-Le encuentro un tanto dubitativo, querido amigo. Espero que no haya cambiado de opinión desde nuestra última charla.
-No sé que decirle. No es por nada en especial, créame. Tan solo…, bueno, en fin, supongo que todos sus anteriores clientes habrán tenido alguna duda al llegar a este punto. Pero el caso es que… ¿Y dice que este es el documento reglamentario? La verdad, esperaba algo con más color. ¡No me malinterprete, que éste está muy bien! Pero si le soy sincero suponía que esto sería más ceremonial y solemne.
-Puede estar seguro que el documento que tiene entre sus manos es un contrato de transferencia en toda regla. En cuanto a la solemnidad y demás cuestiones, hemos preferido adaptarnos a los tiempos modernos. Ya sabe, Internet, la televisión digital terrestre, las videoconsolas, y todo eso. No voy a negarle que a veces hecho de menos los viejos métodos, pero qué se le va hacer. Hay que estar con los tiempos modernos.
-Bueno vale, supongo que todo esto será lo adecuado, y como decía mi abuelo, bien está lo que bien acaba.
-No le quepa duda. En su caso particular, este acuerdo es el idóneo para sus intereses personales. No sé si habrá leído la página doce, en relación a su lista de derechos y la duración tácita de los mismos. En todo caso y para refrescarle la memoria, le recuerdo que al firmar nuestra solicitud de admisión, usted entra a formar parte de un selecto y escogido grupo de afortunados. Y créame que cuando digo afortunados, es por que lo son. Dinero, posición social, la mejor atención sanitaria y la mejor compañía femenina. ¡Ah! Veo por su expresión que eso le ha gustado. Querido amigo, puedo asegurarle que no encontrará pelirrojas como las nuestras. ¡Y qué decir de las rubias! Sencillamente, faltan palabras para describirlas. ¡Pero no sea tímido hombre, y échele un vistazo al catalogo! Entre usted y yo, y si me permite la sugerencia; las morenas en ligero que salen en la página veintidós son la crem de la crem.
-Si, si, ya veo ¡Vaya por Dios, qué delanteras! ¡Oh, pero que malhablado soy, disculpe la expresión!
-¡Nada, nada, no se preocupe que le comprendo! Eso es por la emoción. Y ahora que ya ha visto que en nuestra organización todo son ventajas, aquí tiene mi pluma y si es tan amable de firmar bajo la línea de puntos, donde pone su nombre, estaremos encantados de servirle.
-Una última cuestión relativa al coste, antes de firmar ¿Se puede pagar a plazos?
-Me temo que no, mi ingenuo amigo. El pago es único con vencimiento a veinte años tras la firma. Lo habitual en estos casos.
-¿A veinte años? En ese caso no diga más y traiga aquí esa pluma. ¡Ea, ahí lo tiene, firmado y rubricado!
-Correcto, señor mío. El acuerdo está cerrado. Puedo asegurarle que durante el plazo del mismo no tendrá queja alguna de nuestros servicios. Y después de él, estaremos encantados de cobrarle el correspondiente pago.
-Con respecto a esa cuestión, he de confesarle algo. Según mi médico, el tumor cerebral que me diagnosticaron hace seis meses acabará conmigo en algo menos de tres años. Tiempo que pienso vivir a cuerpo de rey a costa de su organización. Pero como podrá imaginar, me va a ser imposible efectuar el pago dentro de veinte años ¡Entre otras cosas porque estaré muerto! ¡Vaya putada, eh!
-En absoluto caballero. Nuestra moneda de cambio no es el dinero y dado que las almas no tienen fecha de caducidad, estaremos encantados de recibirle entre nosotros antes de lo esperado. En el fondo nos ha ahorrado usted mucho tiempo y esfuerzos. Sea pues bienvenido a Inferno S.A.
El contrato
Publicado por
Igner Eldar
domingo, 10 de febrero de 2008
J. G. B. - Julio, 2007
Etiquetas: diálogos , hiperbreves
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