Existió en cierta ocasión un hombre, que para protegerse de las dificultades de la vida, alejaba los problemas a base de pequeñas patadas. Conforme una traba surgía, ésta era automáticamente superada, de un manotazo o un puntapié. Algunas veces el hombre miraba al frente y veía como delante de él, a escasos metros, todos aquellos problemas que no había enfrentado, avanzaban al unísono formando una barrera cada vez más grande. De esta forma, caminaba en un estado irreal entre la felicidad más austera y la infelicidad más ostentosa, diciéndose a sí mismo, “mañana los resolveré”. Y cada vez que llegaba el día siguiente, se volvía a repetir la misma frase.
Fueron pasando los años, hasta que una mañana, el hombre alzó la mirada y vio la suma de dificultades pasadas, no resueltas, que le esperaban en su futuro más inmediato. Miró entonces hacia atrás y encontró que su pasado estaba completamente vacío. Miró después en su interior, y solo halló tristeza.
Supo entonces que había gastado la vida, dando patadas a problemas, hasta crear una gigantesca ola que un día se lo habría de tragar. Y que a diferencia del resto de los seres humanos, él ya no tenía tiempo para regresar atrás y resolverlos.
Se sintió solo, muy solo, y lloró. Después miró al frente, se levantó y continúo su triste y lento caminar, dando pataditas a una gigantesca y oscura montaña de contratiempos.
El hombre que no tenía problemas
Publicado por
Igner Eldar
viernes, 1 de febrero de 2008
J. G. B. - Enero, 2007
Etiquetas: hiperbreves
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