Hijos del crepúsculo

La figura se movió con agilidad entre el amasijo de cables que recorría el estrecho conducto de ventilación por el que trepaba. En un instante concreto detuvo la marcha y observó con atención el exhaustivo holomapa, que otros como él habían elaborado de las entrañas del edificio. Estudió los gráficos con detenimiento y tras varios minutos más de ascenso, encontró la derivación que andaba buscando. Abandonó el oscuro túnel por el que había penetrado y se adentró por un viejo y maltrecho pasillo lateral que conducía hasta la fachada Sur del gigantesco rascacielos. Avanzó con cautela y poco después llegó hasta una sucia zona acristalada desde la que se disponía de una imponente vista de la ciudad. A los pies del edificio y extendiéndose sobre el horizonte, un negro océano de construcciones de acero y cemento se alineaba entre torres de suministro eléctrico y depósitos de almacenamiento. Sobre él, la oscuridad de un plomizo cielo sin estrellas, arropaba bajo un manto de miedo y opresión al mundo que aún sobrevivía debajo.

La figura extrajo un pequeño cilindro del interior de la mochila que portaba y lo depositó en el suelo. Pulsó un sensor alojado en la base del mismo y esperó paciente, Sabía que en ese mismo instante, en algún lugar del edificio, su presencia había sido detectada y una alarma indicaba sus coordenadas concretas. El cilindro se abrió dejando ver en su interior un extraño mecanismo en movimiento y una estrecha línea de leds rojos que se iban apagando en una rítmica secuencia. La figura cerró los ojos y musitó una simple plegaria. Instantes después, una cegadora luminosidad precedió a la devastadora explosión que redujo el edificio a cenizas y arrasó varios kilómetros cuadrados de la imponente urbe.

Cuando treinta años atrás, la Gran Guerra terminó, las tres cuartas partes de la humanidad habían desaparecido. El bando vencedor impuso su ley y el mundo, o lo poco que quedaba de él, se reconstruyó en torno a grandes ciudadelas conocidas como ciudadesestados, gobernadas con fiereza por caciques que se autoproclamaron emperadores de su porción de mundo. Fuera de ellas, la radiación, las enfermedades y la devastación cubrían la superficie del planeta. Los perdedores fueron arrojados a ese lugar y allí hubieron de sobrevivir sin esperanza. Algunos continúan la lucha desde la clandestinidad, como sombras que acechan para saltar sobre el enemigo desde un mundo muerto. A esos pocos se les conoce como los Hijos del Crepúsculo.


J. G. B. - Julio, 2007


¿Qué decir de mi? Aprendiz de todo y maestro de poco. Aquí os dejo una pequeña muestra de lo que soy. Leves retazos de lo que me llena y lo que me inspira. Lo demas, aquello que es obvio, lo descarto por no ser de especial interes, ni para mi, ni para los que por aquí se dejan caer.

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