-¡Me agobias! ¡Échate a un lado! –Se quejó ella.
Él la miró de medio lado y frunció el ceño. Giró la cabeza a la izquierda y se resignó a pasar otra tarde más, repleta de quejas y rechazos. Desde hacía algún tiempo, el humor de su compañera había ido de mal en peor. Y sus constantes reproches le hacían temer lo evidente. Quizás después de todo, aquella relación estaba destinada al fracaso, y antes o después tendrían que seguir caminos separados.
-Tenerme cerca, nunca había supuesto un problema.
-Las cosas han cambiado –sentenció ella-. Tengo mis necesidades, siento que me falta el aire, que mi espacio vital apenas si alcanza para contenerme. Necesito libertad. Algo que tu no pareces entender.
-Estábamos bien juntos. –terció él, mientras hundía la cabeza entre las manos y sollozaba en silencio.
Ella lo miró, con dureza al principio y con ternura después. Sintió la tristeza que embargaba el corazón de su compañero y recordó el pasado. Los momentos vividos junto a él. Las veces que habían acurrucado sus cuerpos, el uno junto al otro. Los instantes alegres y los tristes. Rememoró el camino recorrido y sintió que llegado el día de la separación, su libertad habría de tener un cierto regusto amargo. Puso su mano derecha sobre la frente de él y lo acarició suavemente.
…
Fuera, el doctor terminó de auscultar a la mujer y guardando el estetoscopio en su maletín, dijo sonriente.
-No tiene porque preocuparse, su embarazo marcha como debe. Y no haga planes para el fin de semana que viene, puesto que si todo continúa igual, tiene una cita con dos bebes. Una preciosa niña y un apuesto niño. Sus hijos.
Cuestión de espacio
Publicado por
Igner Eldar
sábado, 9 de febrero de 2008
J. G. B. - Junio, 2007
Etiquetas: hiperbreves
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