La solicitud

El funcionario observó con desprecio al hombrecillo al otro lado del mostrador. Lo había visto deambular durante los últimos tres días, de despacho en despacho y de ventanilla en ventanilla. Vestido con un pesado abrigo, arrastraba una vieja maleta agrietada que mantenía cerrada con varios cordeles anudados. Lo había visto llegar cada día, con esa expresión lastimosa y avergonzada que tanto odiaba, con la mirada atada a los cordones de sus gastados zapatos y el pelo arremolinado sobre la frente. Lo había visto dirigirse a otros compañeros de la Delegación, con una voz intermitente, con la garganta muda por la desesperación y los ojos acuosos.

¡Dios, cómo odiaba a esa gente! ¡Cuánto asco podía sentir cuando alguno de ellos se acerca hasta él! Había ocasiones en las que incluso llegaba a asfixiarse con el salado tufo de su sudor. ¡Para él, no había duda, eran gente mediocre e inferior!

El funcionario se ajustó las lentes sobre el puente de su nariz con un leve movimiento de la mano derecha. Miró al hombrecillo que tenía frente a él y en un claro gesto de desaprobación, le devolvió el documento que segundos antes le había presentado.

—No puedo darle el visto bueno, puesto que su solicitud no está en regla, dado que contiene errores de forma. —indicó sin dar más detalles. Y acto seguido dejó de prestar atención al recién llegado, para retomar su lectura del periódico.

El hombrecillo de la maleta cogió el papel sin entender las palabras del funcionario y permaneció un instante con la mirada perdida. Después, volvió a tender el documento hasta el responsable del mostrador. El funcionario levantó la vista por encima de las gafas y miró desafiante al individuo que lo molestaba desde el otro lado. Sostuvo de esta forma la mirada, hasta que el dueño de la maleta agachó la cabeza y se marchó. Llevando en una mano sus pertenencias y en la otra, la solicitud rechazada.

Otro responsable de la Delegación que pasaba en ese momento junto al mostrador, vio al hombre de la maleta salir del edificio y pregunto con interés

—¿No es ese hombre, el emigrante que lleva tres días a la espera de un visado?

—¿Cuál? ¿El de la maleta? Si, es él. Pero no tenía la documentación en regla. —respondió tranquilamente el funcionario.

—¿En serio? Pero si ha pasado el pobre por todos los despachos de esta Delegación. ¿Cuál era el fallo en su solicitud?

—Uno muy grave. Escribió Delegación sin acento.

J. G. B. - Mayo, 2007


¿Qué decir de mi? Aprendiz de todo y maestro de poco. Aquí os dejo una pequeña muestra de lo que soy. Leves retazos de lo que me llena y lo que me inspira. Lo demas, aquello que es obvio, lo descarto por no ser de especial interes, ni para mi, ni para los que por aquí se dejan caer.

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