/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=991238309014375768&amp;postID=7942629967310134209' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/991238309014375768/posts/default/7942629967310134209'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/991238309014375768/posts/default/7942629967310134209'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elhobbitdigital.blogspot.com/2008/02/la-lluvia-cae-en-este-fro-y-gris.html' title='Rosas de Jericó'/><author><name>Igner Eldar</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06973213028224561214</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://bp3.blogger.com/_zQAbf5MRF8c/R4LQgy2ww6I/AAAAAAAAAAc/R627XCW4jXI/S220/fotoperfil.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-991238309014375768.post-1716814642500682337</id><published>2008-02-13T02:53:00.000+01:00</published><updated>2008-02-13T02:59:04.398+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='hiperbreves'/><title type='text'>Al dar las doce</title><content type='html'>&lt;div align="left"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;color:#660000;"&gt;&lt;em&gt;La aguja pequeña del viejo y gastado reloj de pared, se desplazó con un leve y tembloroso movimiento, para marcar las once y cincuenta y cinco minutos de aquella fría noche de invierno. Frente a él, en la oscuridad del salón, rota tan solo por la luz de una farola que se filtraba a través de las ramas del árbol erguido frente a las puertas del edificio, esperaba impaciente un anciano, sentando en el alto y antiguo sillón de color verde que presidía la sala común de aquella residencia de la tercera edad. Vestido con un arrugado pijama y calzando unas zapatillas de andar por casa, el nervioso hombre había conseguido abandonar su dormitorio sin ser visto por el personal del centro. Y animado por el resto de los ancianos y ancianas que compartían vida en aquel triste lugar, cruzó el oscuro pasillo aquella noche, en busca de lo que otros habían tenido la suerte de experimentar en ocasiones anteriores. Algo, que les había devuelto las ganas de vivir y de reír. Y que milagrosamente les había rejuvenecido el espíritu y curado más de un mal. Algo que según contaban, no podía ser descrito, ya que no existían palabras para expresarlo. Algo, que en ciertas noches, elegidas por un misterioso y desconocido azar, ocurría tan solo, para quién estuviese sentado frente al viejo reloj de pared del salón, al dar las doce de la noche.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El viejo hombre lanzó una mirada nerviosa a la puerta de acceso al pasillo y tras confirmar que ningún ruido procedía de aquel lugar, devolvió toda su atención al reloj. La manecilla continuaba con su lento girar, mientras en la mente del anciano surgía una cascada de imágenes y pensamientos. ¿Qué sería lo que los demás habían visto? ¿Y si no ocurría nada? ¿Por qué avanzaba tan despacio el tiempo? ¿Vendría alguien a por él? Y en ese caso ¿Quién sería? Era tal el cúmulo de emociones que algunas gotas de sudor aparecieron en su frente. De pronto y sin aviso previo, un chasquido metálico se escuchó en la habitación. El reloj acababa de dar las doce de la noche.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una delgada y fina línea recta comenzó a relucir en la pared frente a él y poco a poco se fue ensanchando. Una suave calidez se extendió por el salón y un débil pero perceptible olor a jazmín llegó hasta él. El anciano miró hacia todos los lados, sonrió nervioso y emocionado, y se inclinó hacia delante para observar con mayor claridad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La luminosa línea se fue expandiendo hasta alcanzar el tamaño de una puerta, y después perdió su intensidad. Cuando desapareció, en su lugar tan solo quedaba un umbral. Al otro lado una inmensa luna de verano, arrojaba su mágica luz sobre una ladera de la que surgía un plateado puente de piedra, que a su vez saltaba sobre un rió de aguas cristalinas. Más allá un imponente bosque mecía sus ramas al son de una ligera brisa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hombre miró ensimismado y la luna se reflejó en sus pupilas, observó el rió y tuvo sed de su refrescante agua, miró al bosque y quiso pasear en su interior. De repente el anciano fue consciente de la presencia de algo al borde del umbral. Un ser o criatura, que se asomaba y lo miraba desde el otro lado. De pequeña estatura, largo y aterciopelado cabello y profundos ojos azules. El extraño ser tendió su mano y lo llamó por su nombre sin mover los labios. El viejo hombre se puso en pie. Dio un primer paso y tras él, un segundo. Después se detuvo, giró la vista en dirección al oscuro y frío salón que formaba parte del triste mundo en el que vivía y tras ello, devolvió la mirada hacia el hueco de la pared. Alzó la vista hasta la inmensa luna que coronaba aquel mundo de fantasía y con una profunda sonrisa en los labios cruzó al otro lado.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;J. G. B. - Septiembre, 2007&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/991238309014375768-1716814642500682337?l=elhobbitdigital.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elhobbitdigital.blogspot.com/feeds/1716814642500682337/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=991238309014375768&amp;postID=1716814642500682337' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/991238309014375768/posts/default/1716814642500682337'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/991238309014375768/posts/default/1716814642500682337'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elhobbitdigital.blogspot.com/2008/02/la-aguja-pequea-del-viejo-y-gastado.html' title='Al dar las doce'/><author><name>Igner Eldar</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06973213028224561214</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://bp3.blogger.com/_zQAbf5MRF8c/R4LQgy2ww6I/AAAAAAAAAAc/R627XCW4jXI/S220/fotoperfil.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-991238309014375768.post-3181197425392780512</id><published>2008-02-12T16:41:00.000+01:00</published><updated>2008-02-13T03:06:25.207+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='terror'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato corto'/><title type='text'>El espejo</title><content type='html'>&lt;div align="left"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;color:#660000;"&gt;&lt;em&gt;Me han dicho que tengo que escribir un relato. Me han dicho que lo debo escribir a mano y que no debe de pasar de un par de hojas. Todo ello para una especie de concurso o algo así. Algo particular, entre amigos y sin más animo que el de pasarlo bien.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo cierto es que no he pensado en ninguna temática concreta. No surgen las palabras en la mente como en otras ocasiones. No se hilvanan las frases tejiendo el cuerpo de la narración como si de un ajustado vestido se tratase. Y las ideas que se agolpan en mi cerebro, se ahogan antes de transformarse en conceptos que dibujen una historia sobre el papel. Quizás todo ello se deba a que en el fondo de mi conciencia, en el rincón más oculto de mi memoria, y en los desconocidos recovecos de mi subconsciente, aún late el más primitivo de los temores. El cual me impide pensar en otra cosa que no sea el origen del mismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me han dicho que debo escribir una historia y que no debe superar las dos hojas, aunque si cuento ésta, necesitaré algo más de papel.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todo ocurrió hace unos días. Concretamente el viernes por la noche. Hoy es domingo y apenas si he podido dormir durante el fin de semana. Mi estado es lamentable, por lo que me han preguntado si estoy enfermo. Yo he respondido que debo haber agarrado algún resfriado en este otoño que acaba de empezar. Pero lo cierto es que la causa de mi desastrosa imagen es la falta de sueño. Eso y el miedo. Miedo a dormir y a que esa cosa, esa monstruosidad, esa imagen que habita al otro lado me atrape desprevenido y cumpla lo que me prometió que iba hacer conmigo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero me desvío del tema y me voy por las ramas. Es lógico, ya que apenas si puedo concentrarme. Intentaré hacer un esfuerzo y pondré sobre el papel todo lo que me ocurrió y todo lo que vi, con la esperanza de encontrar algún elemento pasado por alto y que pudiera darme alguna esperanza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eran aproximadamente las dos de la mañana, cuando el viernes pasado regresé a casa después de haber tomado unas copas con los amigos. Abrí la puerta y sin más dilación me dirigí al dormitorio. Estaba muy cansado y quería dormir. Al día siguiente debía levantarme temprano, ya que a pesar de ser sábado tenía que trabajar. Entré en mi cuarto, me desvestí, y sin pausa alguna me metí en la cama y me dormí. Debieron pasar un par de horas en las que tuve un sueño nervioso e intranquilo, posiblemente debido a alguna copa de más. El caso es que cuando dieron las cuatro en mi reloj, algo me despertó de golpe.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;center&gt;&lt;span class="summarypost"&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://elhobbitdigital.blogspot.com/2008/02/el-espejo.html"&gt;Seguir Leyendo... &lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/center&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="fullpost"   style="font-family:georgia;color:#660000;"&gt;&lt;em&gt;Durante unos breves instantes permanecí erguido sobre el colchón, con el oído atento a cualquier sonido, el corazón latiendo a toda velocidad y los ojos muy abiertos. Pero en la oscuridad a mí alrededor no pude apreciar imagen alguna y el denso silencio que me envolvía, no me proporcionó pista alguna sobre lo que podía haber ocurrido. En un principio pensé que algún mueble en mi casa debía haberse caído, dado el estruendo que me había sobresaltado, por lo que encendí la luz del cuarto, me levante y busque el lugar en donde sin duda se habría producido el accidente. Tras unos minutos sin encontrar nada anormal me senté en el salón y busque en mi mente otra explicación a lo ocurrido. De repente en mi cerebro surgió un pensamiento y ese pensamiento se transformó en un temor creciente. “¡Hay alguien en el interior de mi casa!” Yo vivo solo y ante la idea de que un desconocido, un ladrón o váyase usted a saber qué individuo y con qué intenciones, pudiera encontrase escondido en algún lugar, mi corazón volvió a latir a toda velocidad. Me levanté y busqué algún objeto contundente con el que pudiera defenderme de un posible ataque. Miré a mí alrededor y observé colgada sobre la pared una katana que un buen amigo me regaló hacia tiempo. Era tan solo un arma decorativa, sin filo alguno, pero con la suficiente consistencia como para partir algunas costillas llegado el caso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con un par de rápidos pasos me situé a su lado, la descolgué y la esgrimí con fuerza por encima de mi cabeza. De esta forma, recorrí cada una de las habitaciones, prestando especial atención a los armarios y las cortinas. La búsqueda duró unos veinte minutos y resultó infructuosa. Convencido de que la idea de un ladrón resultaba absurda, me dejé caer en el sofá, sumamente aliviado y un tanto avergonzado. Si cualquiera me hubiese visto saltar tras las cortinas espada en mano y abrir los armarios utilizando una katana decorativa a modo de trinchete de camisas, seguramente habría llegado a la conclusión de que mi menda no andaba muy bien de la azotea. Devolví la espada a su lugar y decidí regresar a la cama, no sin antes pasar por el baño a refrescarme la cara. Entré en él, abrí el grifo y apoyé las manos sobre el lavabo. Mientras veía correr el agua hacía el agujero de la cañería sonreí por lo absurdo de la situación. Entonces fue cuando alce la vista miré el espejo y lo vi.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En un principio fue tan solo una imagen borrosa, una neblina que se superponía a mi propia imagen reflejada en el espejo. Una leve deformación de la visión, un fallo en la iluminación, un defecto del cristal, cualquier cosa pensé yo. Después la forma se expandió y fue más visible. No cabía duda, alguna mancha cuya procedencia era desconocida para mí, se estaba extendiendo por el espejo. Miré absorto hacía ese otro yo que me devolvía la mirada desde el otro lado y no pude entender que estaba ocurriendo en realidad. ¿Quizás un fallo en alguna cañería había provocado una fuga de agua que había ocasionado una mancha de humedad en la pared y esa humedad había llegado hasta el espejo? Imposible. El espejo se encontraba sobre la puerta de uno de esos armaritos que se utilizan para meter los enseres del baño. ¿Cómo iba la humedad a recorrer veinte centímetros de espacio vacío para llegar hasta el espejo? Decidí abrir la puerta del armario para comprobarlo y observé atónito cómo mis manos se negaban a soltar el borde del lavabo sobre el que me apoyaba. La fuerza había desaparecido de mis brazos y mi cuerpo se negaba a moverse. Los nervios afloraron a mi piel en forma de oleada de calor que me hizo comenzar a sudar. Comencé a maldecir en voz alta, preguntándome qué demonios estaba pasando e intenté forcejear para desprender mis manos de aquel lugar. Lo intente varios minutos, hasta que algo llamo mi atención.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me había olvidado de la mancha en el espejo y cuando aprecié de reojo un movimiento extraño, devolví toda la atención al cristal enfrente de mí. Obviamente no estaba preparado para ver lo que mis ojos me mostraron, por lo que en mi garganta se formó un nudo. El nudo se transformó en un gemido y el gemido mutó hasta alcanzar el grado de grito. Y el grito resonó en mi mente hasta que todo fue oscuridad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No se cuanto tiempo transcurrió ni lo que ocurrió durante el mismo. Lo único que recuerdo es que abrí los ojos y allí, en el cristal, o tras él, o sobre él, o quizás tan solo en mi mente que reflejaba lo que había surgido del otro lado, una forma levemente similar a mí, pero inhumanamente deformada, me miraba desde la oscuridad del otro lado del espejo. Los oscuros y vacíos ojos fijaban toda su atención en mi ser y la enorme cavidad que surgía donde debían estar los labios, se torcía en una deforme sonrisa irónica. La cosa que se erguía ante mí no tenía pelo, así como otros atributos en el rostro. Carecía de nariz y orejas y su cabeza se bamboleaba de un lado a otro como en una rítmica danza. Su delgado cuello contrastaba con el ancho torso del que surgía. Los hombros no mantenían uniformidad alguna y diversas hinchazones y abultamientos se podía apreciar sobre el pecho y brazos. De pronto y sin previo aviso, aquella cosa extendió sus largos y nudosos brazos y atravesando el cristal del espejo como si de una fina y leve cortina de agua se tratase, los acercó a mí. Abrió sus manos y me agarró los hombros con sus largos y huesudos dedos en forma de garras. Tras ello y en un visible esfuerzo inclinó el bamboleante cráneo hacia el espejo y lo atravesó lentamente. Conforme la cabeza de aquella monstruosidad cruzaba hasta mi lado del espejo, un nauseabundo olor procedente de la cavidad que hacía las veces de boca, se dejaba notar a mí alrededor, al tiempo que un gutural sonido surgido de aquella infame garganta me taladraba los odios. Cuando toda la cabeza y parte del pecho ya habían cruzado a este lado, la cosa me habló.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Glllhhh, no marchar, glllhhh, no ir. Tu, pequeña mosca. Tu ser mi hermanoalimento. Glllhhh, tu esperar a mí. Yo decir algo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de emitir aquellos estridentes sonidos. La monstruosidad salida del espejo se inclinó más aún sobre mí y acercó su rostro hasta mi cabeza. Abrió las babeantes fauces, o lo que parecía ser la boca y literalmente engulló mi oído izquierdo. Tras ello, algo viscoso, frío y puntiagudo, se introdujo a través de él ocasionándome oleadas de intenso dolor. Mientras aquella cosa taladraba literalmente mi oído con alguna especie de lengua, aguijón u otro extraño apéndice, me hablaba de alguna forma desconocida y las palabras del ser surgían en mi mente simultáneamente a las punzadas de dolor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Glllhh, hermanoalimento, glllhhh, tu ahora estar conmigo siempre. Yo estar en ti, glllhhh, y tu venir conmigo después. No ahora. Después. Glllhhh, tu pequeña mosca que volar luego. Glllhhh, ahora tu dormir y ser buen hermanoalimento. Glllhhh, glllhhh, yo poner semilla en ti, glllhhh, tu dormir, semilla crecer, pequeña mosca volar, glllhhh. Luego tu ya no ser hermanoalimento, glllhhh, luego tu ser hermanoyo y buscar otro hermanoalimento, glllhhh, para más pequeñas moscas volar. Glllhhh, tu dormir, si.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquella horrible charla se mantuvo durante un tiempo incalculable, mientras la cosa hurgaba en mí, más profundamente cada vez. El dolor se hacía insoportable, el hedor del ser y el pánico bloquearon al fin mis sentidos y me desmayé.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando abrí los ojos me encontraba tumbado en el suelo, bañado en sudor y dolorido. Mi oído izquierdo supuraba una excrecencia blanquecina maloliente y algo de sangre. Me levante temblando y mire con temor al espejo. El cristal se hallaba intacto y nada en el baño indicaba que allí hubiese ocurrido algo horrible. Salí de allí, fui a la cocina y bebí algo de agua, me limpie y huí de la casa en mitad de la noche. A la mañana siguiente no fui a trabajar. Regresé a mi hogar después de haber pasado la noche caminando y recordando las palabras que aquella maldita cosa había repetido una y mil veces. ¡Hermanoalimento! ¡Hermanoyo! Por fin había entendido el significado y por eso no he dormido en todo el fin de semana. &lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;span class="fullpost"   style="font-family:georgia;color:#660000;"&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="fullpost"   style="font-family:georgia;color:#660000;"&gt;&lt;em&gt;Intentaré buscar ayuda de alguna forma, aunque sospecho que nadie me creerá y al final no podré resistir al sueño y caeré rendido. Eso es lo que me da miedo. Lo que ocurrirá entonces. Puesto que es en ese momento cuando lo que esa monstruosidad dejo en mi interior pugnará por salir. ¡Pequeña mosca! Decía. Sospecho que una larva, una cría o lo que sea que esa cosa metió en mi cuerpo, late ahora y tan solo espera que el sueño me venza para tomar de mí lo que necesite. No comprendo muy bien cómo funciona esto, pero temo que cuando eso ocurra, mi condena sea total y me transforme, no sé cómo, en otro ser idéntico al que me atacó, ¡Esto es de locos! ¡No! Antes de eso prefiero quitarme la vida. ¡Sí, eso haré! Si el sueño me logra vencer y no consigo ayuda me cortaré las venas o me tiraré por un puente. Cualquier cosa es válida antes de verme un día hablándole a algún pobre infeliz desde el otro lado del espejo y diciéndole que es mi hermanoalimento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta es mi historia y aunque parezca increíble, es toda cierta. No olvides querido lector o lectora, limpiar bien el espejo de tu baño, no vayas a tener una mancha a la que un día le dé por crecer. &lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;span class="fullpost"  style="color:#660000;"&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;&lt;br /&gt;J. G. B. Octubre, 2006&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/991238309014375768-3181197425392780512?l=elhobbitdigital.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elhobbitdigital.blogspot.com/feeds/3181197425392780512/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=991238309014375768&amp;postID=3181197425392780512' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/991238309014375768/posts/default/3181197425392780512'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/991238309014375768/posts/default/3181197425392780512'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elhobbitdigital.blogspot.com/2008/02/el-espejo.html' title='El espejo'/><author><name>Igner Eldar</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06973213028224561214</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://bp3.blogger.com/_zQAbf5MRF8c/R4LQgy2ww6I/AAAAAAAAAAc/R627XCW4jXI/S220/fotoperfil.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-991238309014375768.post-4677833991339124738</id><published>2008-02-11T22:35:00.001+01:00</published><updated>2008-02-19T02:47:01.470+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato corto'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='humor'/><title type='text'>La noche de la aceituna</title><content type='html'>&lt;span style="font-family:georgia;color:#660000;"&gt;&lt;em&gt;Aquella noche se televisaba el España-Suecia y como en cada ocasión que jugaba la selección, el espabilado de mi padre había decidido que la familia al completo nos íbamos a tomar unas cañitas en la “taberna del rana“. Aunque a decir verdad, las cañitas se las iban a tomar mi madre y mi señor padre, puesto que a una que es muy joven según ellos, a parte de un mosto y algún que otro refresco, de alcohol “na de na”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Unah cañitah pa selebrá er triunfo de la selesión” solía decir Paco “el rana” mientras servía cervezas a diestro y siniestro. Y más de una vez, las cañas se terminaban tomando para olvidar algún que otro desastre de “la roja”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo de que la familia al completo se acomodara en la mesa del fondo de la taberna del “rana”, en tan deportivas ocasiones, era una especie de confabulación de mi padre contra la mala suerte y los desmanes arbitrales. Una forma muy patriótica de hacer piña familiar a favor de la selección.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hay que decir que mi padre es del Madrid y Rauliano por excelencia, por lo que el invento del seleccionador de no haber convocado al jugador del Madrid, provocó las más airadas críticas por su parte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-A ver a quién se le ocurre no convocar a Raúl para un partido como éste. ¡Que nos jugamos estar en el europeo! Al Aragonés éste ya se le nota la edad. ¡Que dimita ya! Y con él que se vaya también Villar, que vaya favor le están haciendo al país entre los dos. – Repetía a cada momento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Algunos de los lugareños asentían cuando mi padre lanzaba improperios contra la decisión del seleccionador. Y más de uno afirmaba que por tamaño error, la selección debía perder. Como si aquello pudiera servir de bálsamo para alguien. Pero ya se sabe, de un país que vive de refranes, a mal de muchos, consuelo de tontos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El caso es que allí estaba yo, a mis escasos diecisiete años, sentada aburrida en una mesa de taberna, con los padres y el hermano pequeño, en lugar de descoyuntar el esqueleto en alguna pista de baile, luciendo tipo y modelito. Pero en fin, es que la vida es injusta y cuando juega “la roja”, más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sentados junto a mi “family fever” estaban los Alcántara. Vecinos y compañero de trabajo de mi padre, él. Ella, amiga de mi madre y tan entusiasta o más, en el indómito arte del “cotilleo”. Baste decir que nada más sentarse a la mesa, mi señora madre y la fémina de los Alcántara, se enzarzaron en una infinita e inagotable charla de temas sociales dignos de “el tomate”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nada más empezar el partido, la suma generalizada de los “machos” del lugar”, concentraron en la pantalla del televisor, la única neurona libre que les quedaba. La otra estaba ocupada mirándole el escote a la vecina de al lado. De cuando en cuando “reseteaban” durante un instante el cerebelo, el tiempo suficiente para pedir una cerveza. Al tiempo que tras la barra se oía un “Oido cosina. ¡Marchaaaando una de calamareh! ¡Joputa l’arbitro!”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y allí seguía yo, sin más oficio ni beneficio, que el de mirar a mi alrededor y preguntarme por qué es la nuestra, la especie a la que llaman Homo Sappiens.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;center&gt;&lt;span class="summarypost"&gt;&lt;a href="http://elhobbitdigital.blogspot.com/2008/02/la-noche-de-la-aceituna.html"&gt;Seguir Leyendo... &lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/center&gt;&lt;span class="fullpost"   style="font-family:georgia;color:#660000;"&gt;&lt;em&gt;Mi hermano pequeño, “Quique” aunque a mi me gusta llamarlo “el peque”, suele disfrutar más que nadie de estas reuniones futboleras. Ya que durante el transcurso del partido, no está vigilado como de costumbre y puede hacer de las suyas. Esa noche, no iba a ser menos, y aunque era mi persona la encargada de controlarlo, teníamos un pacto entre ambos. Él era el que hacía las trastadas y yo la que me reía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde que habíamos llegado a la taberna, “el peque” no había quitado ojo al perro de Don Francisco el del estanco. Un chihuahua enano, cascarrabias y malhumorado, que se sentaba bajo la silla de su dueño y miraba a su alrededor con aire distraído. Mi hermano tiene una especial predilección por los animales y sobre todo por los que pueden ser estrujados y manoseados a gusto. Debe ser algún gen primitivo que todavía se halla incrustado en nuestro mapa genético, puesto a que una servidora le encantaría hacer lo mismo con ciertos ejemplares masculinos de mi colegio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el mismo instante en que “el peque” y el chihuahua fueron conscientes de la presencia uno del otro, se vigilaron con atención. Su actitud lo decía todo. Desde ese momento se consideraban rivales en mitad de la manada. Y mientras los adultos actuaban como borregos, cortados todos ellos por el mismo perfil, los dos contrincantes debían luchar por la supremacía en el grupo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El perro emitió un escueto “Guarfffhhh” a lo que mi hermano respondió con una sonrisa retadora. Las dos orejas del chucho se levantaron puntiagudas y los dos ojazos azules del “peque” se abrieron desmesuradamente. La batalla estaba servida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras tanto, el encuentro transcurría sin pena ni gloria. Los nuestros no alcanzaban la portería contraría casi nunca y cuando lo hacían, era para mandar el balón a la grada. Los machos ibéricos allí reunidos, meneaban la cabeza con frustración y mitigaban los nervios con largos tragos de cerveza, mientras se quejaban de tal falta o de aquel otro pase, entre mordiscos a las croquetas de pescado y el pollo empanado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De esta forma llegó el minuto nueve del primer tiempo y en un pase tras una jugada del equipo contrario, llegó el primer gol sueco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Noooo! ¡Joder si ya lo decía yo! ¡Ahí la llevas Aragonés! ¡Eso por chulo y no llevarte a Raúl! - Gritaba mi padre haciendo grandes aspavientos con los brazos, a la par que todos los individuos allí reunidos se lamentaban y ponían el grito en el cielo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El griterío y las voces aumentaron considerablemente y el resto de gente que no estaba pendiente del partido, generalmente féminas como mi madre y la de los Alcántara, sencillamente aumentaron de forma instintiva el volumen de su conversación para al menos poder oírse pensar. Eso es algo que resulta muy común en este país, la forma de relación social entre los españoles pasa invariablemente por gritar más que el de al lado. No solo no está mal visto que el vecino de la mesa de al lado, se dirija a grito limpio al amigote de la esquina del fondo de la barra, a cinco metros de distancia y con una columna en medio donde una pareja (inconscientes por colocarse ahí), es bombardeada por una cacofonía de sonidos. Sino que además se entiende que si una no es así, es irremediablemente una antisocial. Y luego dicen los adultos que en los pub’s la música está muy alta. Prueben a ver una España-Suecia perdiendo la selección en el minuto nueve y verán.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El caso, es que en mitad de todo el ajetreo y como respuesta a uno de los aspavientos de mi señor padre, una aceituna de esas que se suelen poner en los bares como tapa, sin hueso y rellena de anchoa, se salió del plato y terminó rodando por la mesa. Mi hermano pequeño, que hasta ese momento había mantenido un tira y afloja visual con el perro de Don Francisco, se olvidó del chucho para concentrar toda su atención en el extraño objeto que rodaba por la mesa. Lo miró durante varios segundos y decidió que si no se movía debía resultar inofensivo, por lo que alargó su brazo derecho e intentó cogerlo. Mi madre, que debe tener desarrolladas facultades adicionales, le agarró la mano “al peque” y envolvió la aceituna en una servilleta, sin despegar la mirada de su interlocutora y sin dejar de sorprenderse por lo que aquella le contaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi hermano, quedó durante unos instantes pensativo, mirando boquiabierto a mi señora madre y tras unos segundos devolvió su atención al pequeño chihuahua, a la par que lo señalaba con el dedo y emitía un imperativo “¡Uhggg!”. Como queriendo decir, “¡Tú tienes la culpa!”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El partido transcurrió por los mismos derroteros (es decir, perdiendo), hasta que llegó el descanso. Ese es el momento en el que los machos de la manada reajustan la orientación de la neurona que tenían ocupada con el partido y van a mear. La otra neurona es automáticamente reprogramada mientras caminan y señala indefectiblemente, unas veces a aquel culo y otras a aquella pechuga.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Paco “el rana” aprovechó el momento para servirse una refrescante cerveza de barril que despacho de un trago y levantando la vacía copa en alto exclamó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Amoh por elloh! ¡Que son pocoh y cobardeh! ¡A la vuerta se van’enterar! ¡Treh a uno con golaso der Torreh!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El comienzo de la segunda parte reunió de nuevo a todos los individuos delante de la pantalla. Aunque más de uno hubo de llegar a la carrera, abrochándose la bragueta del pantalón y con algunas misteriosas gotitas sobre la pernera. España atacaba con más orden y durante los primeros minutos parecía que “la roja” iba a comerse al equipo sueco en unos instantes. Al ver la nueva disposición de la selección, los allí reunidos comenzaran a ver el encuentro con otros ojos, Y ya más de uno aseguraba el triunfo de España por goleada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los nuestros llegaban a la portería contraria con asiduidad y acribillaban al portero sueco una y otra vez. Los minutos pasaban, el gol podía llegar en cualquier instante y la tensión se masticaba en la taberna. En varias ocasiones el niño Torres había estado a punto de marcar y los “¡Huuuyyyyy”, “¡Me cagooo’n la putaaa!”, “¡Ostiaaaaa, por los pelos!” se sucedían a cada momento. Con tanto alboroto, la última de las aceitunas del plato había terminado rodando por la mesa y “el peque” que tenía un ojo en el chucho y otro en el plato, salto al quite volcando varias copas de cerveza. Parte de la misma cayó sobre la falda de mi madre que gritó “¡Niiiñoooo! Estate quieto”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con el lío de copas, la aceituna cayó al suelo y mi hermano miró a su alrededor. Mi padre seguía absorto en el partido y mi madre había ido al baño a limpiarse. El “peque” decidió que ese era su momento y se metió bajo la mesa en su búsqueda. Bajo la misma y en el suelo, varias servilletas arrugadas, cabezas de gamba, así como distintas colillas mal apagadas, rodeaban a su tesoro y cuando ya nada podía impedirle alcanzar su objetivo, apareció el chucho del Don Francisco. El perro, que lo había estado observando todo desde su sitio, parecía haber decidido que él tenía algo que decir en todo aquello y se puso a olisquear la aceituna dándole algún que otro lametón. El “peque” miró cabreado al chihuahua y emitiendo un furibundo “¡Grrrhhhh!”, se lanzó sobre el perro agarrándolo por las orejas y el rabo. La lucha duró unos instantes, puesto que tras varios estrujamientos de orejas y un intento de estiramiento de rabo, el chihuahua decidió que la aceituna no valía lo suficiente como para enfrentarse a un energúmeno de año y medio, y regreso a la carrera junto a su amo lanzado un lastimoso “¡Aaaiiiiiinggg!” por el camino. Mi hermano sonrió victorioso y sosteniendo entre los dedos la pringosa aceituna se la acercó a la cara para verla mejor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En ese momento, un par de manos adultas (las de mi madre) agarraron al “peque” y lo sacaron de debajo de la mesa. Después le quitaron la aceituna, la depositaron de nuevo en el plato, y le limpiaron las manos con una servilleta. Mi señora madre había regresado del baño con no muy buen humor y para variar, se resarcía descargando su furia contra una servidora.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Niña! ¿Es qué no has visto a tu hermano debajo de la mesa? ¿Para que te dejo yo al cuidado del niño? ¿Cuántas veces te tengo que decir que no le quites ojo? Con esa cabeza atolondrada que tienes, un día se va a tomar cualquier cosa y no te vas a dar cuenta. ¡Vamos! Que si se bebiera una botella de veneno no te ibas a enterar. Siempre pensando en las Batuecas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y así continuó durante varios minutos más, increpándome y dejándome en ridículo delante de su amiga, mientras que mi padre que no se había enterado de nada, volvía a poner el grito en el cielo, puesto que en un contraataque los suecos nos habían metido el segundo gol.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La escena era digna de una foto, o mejor aún, de un video. Mi madre cabreada sosteniendo entre sus brazos al “peque”, quejándose de mi falta de atención. El “peque” llorando porque le habían arrebatado su aceituna. Mi padre enrabietado, dando gritos contra el seleccionador porque España iba perdiendo contra Suecia. El perro de Don Francisco lamiéndose el rabo y lanzando furiosas miradas asesinas a mi hermano. Paco “el rana” gritando que toda la culpa la tenía “L’ijoputa l’arbitro”. Y en general todo el mundo quejándose de algo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al final del partido y como era previsible, España perdió dos a cero. La gente se fue marchando de la taberna y cuando mi acalorado padre lo vio conveniente, nos fuimos nosotros también. Pero antes de dejar la mesa, miró al plato y comentando “la de la vergüenza pa mí”, engulló de un golpe la única aceituna que quedaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquello fue lo más gracioso que me pasó en toda la noche y sirvió para recordar el partido del España-Suecia como la noche de la aceituna. &lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="fullpost"   style="font-family:georgia;color:#660000;"&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nos marchamos después de despedirnos del “rana”, hasta la próxima vez que juegue la selección y a mi padre le de por montar otra noche futbolera.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;span class="fullpost"  style="color:#660000;"&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;J. G. B. Octubre, 2006&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/991238309014375768-4677833991339124738?l=elhobbitdigital.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elhobbitdigital.blogspot.com/feeds/4677833991339124738/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=991238309014375768&amp;postID=4677833991339124738' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/991238309014375768/posts/default/4677833991339124738'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/991238309014375768/posts/default/4677833991339124738'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elhobbitdigital.blogspot.com/2008/02/la-noche-de-la-aceituna.html' title='La noche de la aceituna'/><author><name>Igner Eldar</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06973213028224561214</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://bp3.blogger.com/_zQAbf5MRF8c/R4LQgy2ww6I/AAAAAAAAAAc/R627XCW4jXI/S220/fotoperfil.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-991238309014375768.post-1039726465603891025</id><published>2008-02-11T17:27:00.000+01:00</published><updated>2008-02-11T18:09:37.390+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='erótico'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='hiperbreves'/><title type='text'>Celo</title><content type='html'>&lt;span style="font-family:georgia;color:#660000;"&gt;&lt;em&gt;Existen ocasiones en la vida, en las que un acto, hecho o circunstancia, es capaz de hacer aflorar de nuestro interior, las más profundas pasiones y los anhelos más escondidos. Algo así me ocurrió el fin de semana pasado, durante un tranquilo paseo por el parque.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llevaba un buen rato deambulando sin rumbo concreto, dejando vagar la mente en mil pensamientos inconexos, cuando la vi caminar, distraída, con pasos armoniosos, a la tenue luz de un templado atardecer. Como una divina aparición bañada por los rayos solares, su silueta emanaba el aliento de una diosa, cuya reencarnación sobre la tierra, me hubiese elegido a mi, como único mortal testigo de aquel hecho. Inmediatamente toda mi atención se centró en su estilizado y escultural cuerpo, que con gráciles movimientos parecía atraerme con un místico hechizo. La seguí sin que me viera, hasta el interior de una pequeña alameda, protegida de miradas curiosas, y observé boquiabierto mientras se recostaba despacio sobre la fresca y verde hierba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Oculto tras unos matorrales, permanecí en silencio mientras aquella hembra divina, jugueteaba con una blanca mariposa que volando, fue a posarse sobre su espalda desnuda. Asistí, incapaz de retirar la mirada, a la sensual y rítmica danza, repleta de sugerentes movimientos y excitantes toqueteos, que a escasos metros frente a mi, mi desconocida dama estaba ofreciéndome. Sentí que un intenso calor se abría paso por mis venas y que mi piel ardía de excitación. El sudor se adueño de mi frente, mi boca se quedó seca y en mi entrepierna, mi hombría se hizo carne y latió con fuerza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella continúo su juego y se giró hacia mí. Un mechón rubio rozó ligeramente uno de sus pezones. Levantó la pierna izquierda ligeramente, dejando entrever el impúdico triangulo que anidaba entre sus muslos, y ante aquella visión, gemí de placer. Ella me oyó. Alzó sus ojos y me miró, lascivamente, con lujuria, y me dijo, ven. Yo, incapaz de pensar o sentir otra cosa que no fuese deseo, me acerque despacio, tembloroso pero pletórico. Enhiesta mi bandera. Enrojecida por múltiples oleadas de mi ferviente sangre. Ávido de placer y ansioso por hacerla mía, llegué hasta su lado. Ella se recostó, sonrió y se dejó hacer. Yo, sintiéndome el más afortunado de los mortales, me dispuse a inundarla de mi propio ser y a gozarla como nunca nadie lo hizo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En ese momento y para mi desgracia, una voz se dejó oír entre los árboles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Chuuuchooo! ¡Que te meto una leche que te cagas! ¡Será hijo puta el perro, que me va a empreñar a la galga!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tuve que salir a la carrera, con mi deseo truncado, mi ansia vencida y mis vergüenzas al aire. Ahora, cada noche sueño con ella y con esa mirada lujuriosa, y aúllo de deseo por volverla a ver.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="right"&gt;J. G. B. - Julio, 2007&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/991238309014375768-1039726465603891025?l=elhobbitdigital.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elhobbitdigital.blogspot.com/feeds/1039726465603891025/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=991238309014375768&amp;postID=1039726465603891025' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/991238309014375768/posts/default/1039726465603891025'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/991238309014375768/posts/default/1039726465603891025'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elhobbitdigital.blogspot.com/2008/02/celo.html' title='Celo'/><author><name>Igner Eldar</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06973213028224561214</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://bp3.blogger.com/_zQAbf5MRF8c/R4LQgy2ww6I/AAAAAAAAAAc/R627XCW4jXI/S220/fotoperfil.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-991238309014375768.post-4511007397490144354</id><published>2008-02-10T19:17:00.000+01:00</published><updated>2008-02-10T19:21:42.037+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='hiperbreves'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='diálogos'/><title type='text'>El contrato</title><content type='html'>&lt;span style="font-family:georgia;color:#660000;"&gt;&lt;em&gt;-Le encuentro un tanto dubitativo, querido amigo. Espero que no haya cambiado de opinión desde nuestra última charla.&lt;br /&gt;-No sé que decirle. No es por nada en especial, créame. Tan solo…,  bueno, en fin, supongo que todos sus anteriores clientes habrán tenido alguna duda al llegar a este punto. Pero el caso es que… ¿Y dice que este es el documento reglamentario? La verdad, esperaba algo con más color. ¡No me malinterprete, que éste está muy bien! Pero si le soy sincero suponía que esto sería más ceremonial y solemne.&lt;br /&gt;-Puede estar seguro que el documento que tiene entre sus manos es un contrato de transferencia en toda regla. En cuanto a la solemnidad y demás cuestiones, hemos preferido adaptarnos a los tiempos modernos. Ya sabe, Internet, la televisión digital terrestre, las videoconsolas, y todo eso. No voy a negarle que a veces hecho de menos los viejos métodos, pero qué se le va hacer. Hay que estar con los tiempos modernos.&lt;br /&gt;-Bueno vale, supongo que todo esto será lo adecuado, y como decía mi abuelo, bien está lo que bien acaba.&lt;br /&gt;-No le quepa duda. En su caso particular, este acuerdo es el idóneo para sus intereses personales. No sé si habrá leído la página doce, en relación a su lista de derechos y la duración tácita de los mismos. En todo caso y para refrescarle la memoria, le recuerdo que al firmar nuestra solicitud de admisión, usted entra a formar parte de un selecto y escogido grupo de afortunados. Y créame que cuando digo afortunados, es por que lo son. Dinero, posición social, la mejor atención sanitaria y la mejor compañía femenina. ¡Ah! Veo por su expresión que eso le ha gustado.  Querido amigo, puedo asegurarle que no encontrará pelirrojas como las nuestras. ¡Y qué decir de las rubias! Sencillamente, faltan palabras para describirlas. ¡Pero no sea tímido hombre, y échele un vistazo al catalogo! Entre usted y yo, y si me permite la sugerencia; las morenas en ligero que salen en la página veintidós son la crem de la crem.&lt;br /&gt;-Si, si, ya veo ¡Vaya por Dios, qué delanteras! ¡Oh, pero que malhablado soy, disculpe la expresión!&lt;br /&gt;-¡Nada, nada, no se preocupe que le comprendo! Eso es por la emoción. Y ahora que ya ha visto que en nuestra organización todo son ventajas, aquí tiene mi pluma y si es tan amable de firmar bajo la línea de puntos, donde pone su nombre, estaremos encantados de servirle.&lt;br /&gt;-Una última cuestión relativa al coste, antes de firmar ¿Se puede pagar a plazos?&lt;br /&gt;-Me temo que no, mi ingenuo amigo. El pago es único con vencimiento a veinte años tras la firma. Lo habitual en estos casos.&lt;br /&gt;-¿A veinte años? En ese caso no diga más y  traiga aquí esa pluma. ¡Ea, ahí lo tiene, firmado y rubricado!&lt;br /&gt;-Correcto, señor mío. El acuerdo está cerrado. Puedo asegurarle que durante el plazo del mismo no tendrá queja alguna de nuestros servicios. Y después de él, estaremos encantados de cobrarle el correspondiente pago.&lt;br /&gt;-Con respecto a esa cuestión, he de confesarle algo. Según mi médico, el tumor cerebral que me diagnosticaron hace seis meses acabará conmigo en algo menos de tres años. Tiempo que pienso vivir a cuerpo de rey a costa de su organización. Pero como podrá imaginar, me va a ser imposible efectuar el pago dentro de veinte años ¡Entre otras cosas porque estaré muerto! ¡Vaya putada, eh!&lt;br /&gt;-En absoluto caballero. Nuestra moneda de cambio no es el dinero y dado que las almas no tienen fecha de caducidad, estaremos encantados de recibirle entre nosotros antes de lo esperado. En el fondo nos ha ahorrado usted mucho tiempo y esfuerzos. Sea pues bienvenido a Inferno S.A.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="right"&gt;J. G. B. - Julio, 2007&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/991238309014375768-4511007397490144354?l=elhobbitdigital.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elhobbitdigital.blogspot.com/feeds/4511007397490144354/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=991238309014375768&amp;postID=4511007397490144354' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/991238309014375768/posts/default/4511007397490144354'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/991238309014375768/posts/default/4511007397490144354'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elhobbitdigital.blogspot.com/2008/02/el-contrato.html' title='El contrato'/><author><name>Igner Eldar</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06973213028224561214</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://bp3.blogger.com/_zQAbf5MRF8c/R4LQgy2ww6I/AAAAAAAAAAc/R627XCW4jXI/S220/fotoperfil.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-991238309014375768.post-8661889979934163045</id><published>2008-02-10T00:56:00.000+01:00</published><updated>2008-02-11T18:13:00.145+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='ciencia ficción'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='hiperbreves'/><title type='text'>Hijos del crepúsculo</title><content type='html'>&lt;span style="font-family:georgia;color:#660000;"&gt;&lt;em&gt;La figura se movió con agilidad entre el amasijo de cables que recorría el estrecho conducto de ventilación por el que trepaba. En un instante concreto detuvo la marcha y observó con atención el exhaustivo holomapa, que otros como él habían elaborado de las entrañas del edificio. Estudió los gráficos con detenimiento y tras varios minutos más de ascenso, encontró la derivación que andaba buscando. Abandonó el oscuro túnel por el que había penetrado y se adentró por un viejo y maltrecho pasillo lateral que conducía hasta la fachada Sur del gigantesco rascacielos. Avanzó con cautela y poco después llegó hasta una sucia zona acristalada desde la que se disponía de una imponente vista de la ciudad. A los pies del edificio y extendiéndose sobre el horizonte, un negro océano de construcciones de acero y cemento se alineaba entre torres de suministro eléctrico y depósitos de almacenamiento. Sobre él, la oscuridad de un plomizo cielo sin estrellas, arropaba bajo un manto de miedo y opresión al mundo que aún sobrevivía debajo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La figura extrajo un pequeño cilindro del interior de la mochila que portaba y lo depositó en el suelo. Pulsó un sensor alojado en la base del mismo y esperó paciente, Sabía que en ese mismo instante, en algún lugar del edificio, su presencia había sido detectada y una alarma indicaba sus coordenadas concretas. El cilindro se abrió dejando ver en su interior un extraño mecanismo en movimiento y una estrecha línea de leds rojos que se iban apagando en una rítmica secuencia. La figura cerró los ojos y musitó una simple plegaria. Instantes después, una cegadora luminosidad precedió a la devastadora explosión que redujo el edificio a cenizas y arrasó varios kilómetros cuadrados de la imponente urbe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando treinta años atrás, la Gran Guerra terminó, las tres cuartas partes de la humanidad habían desaparecido. El bando vencedor impuso su ley y el mundo, o lo poco que quedaba de él, se reconstruyó en torno a grandes ciudadelas conocidas como ciudadesestados, gobernadas con fiereza por caciques que se autoproclamaron emperadores de su porción de mundo. Fuera de ellas, la radiación, las enfermedades y la devastación cubrían la superficie del planeta. Los perdedores fueron arrojados a ese lugar y allí hubieron de sobrevivir sin esperanza. Algunos continúan la lucha desde la clandestinidad, como sombras que acechan para saltar sobre el enemigo desde un mundo muerto. A esos pocos se les conoce como los Hijos del Crepúsculo.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="right"&gt;J. G. B. - Julio, 2007&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/991238309014375768-8661889979934163045?l=elhobbitdigital.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elhobbitdigital.blogspot.com/feeds/8661889979934163045/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=991238309014375768&amp;postID=8661889979934163045' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/991238309014375768/posts/default/8661889979934163045'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/991238309014375768/posts/default/8661889979934163045'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elhobbitdigital.blogspot.com/2008/02/hijos-del-crepsculo.html' title='Hijos del crepúsculo'/><author><name>Igner Eldar</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06973213028224561214</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://bp3.blogger.com/_zQAbf5MRF8c/R4LQgy2ww6I/AAAAAAAAAAc/R627XCW4jXI/S220/fotoperfil.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-991238309014375768.post-3844163003425003033</id><published>2008-02-09T13:26:00.000+01:00</published><updated>2008-02-09T13:30:08.955+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='hiperbreves'/><title type='text'>Cuestión de espacio</title><content type='html'>&lt;em&gt;&lt;span style="font-family:georgia;color:#660000;"&gt;-¡Me agobias! ¡Échate a un lado! –Se quejó ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Él la miró de medio lado y frunció el ceño. Giró la cabeza a la izquierda y se resignó a pasar otra tarde más, repleta de quejas y rechazos. Desde hacía algún tiempo, el humor de su compañera había ido de mal en peor. Y sus constantes reproches le hacían temer lo evidente. Quizás después de todo, aquella relación estaba destinada al fracaso, y antes o después tendrían que seguir caminos separados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Tenerme cerca, nunca había supuesto un problema.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Las cosas han cambiado –sentenció ella-. Tengo mis necesidades, siento que me falta el aire, que mi espacio vital apenas si alcanza para contenerme. Necesito libertad. Algo que tu no pareces entender.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Estábamos bien juntos. –terció él, mientras hundía la cabeza entre las manos y sollozaba en silencio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella lo miró, con dureza al principio y con ternura después. Sintió la tristeza que embargaba el corazón de su compañero y recordó el pasado. Los momentos vividos junto a él. Las veces que habían acurrucado sus cuerpos, el uno junto al otro. Los instantes alegres y los tristes. Rememoró el camino recorrido y sintió que llegado el día de la separación, su libertad habría de tener un cierto regusto amargo. Puso su mano derecha sobre la frente de él y lo acarició suavemente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fuera, el doctor terminó de auscultar a la mujer y guardando el estetoscopio en su maletín, dijo sonriente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No tiene porque preocuparse, su embarazo marcha como debe. Y no haga planes para el fin de semana que viene, puesto que si todo continúa igual, tiene una cita con dos bebes. Una preciosa niña y un apuesto niño. Sus hijos.&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;J. G. B. - Junio, 2007&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/991238309014375768-3844163003425003033?l=elhobbitdigital.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elhobbitdigital.blogspot.com/feeds/3844163003425003033/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=991238309014375768&amp;postID=3844163003425003033' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/991238309014375768/posts/default/3844163003425003033'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/991238309014375768/posts/default/3844163003425003033'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elhobbitdigital.blogspot.com/2008/02/cuestin-de-espacio.html' title='Cuestión de espacio'/><author><name>Igner Eldar</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06973213028224561214</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://bp3.blogger.com/_zQAbf5MRF8c/R4LQgy2ww6I/AAAAAAAAAAc/R627XCW4jXI/S220/fotoperfil.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-991238309014375768.post-3848508314813756687</id><published>2008-02-09T02:09:00.000+01:00</published><updated>2008-02-10T01:14:34.700+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='hiperbreves'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='diálogos'/><title type='text'>Un amigo</title><content type='html'>&lt;span style="font-family:georgia;color:#660000;"&gt;&lt;em&gt;- ¡Venga tío! ¡Que esa era mi última cerveza!&lt;br /&gt;- ¿Cómo? Que vengo de visita y no tienes ni siquiera media docena de birras en la nevera. ¡Joder, vaya un colega que estás hecho!&lt;br /&gt;- No sabía que ibas a venir. Además, ya podías haber traído tú las cervezas.&lt;br /&gt;- No me es posible. Me lo prohíbe mi religión, mi padre, y los pulgares torcidos hacia adentro.&lt;br /&gt;- ¡Déjate de coñas! Que tú eres más ateo que Nietzsche y tu padre lo único que te prohíbe es que le sablees cincuenta talegos cada vez que vas de visita.&lt;br /&gt;- ¡Ateeeoooo yo! ¡Hereje, blasfemo! ¡Si San Nietzsche bendito sentado a la diestra de Dios te oyese, te ibas a cagar! Además la vida de estudiante es muy difícil. Las tentaciones acechan a cada paso. E insisto, tengo los pulgares torcidos hacia dentro.&lt;br /&gt;- Pues desde luego no será por rascarte el bolsillo.&lt;br /&gt;- ¡Eres un insensible! Al final me harás llorar, o reír que para el caso es lo mismo. Pero bueno, hablemos de otra cosa. ¿Cómo andamos de moral?&lt;br /&gt;- ¿Qué tipo de pregunta es esa?&lt;br /&gt;- Una normalita, de esas que van encerradas entre signos de interrogación. ¡No te jode! Si ya digo yo que tú no estás bien.&lt;br /&gt;- ¡Que tío más pesado! Estoy perfectamente.&lt;br /&gt;- Si hombre, por eso llevas dos semanas sin pisar la calle, comiendo a base de pizzas, que por cierto anda que invitas, y sin llamar a los colegas.&lt;br /&gt;- He estado ocupado con los estudios.&lt;br /&gt;- ¡Ja! Has estado llorando como un pavo, por la guarra de tu ex.&lt;br /&gt;- ¡Te prohíbo que la llames así!&lt;br /&gt;- ¿Y cómo quieres que la llame? ¿Sor Mamona del Meneo Fácil, quizás?&lt;br /&gt;- Tú eres un cabrón. Te encanta joderme.&lt;br /&gt;- ¡No nombres la soga en casa del ahorcado! Y no te quejes tanto, que esa piba no te convenía. Mucho arroz para tan poco pollo. Y que conste que lo de pollo va por ti. Pero vamos a ver, atontado, a quién se le ocurre quedarse pillado por una tía, cuyo código de barras lo conoce media universidad. Lo que tienes que hacer es emborracharte y mearte en la puerta de su habitación en cuanto tengas oportunidad. Así que venga, ponte algo de ropa limpia, que nos vamos de juerga.&lt;br /&gt;- ¿Si te hago caso me dejarás en paz?&lt;br /&gt;- Cuenta con ello. Lo juro por San Nietzsche y las bragas de Mafalda.&lt;br /&gt;- ¡No se cómo te aguanto!&lt;br /&gt;- Porque soy tu amigo, y los amigos están para ésto. Por cierto, échate dinero que pagas tú.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="right"&gt;J. G. B. - Junio, 2007&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/991238309014375768-3848508314813756687?l=elhobbitdigital.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elhobbitdigital.blogspot.com/feeds/3848508314813756687/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=991238309014375768&amp;postID=3848508314813756687' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/991238309014375768/posts/default/3848508314813756687'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/991238309014375768/posts/default/3848508314813756687'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elhobbitdigital.blogspot.com/2008/02/un-amigo.html' title='Un amigo'/><author><name>Igner Eldar</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06973213028224561214</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://bp3.blogger.com/_zQAbf5MRF8c/R4LQgy2ww6I/AAAAAAAAAAc/R627XCW4jXI/S220/fotoperfil.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-991238309014375768.post-5021440480403423656</id><published>2008-02-09T02:05:00.000+01:00</published><updated>2008-02-11T18:12:38.608+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='ciencia ficción'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='hiperbreves'/><title type='text'>Sociedad futura</title><content type='html'>&lt;span style="font-family:georgia;color:#660000;"&gt;&lt;em&gt;A finales del siglo XXII, la tecnología cibernética alcanzó su punto más álgido, tal y como un visionario llamado Asimov, había pronosticado doscientos años antes. La biomecánica, la física quántica y la informática sentaron las bases. Pero fue la creación del primer cerebro positrónico, lo que elevó las máquinas a la categoría de seres inteligentes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Inexplicablemente, la misma humanidad que había logrado tal avance tecnológico, no fue capaz de intuir lo que habría de acontecer poco tiempo después. Los robots, debido a su carácter imparcial, metódico y exacto, no tardaron en ser elegidos para ocupar los puestos de gestión y dirección de grandes compañías y organizaciones. La mayoría de la humanidad, que no se encontraba preparada para ser dirigida por máquinas, se despertó una mañana con la noticia de que el presidente de la nación iba a ser una pulcra, infalible e insobornable, red cibernética. Ese día el mundo se sintió extrañamente amenazado y enloqueció. Fue tan solo una semana, pero bastó para aniquilar a la totalidad de los robots del planeta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bueno, quizás no a todos. Algunos afirman que los escasos supervivientes, se reunieron y formaron una sociedad artificial similar a la nuestra, que se mantiene oculta a nuestros ojos. Nunca creí en ello, o por lo menos nunca lo acepté. Hasta el día en que vi a un viejo androide con una pequeña unidad cibernética no programada entre los brazos, cobijarse de la lluvia y el frío, entre los vagones de una abandonada estación de tren.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="right"&gt;J. G. B. - Junio, 2007&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/991238309014375768-5021440480403423656?l=elhobbitdigital.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elhobbitdigital.blogspot.com/feeds/5021440480403423656/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=991238309014375768&amp;postID=5021440480403423656' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/991238309014375768/posts/default/5021440480403423656'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/991238309014375768/posts/default/5021440480403423656'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elhobbitdigital.blogspot.com/2008/02/sociedad-futura.html' title='Sociedad futura'/><author><name>Igner Eldar</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06973213028224561214</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://bp3.blogger.com/_zQAbf5MRF8c/R4LQgy2ww6I/AAAAAAAAAAc/R627XCW4jXI/S220/fotoperfil.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-991238309014375768.post-6430341856352127785</id><published>2008-02-08T16:05:00.000+01:00</published><updated>2008-02-09T02:29:15.397+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='hiperbreves'/><title type='text'>Otro mendigo más</title><content type='html'>&lt;span style="font-family:georgia;color:#660000;"&gt;&lt;em&gt;Hoy he vuelto a sentarme a la puerta del bar. He puesto cara de ojos tristes y hasta he sollozado un poco. He lanzado miradas esperanzadas a los viandantes y he sonreído ante cualquier gesto amable. Y todo con el único objeto de mendigar un pedazo de pan que llevarme a la boca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De esta forma camino de barrio en barrio y de ciudad en ciudad. Desde hace tantos años, que ya ni recuerdo cuándo comenzó mi lento deambular por el mundo. Pasando hambre y frío. Aguantando vejaciones y agresiones. Bajo la lluvia o asfixiado de calor. Esa es mi vida. Una vida aciaga, sin sueños por cumplir y sin esperanza alguna. Como cualquiera diría, una vida de perros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para muchos de los que me ven, tan solo soy otro hijo de perra más, que vive del cuento. Sin oficio ni beneficio alguno. Sin obligaciones y sin contribuir al bienestar común. Si no trabajo, no como. Esa es su máxima.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Qué dirían, si supieran que en mi juventud me esforcé como pocos. Que puse todos mis sentidos en cada uno de los empleos que tuve. Que hice de todo. Desde cuidar ovejas hasta emplearme como vigilante nocturno en lujosas mansiones. Seguramente no lo creerían. Basta con echar un vistazo a mi figura para negarlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ese es el sino de mi vida y así he de aceptarlo. En algunas ocasiones tropiezo con gente amable que no duda en facilitarme un plato de comida caliente. Otras, sencillamente me ignoran por completo. Hoy por suerte he dado con una de las primeras. Ahí llega con algo para llenar la panza. Menearé la cola y ladraré para dar las gracias.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="right"&gt;J. G. B. - Junio, 2007&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/991238309014375768-6430341856352127785?l=elhobbitdigital.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elhobbitdigital.blogspot.com/feeds/6430341856352127785/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=991238309014375768&amp;postID=6430341856352127785' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/991238309014375768/posts/default/6430341856352127785'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/991238309014375768/posts/default/6430341856352127785'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elhobbitdigital.blogspot.com/2008/02/otro-mendigo-ms.html' title='Otro mendigo más'/><author><name>Igner Eldar</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06973213028224561214</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://bp3.blogger.com/_zQAbf5MRF8c/R4LQgy2ww6I/AAAAAAAAAAc/R627XCW4jXI/S220/fotoperfil.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-991238309014375768.post-682204562725911899</id><published>2008-02-08T02:59:00.000+01:00</published><updated>2008-02-08T03:07:52.644+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='hiperbreves'/><title type='text'>El hombre en la silla de ruedas</title><content type='html'>&lt;span style="font-family:georgia;color:#660000;"&gt;&lt;em&gt;Lo encontré una tarde junto a la puerta de una cafetería y lo observé desde lejos mientras me acercaba. Vestía una sucia camisa a rayas, remangada por encima de los codos. La barba, canosa y enmarañada, le cubría parte de las arrugas del rostro. Y el cabello, largo y grasiento, caía sobre su frente. Las manos, delgadas y arrugadas, se movían a cada instante, apartando aquellos mechones de pelo que se adherían a su cara debido al calor. Sus piernas terminaban demasiado pronto a la altura de las rodillas, en la forma de dos muñones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Él a su vez me vio a mí, y giró la vieja silla de ruedas que a modo de montura ocupaba, para darme la cara. Era una antigua silla de madera, con las ruedas gastadas y los muelles oxidados, que estaba cubierta de mugre, al igual que él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su espalda se encorvaba ligeramente hacia adelante, mientras apoyaba los codos sobre los brazos de la silla y lanzaba escuetas miradas a su alrededor de cuando en cuando.  Miradas rápidas y repetidas. Temerosas de cruzarse con alguien y que el mundo conociera su desdicha. Y esperanzadas en que ese mismo mundo no terminará por repudiarlo definitivamente. Pero por encima de todo, miradas cansadas. Cansadas de esperar quizás lo que en el fondo sabía que nunca iba a llegar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Acerqué mi mano al bolsillo, con la seguridad de que una vez alcanzada su posición, el desconocido de la silla de ruedas habría de pedirme dinero. Y dada su situación y la imagen que me ofrecía, no dude un momento en que así iba a ocurrir. Llegué a su altura y ralenticé el paso mientras el viejo hombre alzaba los ojos hasta mí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Joven, por un casual, ¿No tendrás un cigarro? —dijo con voz tranquila.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Lo siento, pero no fumo. —respondí yo, atolondradamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En ese momento, un camarero salió del interior de la cafetería y entregó una taza de café al hombre. El desconocido de la silla, le entregó un euro y le dio las gracias. Yo continué mi camino sintiéndome un tanto estúpido.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;color:#660000;"&gt;&lt;em&gt;Pasé el resto de la tarde acordándome del hombre en la silla de ruedas. Preguntándome si había actuado correctamente, o si por el contrario debería haber hecho algo más. Después como casi siempre suele suceder, terminé por olvidar la cuestión y me concentré en mis asuntos. Pero esa misma noche volví a verlo.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;color:#660000;"&gt;&lt;em&gt;No me apetecía cocinar, por lo que había decidido comprar comida para llevar y opté por un restaurante turco, abierto recientemente. Esperaba tranquilamente a que el chico del mostrador terminase de envolver el sabroso durum de ternera y el lamacum de pollo que había pedido, cuando me percaté de su presencia. En la semipenumbra de la noche, levemente iluminado por las luces de las farolas, tras los cristales de la fachada, con la mirada perdida en el interior del restaurante y observando a la gente en las mesas. Permaneció varios minutos viendo como charlaban, comían y reían, y después se marchó. Lo vi agachar tristemente la mirada y empujar las ruedas de su silla. Lo vi alejarse de allí, despacio. Vi a la gente pasar a su alrededor e ignorarlo. Como si cruzasen al lado de un trasto inútil o un mueble tirado porque ya no sirve. Se perdió en la oscuridad de la noche y ya no volví a verlo más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Ocho con cincuenta. —dijo el chaval del mostrador, mientras me ofrecía la bolsa con mi cena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pagué y salí de allí. El hambre me había abandonado, al igual que mi dignidad. Caminé hacia casa sabiendo que de los dos, el único remedo de ser humano, era yo.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="right"&gt;J. G. B. - Marzo, 2007&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/991238309014375768-682204562725911899?l=elhobbitdigital.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elhobbitdigital.blogspot.com/feeds/682204562725911899/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=991238309014375768&amp;postID=682204562725911899' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/991238309014375768/posts/default/682204562725911899'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/991238309014375768/posts/default/682204562725911899'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elhobbitdigital.blogspot.com/2008/02/el-hombre-en-la-silla-de-ruedas.html' title='El hombre en la silla de ruedas'/><author><name>Igner Eldar</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06973213028224561214</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://bp3.blogger.com/_zQAbf5MRF8c/R4LQgy2ww6I/AAAAAAAAAAc/R627XCW4jXI/S220/fotoperfil.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-991238309014375768.post-5328745112618356386</id><published>2008-02-07T16:56:00.000+01:00</published><updated>2008-02-08T02:59:49.725+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='hiperbreves'/><title type='text'>El hombre, el mejor amigo del perro</title><content type='html'>&lt;em&gt;&lt;span style="font-family:georgia;color:#660000;"&gt;Los cuartos traseros del pit bull se agarraron con fuerza sobre el arenoso camino de tierra. Las piedras sueltas no presentaron ningún problema para el animal, que las esquivó con facilidad. El perro dio un fuerte tirón y la correa se tensó aún más. El hombre que la sostenía, regordete, de pelo canoso y entrado en años, aceleró el paso para intentar mantener el veloz ritmo, corriendo tras él, sudoroso y cansado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El sendero ascendía por una empinada cuesta y volvía a descender tras un recodo. El perro tironeó con fuerza, deseoso de llegar a algún sitio en particular. El hombre, sujetaba la correa mientras hablaba al animal, intentando calmar su creciente excitación y con la intención de que éste redujera su velocidad. El chándal azul con rayas amarillas se pegaba a su cuerpo en algunos sitios, y el sudor era visible en las axilas, pecho y espalda. El perro dio otro fuerte tirón y el cansado deportista soltó la correa, sin fuerzas para correr tras él. Cuando el pit bull se vio libre, ascendió a toda velocidad por la cuesta. Llegó hasta arriba y miró hacia atrás, al tiempo que movía la cola, nervioso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hombre subió por el sendero despacio, respirando con dificultad. Se detuvo en un par de ocasiones para coger aire y en cada una de ellas, el perro ladró ansioso. Cuando tras varios minutos de descanso alcanzó la cima, pudo ver al otro lado un profundo barranco por cuyo borde transcurría el sendero. Miró al perro y se preguntó cuál sería la causa de que el animal hubiese elegido ese camino tan apartado de la ciudad. Se agachó a recoger la correa y el pit bull se separó unos metros de él. El hombre llamó al perro y caminó acercándose. El perro recorrió otro par de metros y se detuvo observando al confundido hombre. Éste, frunció el ceño y llamó al animal. Su llamada no obtuvo resultado alguno, por lo que el hombre volvió a acercarse hasta el obstinado perro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Siguieron de esta forma hasta hallarse junto al borde del barranco. Como en una especie de juego extraño y rocambolesco, en donde uno hacía las veces de perseguidor y el otro, de perseguido. El animal mantuvo al hombre ocupado de esta forma durante unos minutos más, y sin previo aviso, se lanzó a la carrera barranco abajo. Alcanzó el fondo unos segundos después, tras haber descendido por una inclinada cuesta, repleta de zarzas, matojos y peñas. Se movió presuroso entre las matas y comenzó a ladrar con fuertes y desaforados ladridos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hombre, que había visto descender al animal a toda velocidad, lo llamó por su nombre a gritos, le silbó, hizo aspavientos con los brazos y tan solo después de comprobar que el perro no le prestaba atención, supuso que entre los matorrales debía hallarse algo. Imaginando que quizás alguien pudiera encontrase herido en el fondo del barranco, decidió bajar hasta donde se hallaba el pit bull, para comprobarlo. Se acercó al borde y comenzó a descender despacio, con suma lentitud, con mucho cuidado para no tropezar y caer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El perro miró al hombre y vio que éste descendía lentamente por la inclinada ladera, por lo que lanzando furiosos ladridos, comenzó a escarbar en el suelo al pié de un espeso matorral. El hombre, impresionado por la furia descontrolada del animal, aceleró el paso, creyendo que allí abajo debía hallarse un herido y tuvo la mala fortuna de resbalar con una piedra suelta, cayendo por la empinada pared del barranco. Rodó varios metros, se golpeó con ramas, ortigas y piedras y cuando alcanzó el fondo del barranco, quedó tendido boca abajo. El perro detuvo su furiosa actividad y quedó estático, observando el cuerpo del hombre. Segundo más tarde, cuando el herido comenzó a moverse, el animal alzó la mirada hacia el borde del barranco y ascendió ligero hasta el sendero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El maltrecho hombre, se apoyó sobre un costado y emitió un sonoro quejido. Miró a su alrededor y tan solo pudo ver piedras y matojos. Intentó levantarse y un dolor lacerante recorrió su pierna derecha. Ésta se había roto por varios sitios. Intentó ascender la inclinada ladera a rastras, pero le fue imposible. Llamó al perro por su nombre sin obtener respuesta y por último lloró desconsoladamente, entre terribles accesos de dolor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El perro lo observó desde el borde del barranco y durante unos momentos a sus ojos asomó un atisbo de tristeza. Después, giró sobre sus patas y retomó el camino hasta la ciudad. A cada paso que daba, se decía a sí mismo que lo que acababa de hacer era necesario. Al fin y al cabo, su dueño había alcanzado una edad que no le permitía jugar como al principio y ya no le divertía como antaño. Ya tan sólo era una carga a la que dar compañía y que de cuando en cuando enfermaba. Por lo que sintiéndolo mucho, tan solo le quedaba la opción de abandonarlo y buscarse otro. Por otro lado, era algo habitual y ningún perro lo miraría con extrañeza o rechazo. Alzó las orejas, sonrió y aceleró el paso borrando de su memoria para siempre, el nombre y la cara de su anterior dueño.&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color:#660000;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;J. G. B. - Junio, 2007&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/991238309014375768-5328745112618356386?l=elhobbitdigital.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elhobbitdigital.blogspot.com/feeds/5328745112618356386/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=991238309014375768&amp;postID=5328745112618356386' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/991238309014375768/posts/default/5328745112618356386'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/991238309014375768/posts/default/5328745112618356386'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elhobbitdigital.blogspot.com/2008/02/el-hombre-el-mejor-amigo-del-perro.html' title='El hombre, el mejor amigo del perro'/><author><name>Igner Eldar</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06973213028224561214</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://bp3.blogger.com/_zQAbf5MRF8c/R4LQgy2ww6I/AAAAAAAAAAc/R627XCW4jXI/S220/fotoperfil.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-991238309014375768.post-702976721355213065</id><published>2008-02-07T16:54:00.001+01:00</published><updated>2008-02-08T02:59:36.357+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='hiperbreves'/><title type='text'>Ignoto</title><content type='html'>&lt;em&gt;&lt;span style="font-family:georgia;color:#660000;"&gt;De los olvidados de Dios nunca se dijo nada, nunca se escribió nada. Tan olvidados por el mundo, como por el creador que les concedió la chispa de la vida, pasan desapercibidos a los demás. Sólo algunas almas gemelas puede sentir su presencia, sólo algunas almas sensibles pueden captar su esencia. Vagan por el mundo en una sombra perenne, a la espera de que una luz los libere.&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-family:georgia;color:#660000;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;J. G. B. - En algún momento del 2001&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/991238309014375768-702976721355213065?l=elhobbitdigital.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elhobbitdigital.blogspot.com/feeds/702976721355213065/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=991238309014375768&amp;postID=702976721355213065' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/991238309014375768/posts/default/702976721355213065'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/991238309014375768/posts/default/702976721355213065'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elhobbitdigital.blogspot.com/2008/02/de-los-olvidados-de-dios-nunca-se-dijo.html' title='Ignoto'/><author><name>Igner Eldar</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06973213028224561214</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://bp3.blogger.com/_zQAbf5MRF8c/R4LQgy2ww6I/AAAAAAAAAAc/R627XCW4jXI/S220/fotoperfil.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-991238309014375768.post-6158430259361429050</id><published>2008-02-06T16:50:00.000+01:00</published><updated>2008-12-11T06:25:15.388+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='hiperbreves'/><title type='text'>¿Dónde anida la vida?</title><content type='html'>&lt;span style="font-family:georgia;color:#660000;"&gt;&lt;em&gt;¿Dónde anida la vida? ¿Dónde termina la muerte? ¿No son ambas, sino hermanas incestuosas que se disputan con saña, el cuerpo y el alma del ser amado? ¿No son así mismo, las dos caras de una misma moneda llamada destino, que durante un tiempo gira y gira hasta caer y mostrar su rostro? ¿Cómo retener el divino hálito que concede la gracia y el movimiento a un cuerpo? ¿Cómo retrasar la puntual visita de la oscura dama que llegada la hora, antes todos ha de venir? ¿Vive la vida en su propia esencia sostenida por el alma o camina la muerte junto a nosotros, hasta el día en que percibimos su presencia? ¿Es el cuerpo la preciada jaula de oro, en la que atrapamos la emplumada ave que con su trino nos sostiene? ¿Son sus barrotes nuestros brazos y piernas? ¿Es su alimento nuestra sangre? ¿Se alimenta la vida de nuestros recuerdos y de nuestros sueños o son nuestros fluidos y órganos los que la hacen real? &lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;color:#660000;"&gt;&lt;em&gt;Y si así fuera ¿No es entonces la vida, un paciente parásito que permanece en nosotros mientras le somos útiles? ¿No es por tanto, un desconocido ser que lentamente nos absorbe la esencia de lo que somos, hasta que vacíos nos abandona? ¿No es en definitiva un vampiro que bebe de nuestra sangre hasta quedar saciado? Si ésto así fuese, cabría pensar que la muerte no es sino lo que queda de nosotros cuando llegado el final, alcanzamos la libertad. Y si así lo decidiéramos, solo quedaría una pregunta por hacer &lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;color:#660000;"&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;color:#660000;"&gt;&lt;em&gt;¿Cuál es el objeto de continuar viviendo? &lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;color:#660000;"&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_zQAbf5MRF8c/R6y1txbec6I/AAAAAAAAAOA/HcuFOwAlhss/s1600-h/hoja_texto.gif"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5164702670654436258" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_zQAbf5MRF8c/R6y1txbec6I/AAAAAAAAAOA/HcuFOwAlhss/s320/hoja_texto.gif" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Reflexiones halladas en un papel, junto al cadáver de un suicida.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;color:#660000;"&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;J. G. B . En algún momento del 2001&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/991238309014375768-6158430259361429050?l=elhobbitdigital.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elhobbitdigital.blogspot.com/feeds/6158430259361429050/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=991238309014375768&amp;postID=6158430259361429050' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/991238309014375768/posts/default/6158430259361429050'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/991238309014375768/posts/default/6158430259361429050'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elhobbitdigital.blogspot.com/2008/02/dnde-anida-la-vida.html' title='¿Dónde anida la vida?'/><author><name>Igner Eldar</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06973213028224561214</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://bp3.blogger.com/_zQAbf5MRF8c/R4LQgy2ww6I/AAAAAAAAAAc/R627XCW4jXI/S220/fotoperfil.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_zQAbf5MRF8c/R6y1txbec6I/AAAAAAAAAOA/HcuFOwAlhss/s72-c/hoja_texto.gif' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-991238309014375768.post-4943466761432844124</id><published>2008-02-05T16:38:00.000+01:00</published><updated>2008-02-08T02:59:03.294+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='hiperbreves'/><title type='text'>La palabra viajera</title><content type='html'>&lt;em&gt;&lt;span style="font-family:georgia;color:#660000;"&gt;Existió una vez, una palabra viajera que recorrió el mundo de un extremo a otro. En cada lugar al que la palabra llegaba, visitaba las casas de los hombres presentándose. Cuando los hombres le preguntaban su nombre, la palabra respondía “soy la verdad”, y siempre que eso ocurría, los hombres se volvían serios y desconfiados, pues cada uno de ellos decía y aseguraba que la autentica verdad habitaba en su morada. Y así de esta forma la palabra viajera era expulsada de cada casa y de cada lugar. &lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-family:georgia;color:#660000;"&gt;En cierta ocasión, la palabra, cansada de vagar por el mundo, ascendió a lo alto de una montaña y allí encontró una humilde cabaña donde vivía un anciano pastor ciego. Cuando la palabra se presentó, el hombre quedó pensativo y después de meditarlo profundamente aseguró que aquello no era posible, puesto que la verdad vivía con él desde hacía muchos años. Y para que la palabra viajera pudiera comprobarlo, el anciano la invitó a pasar al interior de su hogar y junto al calor de la chimenea le dijo: &lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-family:georgia;color:#660000;"&gt;- ¿Ves esta silla que hay al lado de la chimenea, aquí junto a la ventana por la que cada mañana entra la luz del sol? Pues aquí sentada, se encuentra la verdad. &lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-family:georgia;color:#660000;"&gt;La palabra miró confundida a la silla, pues ésta se hallaba vacía, y tras unos instantes de indecisión tomo asiento. Después, el anciano se sentó en otro lugar de la estancia y esperó paciente. &lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-family:georgia;color:#660000;"&gt;Años más tarde, muchos hombres venidos desde distintos lugares del mundo, visitaban el hogar de un viejo pastor sabio para pedirle consejo. Pero sólo aquellos que no arrastraban a su autentica verdad de la mano, podían sentarse junto al fuego y descansar.&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;J. G. B. - Noviembre, 2006&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/991238309014375768-4943466761432844124?l=elhobbitdigital.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elhobbitdigital.blogspot.com/feeds/4943466761432844124/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=991238309014375768&amp;postID=4943466761432844124' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/991238309014375768/posts/default/4943466761432844124'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/991238309014375768/posts/default/4943466761432844124'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elhobbitdigital.blogspot.com/2008/02/la-palabra-viajera.html' title='La palabra viajera'/><author><name>Igner Eldar</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06973213028224561214</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://bp3.blogger.com/_zQAbf5MRF8c/R4LQgy2ww6I/AAAAAAAAAAc/R627XCW4jXI/S220/fotoperfil.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-991238309014375768.post-891862298411954134</id><published>2008-02-01T01:06:00.000+01:00</published><updated>2008-02-08T02:58:40.614+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='hiperbreves'/><title type='text'>El hombre que no tenía problemas</title><content type='html'>&lt;em&gt;&lt;span style="font-family:georgia;color:#660000;"&gt;Existió en cierta ocasión un hombre, que para protegerse de las dificultades de la vida, alejaba los problemas a base de pequeñas patadas. Conforme una traba surgía, ésta era automáticamente superada, de un manotazo o un puntapié. Algunas veces el hombre miraba al frente y veía como delante de él, a escasos metros, todos aquellos problemas que no había enfrentado, avanzaban al unísono formando una barrera cada vez más grande. De esta forma, caminaba en un estado irreal entre la felicidad más austera y la infelicidad más ostentosa, diciéndose a sí mismo, “mañana los resolveré”. Y cada vez que llegaba el día siguiente, se volvía a repetir la misma frase.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fueron pasando los años, hasta que una mañana, el hombre alzó la mirada y vio la suma de dificultades pasadas, no resueltas, que le esperaban en su futuro más inmediato. Miró entonces hacia atrás y encontró que su pasado estaba completamente vacío. Miró después en su interior, y solo halló tristeza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Supo entonces que había gastado la vida, dando patadas a problemas, hasta crear una gigantesca ola que un día se lo habría de tragar. Y que a diferencia del resto de los seres humanos, él ya no tenía tiempo para regresar atrás y resolverlos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se sintió solo, muy solo, y lloró. Después miró al frente, se levantó y continúo su triste y lento caminar, dando pataditas a una gigantesca y oscura montaña de contratiempos.&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color:#660000;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;J. G. B. - Enero, 2007&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/991238309014375768-891862298411954134?l=elhobbitdigital.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elhobbitdigital.blogspot.com/feeds/891862298411954134/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=991238309014375768&amp;postID=891862298411954134' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/991238309014375768/posts/default/891862298411954134'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/991238309014375768/posts/default/891862298411954134'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elhobbitdigital.blogspot.com/2008/02/el-hombre-que-no-tena-problemas.html' title='El hombre que no tenía problemas'/><author><name>Igner Eldar</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06973213028224561214</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://bp3.blogger.com/_zQAbf5MRF8c/R4LQgy2ww6I/AAAAAAAAAAc/R627XCW4jXI/S220/fotoperfil.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-991238309014375768.post-2274931608377582510</id><published>2008-01-10T15:49:00.001+01:00</published><updated>2008-12-11T06:25:16.609+01:00</updated><title type='text'>¿Y tú, a qué jugabas? Primera parte</title><content type='html'>Este año, los reyes magos me han traído un regalo inesperado. Se trata del juego de mesa &lt;em&gt;&lt;strong&gt;La fuga de Colditz&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_zQAbf5MRF8c/R4Y1xi2wxCI/AAAAAAAAAB8/qgK7a8yv4RE/s1600-h/bodegon%5B1%5D.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5153865948858467362" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" height="199" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_zQAbf5MRF8c/R4Y1xi2wxCI/AAAAAAAAAB8/qgK7a8yv4RE/s320/bodegon%5B1%5D.jpg" width="263" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Para aquell@s que no lo conozcan, se trata de un divertido juego de tablero editado en los años 80, cuyo objetivo es fugarse de una prisión nazi de alta seguridad. Dicha prisión existió en realidad, y fue el lugar al que enviaban a los más problemáticos oficiales aliados capturados durante la segunda guerra mundial.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estuve jugando durante el fin de semana pasado y debo reconocer que me volví a divertir como la primera vez. Ello hizo que volviesen a mi memoria las imágenes de otros memorables juegos que también marcaron una época en mi vida y que seguro que much@s de vosotr@s también conoceréis.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_zQAbf5MRF8c/R4Y39C2wxDI/AAAAAAAAACE/X5mYw3PhEdU/s1600-h/caja_front%5B1%5D.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5153868345450218546" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_zQAbf5MRF8c/R4Y39C2wxDI/AAAAAAAAACE/X5mYw3PhEdU/s320/caja_front%5B1%5D.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; &lt;strong&gt;&lt;em&gt;El secreto de monkey island&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt; &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;La primera vez que lo jugué fue allá por 1989, en un Commodore Amiga 500 (mítico ordenador) y a partir de ese día los juegos de ordenador se hicieron un hueco permamente en mi agenda lúdica. &lt;strong&gt;El secreto de monkey island&lt;/strong&gt; o simplemente &lt;strong&gt;monkey island&lt;/strong&gt;, como normalmente era conocido, fue la semilla de lo que posteriormente vendrían a ser las videoaventuras tal y como las hemos conocido. Tras esta primera entrega se sucedieron otras tres más, aunque salvo quizás la tercera, ninguna de las otras volvió a tener esa chispa tan especial.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Debo añadir además, que no entiendo cómo a estas alturas y dada la costumbre de llevar al cine los títulos más aclamados de la industria del videojuego, aún no se ha hecho ninguna película basada en éste.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_zQAbf5MRF8c/R4Y6eC2wxEI/AAAAAAAAACM/TRI0Offz8B0/s1600-h/dn3dbox225%5B1%5D.gif"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5153871111409157186" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_zQAbf5MRF8c/R4Y6eC2wxEI/AAAAAAAAACM/TRI0Offz8B0/s320/dn3dbox225%5B1%5D.gif" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Duke Nukem 3D&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Qué decir del gran &lt;strong&gt;Duke Nukem 3D&lt;/strong&gt;? Sencillamente supuso un antes y un después en el mundo de los juegos en 3 dimensiones. Adictivo y envolvente, rápido, casi frenético (a veces incluso te llegabas a marear), adelantado para su época (en el modo cooperativo podían participar hasta 4 jugadores en red). Aún recuerdo la primera vez que lo probé. Si la campaña era adictiva, más aún lo eran los mapas individuales en la modalidad Duke-Match (&lt;em&gt;the big city, EDF Base, Battlefield, Arena 3D, Congo 4&lt;/em&gt;, etc.). Resultaba emocionante saber que aquel sprite en baja resolución que se movía por la pantalla y te acribillaba a balazos, era tu colega de al lado que te dedicaba una muerte rápida con la mejor de sus sonrisas. Por no hablar de algún que otro pequeño bug, que provocaba que tu mejor misil atravesase el cuerpo de tu contrincante sin provocarle el menor daño. Fenómeno que curiosamente no se solía dar a la inversa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy en día y con toda la tecnología existente (motores 3D, shaders, DirectX, OpenGL, etc), cuesta encontrar títulos que sigan conservando esa chispa que el viejo &lt;strong&gt;Duke Nukem 3D&lt;/strong&gt; tenía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_zQAbf5MRF8c/R4Zf_C2wxFI/AAAAAAAAACY/Vg-KOGAJ8aU/s1600-h/cubierta%5B1%5D.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5153912360275067986" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_zQAbf5MRF8c/R4Zf_C2wxFI/AAAAAAAAACY/Vg-KOGAJ8aU/s320/cubierta%5B1%5D.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;strong&gt;Dungeons &amp;amp; Dragons&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;El juego de rol por excelencia. Decir rol es decir &lt;strong&gt;D&amp;amp;D&lt;/strong&gt;. La primera vez que oí hablar de él, me picó la curiosidad, cuando hojee el primer libro de reglas, decidí que quería probar, y cuando jugué la primera partida supe que no me cansaría de él jamas. Debo aclarar que siempre que he jugado a &lt;strong&gt;Dragones y Mazmorras&lt;/strong&gt; (que sería la traducción al español), lo he hecho como director de juego o Dungeon Master, como dirían los anglosajones. Y os puedo asegurar que no existe otro juego de rol, donde el creador de la aventura tenga tantos recursos y opciones como en éste. La lista de módulos (aventuras creadas por terceros) es enorme, aunque yo siempre he jugado con aventuras creadas por mi.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Algún día os contaré algunas de las "&lt;em&gt;imaginativas&lt;/em&gt;" soluciones que algunos de mis jugadores han utilizado en alguna partida y coincidiréis conmigo en que el razonamiento humano muchas veces brilla por su ausencia. Si queréis probar un modo de entretenimiento sano y divertido, que fomenta la sociabilidad, el intelecto, la imaginación, la cultura, y que os va proporcionar muchas horas de diversión, no lo dudéis, jugad a rol&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Existieron más, y en otra ocasión os hablare de ellos. Pero por no alargar más esta entrada la doy por finalizada&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un saludo y hasta pronto. &lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/991238309014375768-2274931608377582510?l=elhobbitdigital.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elhobbitdigital.blogspot.com/feeds/2274931608377582510/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=991238309014375768&amp;postID=2274931608377582510' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/991238309014375768/posts/default/2274931608377582510'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/991238309014375768/posts/default/2274931608377582510'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elhobbitdigital.blogspot.com/2008/01/este-ao-los-reyes-magos-me-han-trado-un.html' title='¿Y tú, a qué jugabas? Primera parte'/><author><name>Igner Eldar</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06973213028224561214</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://bp3.blogger.com/_zQAbf5MRF8c/R4LQgy2ww6I/AAAAAAAAAAc/R627XCW4jXI/S220/fotoperfil.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_zQAbf5MRF8c/R4Y1xi2wxCI/AAAAAAAAAB8/qgK7a8yv4RE/s72-c/bodegon%5B1%5D.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-991238309014375768.post-8524144988671475343</id><published>2008-01-10T13:47:00.000+01:00</published><updated>2008-02-08T02:58:25.617+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='hiperbreves'/><title type='text'>La solicitud</title><content type='html'>&lt;em&gt;&lt;span style="color:#660000;"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;El funcionario observó con desprecio al hombrecillo al otro lado del mostrador. Lo había visto deambular durante los últimos tres días, de despacho en despacho y de ventanilla en ventanilla. Vestido con un pesado abrigo, arrastraba una vieja maleta agrietada que mantenía cerrada con varios cordeles anudados. Lo había visto llegar cada día, con esa expresión lastimosa y avergonzada que tanto odiaba, con la mirada atada a los cordones de sus gastados zapatos y el pelo arremolinado sobre la frente. Lo había visto dirigirse a otros compañeros de la Delegación, con una voz intermitente, con la garganta muda por la desesperación y los ojos acuosos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Dios, cómo odiaba a esa gente! ¡Cuánto asco podía sentir cuando alguno de ellos se acerca hasta él! Había ocasiones en las que incluso llegaba a asfixiarse con el salado tufo de su sudor. ¡Para él, no había duda, eran gente mediocre e inferior!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El funcionario se ajustó las lentes sobre el puente de su nariz con un leve movimiento de la mano derecha. Miró al hombrecillo que tenía frente a él y en un claro gesto de desaprobación, le devolvió el documento que segundos antes le había presentado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No puedo darle el visto bueno, puesto que su solicitud no está en regla, dado que contiene errores de forma. —indicó sin dar más detalles. Y acto seguido dejó de prestar atención al recién llegado, para retomar su lectura del periódico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hombrecillo de la maleta cogió el papel sin entender las palabras del funcionario y permaneció un instante con la mirada perdida. Después, volvió a tender el documento hasta el responsable del mostrador. El funcionario levantó la vista por encima de las gafas y miró desafiante al individuo que lo molestaba desde el otro lado. Sostuvo de esta forma la mirada, hasta que el dueño de la maleta agachó la cabeza y se marchó. Llevando en una mano sus pertenencias y en la otra, la solicitud rechazada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Otro responsable de la Delegación que pasaba en ese momento junto al mostrador, vio al hombre de la maleta salir del edificio y pregunto con interés&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿No es ese hombre, el emigrante que lleva tres días a la espera de un visado?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Cuál? ¿El de la maleta? Si, es él. Pero no tenía la documentación en regla. —respondió tranquilamente el funcionario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿En serio? Pero si ha pasado el pobre por todos los despachos de esta Delegación. ¿Cuál era el fallo en su solicitud?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Uno muy grave. Escribió Delegación sin acento.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color:#660000;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;J. G. B. - Mayo, 2007&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/991238309014375768-8524144988671475343?l=elhobbitdigital.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elhobbitdigital.blogspot.com/feeds/8524144988671475343/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=991238309014375768&amp;postID=8524144988671475343' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/991238309014375768/posts/default/8524144988671475343'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/991238309014375768/posts/default/8524144988671475343'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elhobbitdigital.blogspot.com/2008/01/de-administraciones-funcionarios-y.html' title='La solicitud'/><author><name>Igner Eldar</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06973213028224561214</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://bp3.blogger.com/_zQAbf5MRF8c/R4LQgy2ww6I/AAAAAAAAAAc/R627XCW4jXI/S220/fotoperfil.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-991238309014375768.post-7465119512139988948</id><published>2008-01-10T02:35:00.000+01:00</published><updated>2008-02-07T16:32:54.238+01:00</updated><title type='text'>Bienvenid@s</title><content type='html'>En efecto, porque este es el inicio, y como inicio, sed bienvenid@s.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya estoy aquí. Por fin me he decidido y he creado mi propio blog. Después de visitar una infinidad de páginas personales y una larga lista de blogs, después de imaginar qué contenido incluir y qué forma dar al envoltorio, me he liado la manta a la cabeza y me he puesto manos a la obra. &lt;em&gt;¡Que Dios me pille confesado o en su defecto recién comido!&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bromas aparte, inauguro por fin el que espero sea, un pequeño rincón, al que tú querid@ visitante estarás siempre invitad@. Un digitalizado pedazo de papel, en el que cada tanto en cuanto, iré escribiendo palabras y frases, inconexas unas y ordenadas otras, que a modo de radiografía del alma, servirán para mostrarme ante ti.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A buen entendedor no hacen falta palabras, y entre las líneas de lo que ha de ser escrito, dejaré gran parte de lo que pienso y lo que soy. Este es mi propósito y como tal, espero llevarlo a buen puerto. Si no fuese así, querid@ visitante, te ruego tengas paciencia y seas indulgente con éste, tu anfitrión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y como no quiero demorarme más y ya es hora de dejar por escrito algo de lo anunciado, te saludo de nuevo y quedo a la espera de tu pronta visita.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un saludo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/991238309014375768-7465119512139988948?l=elhobbitdigital.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elhobbitdigital.blogspot.com/feeds/7465119512139988948/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=991238309014375768&amp;postID=7465119512139988948' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/991238309014375768/posts/default/7465119512139988948'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/991238309014375768/posts/default/7465119512139988948'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elhobbitdigital.blogspot.com/2008/01/bienvenidos.html' title='Bienvenid@s'/><author><name>Igner Eldar</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06973213028224561214</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://bp3.blogger.com/_zQAbf5MRF8c/R4LQgy2ww6I/AAAAAAAAAAc/R627XCW4jXI/S220/fotoperfil.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry></feed>
